Anibal Durán
Anibal Durán

Talvi

Emergió en política de la nada misma (salvo por el apuntalamiento que le había dado el presidente Batlle años antes) y se consolidó en el Partido Colorado, ganándole la interna al presidente Sanguinetti.

Pero repasemos brevemente la historia. Cuando Ernesto Talvi presidía Ceres (Centro de Estudios de la Realidad Económica y Social), se dedicó allá por el año 2015, 16 y 17 a recorrer el país a impulso individual y con una pléyade de jóvenes que lo rodeaban, para hablar de educación. Ni la economía ni la política estaban en sus planes. Iba a lugares humildes esencialmente e interactuaba con la gente. Tenía su programa de los 136 liceos que los coordinaría el plan Ceibal, además de tres centros de rehabilitación modelo de adolescentes infractores en Florida, Canelones y Montevideo.

Pero al margen del contenido del programa y de sus charlas, está el tiempo que el ciudadano Talvi dispuso para la causa. No hablamos de dinero: cualquier persona medianamente generosa mete la mano en su bolsillo y no le cuesta nada sacar un billete para una buena causa. Mucho más ejemplarizante es disponer del tiempo de uno para una causa superior.

Eso habla de generosidad, de hombría de bien, de pensamiento en el país.

Vengamos más para acá. Lo seducen al excanciller e incursiona en política. Atrás quedaba un puesto de relevancia en la dirección de Ceres, donde seguramente ganaría un importante emolumento, dejaba cargos académicos en la Universidad de Columbia en Nueva York y la Universidad de Chicago. Tal vez se me escape alguna presea más.

E incursionó en política. En el métier, un aprendiz. Y allí fue ganando adeptos con un discurso que generaba credibilidad, ganó las internas y se quedó con la mayoría del Partido Colorado.

Una prosa del columnista de este diario Francisco Faig, del pasado 5 de julio, se ocupa del “precipicio” de Talvi y narra con precisión un cúmulo de errores en que incursionó el excanciller. Prosa compartible casi en su integridad, porque narra con objetividad los hechos.

Recuerdo que le escribí un chat a Talvi haciendo alusión a la citada columna, donde agregaba que la compartía casi totalmente, exhortándolo a que era buena cosa hacer un acto de contrición y repensar lo actuado para darse cuenta de errores cometidos, como la salida intempestiva de la Cancillería.

Me contestó con proverbial amabilidad, agradeciendo mi gesto en dicho momento tan delicado para él y se despidió con calidez. Lejos de plantear su encono por lo que yo había expresado ni refutar la columna de Faig; por lo menos no me lo hizo notar.

Se dice que no tuvo “boliche político” y de allí el cúmulo de equivocaciones que pudo haber cometido. Seguramente se equivocó en reiteración real. Todo es compartible en la medida que haya respeto por su persona.

¿Ninguno de los políticos avezados se ha equivocado en política? Empezamos a contar... por favor. Recordar el adagio bíblico, “el que esté libre de culpa…”

Ignoro si Talvi abordará el Senado de la República, abogo porque así sea.

De ninguna manera podemos lapidar a un novel político porque haya cometido errores de estrategia. ¿Y saben por qué no hay que lapidarlo?: por la sencilla razón de que Talvi vale la pena.

¿El Uruguay se puede dar el lujo de prescindir de una figura como él, con su talento, con su hombría de bien, con sus contactos a nivel internacional? Sin olvidarnos de la exitosa gestión que tuvo al frente de la Cancillería en el breve lapso que actuó.

No dudo un ápice que Ernesto Talvi será un fiel escudero del gobierno de coalición desde el cargo que ocupe, ya lo ha dicho y será un soporte de mayor valor para el gobierno de Lacalle Pou.

Está en una etapa de reflexión según ha manifestado y conjeturar qué hacer con su destino político.

En una breve digresión, eligió muy bien el Presidente a su sustituto. Además de todo su expertise en el métier, reconocido, Francisco Bustillo es un hombre de bien.

Estamos en un verdadero cruce de caminos como país. Tenemos un prestigio internacional basado sustancialmente en el control de la pandemia y en la apuesta a la libertad responsable a la que apeló en decisión solitaria el Presidente Lacalle Pou y la razonabilidad de la gente que le respondió.

Vaya que necesitaremos aunar esfuerzos de aquí en adelante y poner pensamiento precisamente en la gente que menos tiene. Y preservar a los empresarios que son los que aportan empleo genuino al país y que por fortuna el gobierno lo tiene bien claro.

Y ante esta incertidumbre voraz, denme a un Talvi, lúcido, patriota, vinculado y bien nacido.

La experiencia no son las cosas que le pasan a uno sino cómo uno reacciona ante las cosas que le pasan. No dudo que Talvi aprendió la lección y volverá por sus fueros.

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