Anibal Durán
Anibal Durán

Principio de la cosa

Imbuidos del espíritu navideño, nos pareció pertinente no abocarnos a plantear reivindicaciones de clase alguna y abordar otros aspectos, que como dice el título creemos que es el comienzo de todo país que piense alcanzar el desarrollo.

Esta transición luce correcta en el mano a mano del Presidente y el Presidente electo, pero luego surgen elementos que la hacen ríspida.

Pero vayamos a lo medular. Me refiero a las relaciones humanas, porque precisamente son los hombres y mujeres quienes toman decisiones, asumen responsabilidades, esperemos que bien inspirados/das.

Yo podré tener en mi equipo al “Messi” del tema que sea. Pero si dicho ciudadano/a talentoso/a, no posee hombría de bien, entonces todas las virtudes a mediano o largo plazo se tronchan y lo que parecía un camino virtuoso, se convertirá en todo lo contrario.

Entonces prefiero a alguien de menor calidad que “Messi”, pero que tenga valores, buena fe, empatía con la gente, incluso sea líder. Con esa clase de ciudadanos se trabaja en armonía, con civilizados disensos, pero en paz y con confianza.

Tendremos a un ciudadano que ya es un líder como futuro Presidente. El líder es tal, porque se ganó la confianza de la gente, porque posee hombría de bien y porque deberá tomar decisiones. Lacalle Pou se ganó la confianza de los demás partidos políticos, los de la oposición que hicieron causa común con la necesidad del cambio de gobierno.

El líder más que controlar, que también lo debe hacer, debe inspirar. La tarea de los líderes es despertar posibilidades en otros. Es acicatear a los integrantes de su gobierno, al pueblo, es otorgarle confianza y que la misma sea de ida y vuelta. En definitiva el buen líder no brilla, hace que brillen los demás.

El líder apuntalará valores que debemos rescatar y luego preservar.

Así nos referimos a la tolerancia; tolerar no es compartir. La tolerancia es una manera de convivir independiente de las ideas que se agiten en el escenario de la convivencia.

Tolerar no es transigir; el que transige se pliega a ideas que no compartía.

Nos ocupamos del respeto; el respeto es por encima de todo una noción moral. La persona sin otra consideración adjetiva, solo por el hecho de serlo, es acreedora a un título de respeto sin discriminación de ninguna causa específica, de ninguna relación particular. El respeto debe considerarse como una contribución forzosa, ininterrumpida y permanente, que los hombres se deben entre sí.

El mundo sufre una pérdida de cortesía, un déficit de buenos modales que el líder deberá restaurar.

¿Qué decir de la educación ? No repetiremos conceptos de gente idónea. Simplemente diremos que la educación reclama entre nosotros una rectificación de rumbos. Esa rectificación debe apuntar a colocarla frente a dos realidades: la que deriva de la capacitación práctica del hombre para la conquista de un bienestar material y lo prepara en cuanto instrumento de producción y la que mira al hombre en sí mismo como valor sustancial, empeñándose en integrarlo como ser inteligente y sensible, capaz de reacciones morales, capaz de percibir en la vida de relación el equilibrio necesario entre los derechos que se proclaman y los deberes que se tienen, capaz de moverse y actuar subrayando las exigencias que lo enfrentan con su fin último.

“Solo los educados son libres” dijo un griego Sabia expresión.

Seguramente la educación no produce mejores individuos en forma automática, pero lo hace con mucho más frecuencia que la estupidez y el egoísmo que surgen de la falta de conocimiento y el empobrecimiento del intelecto.

Refirámonos a la democracia como un valor a preservar. Al decir de Giovanni Sartori, la democracia es una gran generosidad, porque para la gestión y la creación de la buena ciudad confía en sus ciudadanos. Pero se constata que los ciudadanos no participan, no se informan, muchas veces ni van a votar y eso hace decir al citado Sartori “que la democracia está potencialmente en peligro.”

Pero hagamos un distingo: diferenciar a la máquina de los maquinistas. La máquina (la democracia) es lo que mejor se ha inventado para permitir al hombre ser libre y no estar sometido a la tiranía de otros hombres. El problema son los maquinistas, los hombres, que imbuidos de soberbia y altanería ponen en riesgo esta máquina con más de dos mil años.

La vida de relación plantea un clima que es necesario encarar como de recíproca situación de servidumbre moral, donde la libertad humana queda limitada a cuanto no atente ni directa ni indirectamente a desorientar los rumbos de la conciencia ajena.

Este país necesita paz, la paz del alma, la armonía interior, que los hombres la consiguen con sólo mostrarse fieles a si mismos.

Ojalá el año que comienza nos ilumine y comencemos a transitar el camino del virtuosismo. Ha nacido un líder, determinante para conocer el éxito.

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