Anibal Durán
Anibal Durán

Trapos sucios

En Brasil parece que reaccionaron y ya no quieren más hipocresía y corruptela. Ignoro si mañana ganará Bolsonaro (tampoco es santo de mi devoción), pero millones de personas en Brasil han dicho basta ante tanto desparpajo.

Seguramente no sean ni misóginos, ni homofóbicos, ni siquiera de derecha, ni menos aún defiendan la tortura. Pero ante una izquierda incapaz de corregir sus errores y de hacer autocrítica, ante una izquierda corrupta desde Lula para abajo, los brasileños se han cansado. Sin olvidar la inseguridad en la cual viven. Es decir, el triunfo de Bolsonaro —de darse— es culpa de la propia izquierda que se cree omnipotente, dueña de la verdad y que cualquier idea que no se condice con lo que piensan, ya es desatendida, radiada y el interlocutor es un facho sin remedio.

Es que están acostumbrados a tratar a la gente como manada. Prohibido pensar, prohibido disentir y además eso permitirá tener la ayuda estatal.

El voto hacia Bolsonaro tal vez no sea un voto de derecha, pero sí un voto antiizquierda, anticorrupción. Como pasó en Argentina cuando ganó Macri.

A este las cosas no le han rodado bien y se habla del retorno de Cristina. ¿Quién lo dice? La masa, aquellos que llevan como ganado en un camión para vitorear su nombre a cambio de vituallas y tarifas subsidiadas, como sucedió. Todo lo atinente a Cristina además de ser corrupto es antidemocrático. Basta escuchar a la señora de Bonafini, que amparada en su desgracia personal (pérdida de dos hijos), se cree que tiene patente de corso para decir lo que se le venga en gana y todo atinente a la no construcción de una República.

Sucede que se viene produciendo un permanente desencanto hacia la democracia y eso conlleva un gran número de riesgos. La corrosión de los valores cívicos que nos permiten convivir en libertad y respeto y la predisposición a caer seducidos por los cantos de sirena de los gobiernos de mano dura, son muy graves.

Pero es precisamente gracias a la democracia lo que ha permitido que tantos escándalos se destapen, como ha sucedido aquí con Pluna, la regasificadora, Ancap, los negocios con Venezuela, el Fondes (pese a que en muchos de estos no se ha permitido nombrar una comisión investigadora).

Sin la libertad de prensa (imperfecta en algunos lados) y expresión de los sistemas democráticos, sin la existencia de grupos de oposición y sin la libertad que tienen las organizaciones de la sociedad civil para funcionar y manifestarse, estos escándalos no habrían salido a la luz.

Esto a pesar de algunos políticos, que se deben a la democracia pero que seguramente hubieran preferido una sociedad menos fiscalizadora. Afortunadamente no contaban con el poder suficiente para amordazarla.

Guste o no, la tendencia a la corrupción es parte de la naturaleza humana. Pero eso no justifica la corrupción de políticos, empresarios y autoridades, y nos pone en el contexto correcto para valorar la democracia y las instituciones que permiten investigar, denunciar, juzgar y eventualmente condenar a quienes estén envueltos en actos de corrupción.

Todavía hay gente que piensa que un gobierno de mano dura, sacrificando libertades y derechos básicos, puede poner fin a la corrupción estatal. Todo lo contrario. Los gobiernos autoritarios son el caldo de cultivo para la corrupción y los manejos bajo cuerda. Sin libertad para investigar y denunciar, sin instituciones que garanticen un debido proceso y sin estructuras de contrapeso al poder político, la corrupción tiene vía libre.

Todo lo que ha salido a la luz en los últimos tiempos en América Latina, es una señal que permite ser cautamente optimistas. Los mecanismos democráticos que sobreviven en nuestros países han permitido que se expongan y se procesen.

Al final ante tanto desencanto, uno está reclamando credibilidad a la oferta política. Ni que hablar, honradez (ya no es superabundante decirlo), pero además de ello que no se mienta más, que no se juegue con la gente que "en manada" se traga todos los cantos de sirena que les venden y a veces basta con vestir desalineado, pronunciar mal las palabras y vivir con cierta austeridad para que ya la gente "se coma la pastilla".

Alguien deberá explicar a "esa manada" que ya no hay tiempo de comerse más pastillas.

Que ya el Estado está sobredimensionado y la piola tensa se va a rajar…

Y así se van los jóvenes preparados de este país, con pasaje de ida. Dios dirá si hay retorno.

Estamos en un cruce de caminos y debemos comenzar a intentar conciliar formas y estilos de vida. Que van desde la consolidación de una República hasta garantizar libertad y tolerancia, seguridad para las personas y propuesta de trabajos dignos.

Todos los días nos pasan videos de motos con malandras que arrebatan carteras, lesionan personas, sabedores que esas actitudes forman parte del paisaje. Y todavía objetan una Guardia Nacional que colabore con la policía…

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