Anibal Durán
Anibal Durán

Sentido de la dignidad

La introducción venía por otro lado, pero hechos vergonzantes de estas últimas horas referidos a servidores públicos, me hicieron variar la pisada.

Yo creo que estamos tan acostumbrados a la penumbra y falta de transparencia, que todo lo absorbemos sin cuestionarlo demasiado.

Debe ser una impronta de estos lares. Cuesta creer que en la Argentina, la señora ex presidente sospechada de cuanta causa se puede ocurrir, siga teniendo chance de ser presidente, con un desprecio palmario hacia lo que es la moral y las buenas costumbres. Todo vale…¡total?

Estos servidores públicos que han protagonizado accidentes automovilísticos producto de la ingesta de alcohol, deberían ser radiados como bien hizo el Partido de la Gente con el senador Daniel Bianchi y como tendría que haber hecho el Partido Nacional en su momento con el legislador Ezquerra y ahora con el edil que volcó su auto. El senador Bianchi que no se sabe a esta altura a qué partido pertenece, su origen es colorado, impertérrito manifiesta que permanecerá en la banca. De Ripley.

¿Cuántas comisiones investigadoras impidió el partido de gobierno, porque no dio sus votos? Trapisondas, olores fétidos, negociados , "el señor de la derecha"… ¿hasta cuándo nos van a tomar por zonzos? ¿Cuál es el límite? Estamos perdiendo el sentido de la dignidad, todo lo relativizamos, los hechos pasan, se cuestionan en su momento y después ya son parte del paisaje público.

Además la apatía política es tan grande y el desconcierto más aún, que todo se puede hacer a sus anchas favoreciendo actitudes que muchas veces no se compadecen con el sentido común y peor aún, con la probidad.

Por suerte la prensa y no las redes sociales, cumplen su tarea con el profesionalismo requerido. Vaya que son cuantiosas las notas en este matutino y también en colegas, denunciando sin miramientos hechos que no se compadecen por lo pronto con las buenas costumbres.

Comenzamos con la recta final del tiempo electoral y vaya que en declaraciones políticas falta magnanimidad y las diatribas van de un lado hacia otro, queriendo menoscabar al adversario político, sin ningún sustento.

Aquí hay problemas endémicos con un lastre que se desparrama a toda la sociedad y quedan en estado accesorio, ante lo baladí, el buscar desprestigiar al adversario político sin medir consecuencias.

Una interesante nota de Luis Romero Álvarez en El Observador, donde apunta a los problemas de envergadura que tiene el país y que ya causa hastío mencionar, rescata además con buen tino, algo medular: el deterioro en nuestros valores, la hostil convivencia que tenemos, la falta de respeto hacia el prójimo, es decir la ausencia de decoro de la cual se hace gala cotidianamente. Y el citado articulista se pregunta si habrá retorno a viejas costumbres de paz, seguridad, buena escolaridad, adhesión al trabajo (cuántas generaciones se están formando sin ver a sus progenitores trabajar) y todos los ítems de cordura que quieran imaginar.

Es medular: ¿será irreversible la recuperación de las buenas costumbres que nos caracterizaban? ¿Podremos volver a tener algún día una convivencia respetuosa? ¿Seremos capaces "los que quedamos" —emigran a raudales los jóvenes preparados—, de cambiar la postura y transformar pensamientos trasnochados( que hacen del encono, la trapisonda y la falacia, un modus operando común y corriente) por virtuosos?

Todo un desafío para la dirigencia política que no tiene el derecho de malgastar su tiempo en nimiedades inconducentes, buscando sacar rédito con el ciudadano de pensamiento sin contenido o aquél que simplemente, es indiferente a todo lo que suceda en su derredor.

Está claro que la gente está hastiada de la política y si las buenas intenciones que también las hay, no se traducen en hechos, seguiremos en una bajada cuyo final será estrepitoso.

Magnanimidad y actitud, elevar las miras, otear el horizonte y que se refleje en el mismo: cambiar drásticamente la educación, dar seguridad a los ciudadanos (algunos critican la reforma que impone la creación de una Guardia Nacional por innecesaria... cuando no se puede salir a la calle y la inseguridad nos hace rehenes del miedo), que la productividad no sea pura retórica, dejar de lado atavismos ideológicos que impiden censurar a dictaduras según el signo político que tengan, insertarnos con sentido común en el mundo, "aligerar el peso estatal" para entre otras cosas, atraer inversiones y todas las asignaturas pendientes que aún tenemos, todo ello con buena fe y sentido de la dignidad.

Qué no nos vendan cantos de sirenas y agendas de gobierno, interminables. Hay aspectos esenciales y sobre esos hay que exponer, con claridad conceptual y luego, con logros.

Es perentorio, al menos para mí, justificarle a mis hijos que se deben quedar en este país. Pero no me dejen sin argumentos: todavía espero a la "madre" de todas las reformas… prometida en el 2005 y reiterada en 2010.

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