Anibal Durán
Anibal Durán

De paz y esperanza

A días de la noche buena y Navidad, no pretendo incursionar en temas de fondo o reivindicaciones sustantivas, ya que tenemos el espíritu imbuido del festejo navideño y del próximo descanso en época estival.

Entonces me gustaría incursionar en aspectos más propicios para la época como referirme a la esperanza y aguardar que la paz se instale definitivamente en nuestros corazones.

La esperanza se funda en una convicción: la que dice que la adversidad, por más que hoy pretenda paralizarnos y nos dañe, no tiene ni tendrá la última palabra.

La esperanza es empeño convertido en acto. La misma puede ser reconocida allí donde el desencanto ya ha desbaratado una expectativa o donde nada indica que pueda haberla y aún tras el golpe más cruento que parece haberlo echado todo a perder. La esperanza consiste en ocupar los sitios donde nada en apariencia, la invita a florecer. Constituye un gesto de indignación y afirmación ante los horizontes que se dicen clausurados o ante la obstinación con que se presenta la pesadumbre.

Así, quiero centrar mi esperanza en que un aspecto que hace a nuestra cultura, cambie…: la mentada retórica (el arte del buen decir), debe comenzar a desfallecer. Si concretáramos todo lo que se transmite a tambor batiente, iríamos en camino de ser un país desarrollado. Ejemplo de retórica sobre temas medulares : no es serio hacer toda la pantomima ante la sociedad, sobre acuerdos en distintos aspectos y después todo eso queda en agua de borrajas. Recuerdo el año 2010 donde se firmaron documentos, gobierno y oposición sobre seguridad, educación, medio ambiente, energía. No quiero emitir opinión categórica sobre medio ambiente y energía porque sería temerario, pero sobre educación y seguridad, padecemos sus carencias día a día. A vía de ejemplo, en vez de tanta vocinglería ¿por qué si la experiencia sobre el liceo Jubilar es fantástica no se reproduce? Cómo otros tantos liceos de similares características. Si el Estado no puede aportar educación en forma debida, delegue a privados el tema, por lo menos parcialmente. En la seguridad, los recursos están pero los resultados son nefastos. Sería recurrente fundamentar por qué el Ministro Bonomi y el Lic. Vázquez, deberían haber dejado sus cargos hace mucho tiempo. Somos retóricos en temas de infraestructura y no hay resultados; o la manida reforma del Estado, donde ya el desencanto se ha instalado en la sociedad, después de manosear el tema en forma irresponsable. El fracaso no estriba en que se llegue o no a las metas relativas a que se apuntó; el fracaso está en no emprender la marcha, en no decidir el rumbo; el fracaso está en la vanidad que encierra el temor de no triunfar. Lo dicho trae de la mano la carencia de humildad. Falta de humildad en el gobierno pero en casi todo el sistema político. La humildad vive de cuanto reconoce que le falta; la humildad coloca al hombre en permanente alerta sobre sí mismo, lo incita a una constante introversión, lo convierte en objeto de su propia facultad de crítica. La humildad agranda al que la siente, lo saca de su marco haciéndolo rebosar sus dimensiones.

Me da esperanza un episodio, el cual me comprende en las generales de la ley. Lo cierto es que el domingo pasado en el Cerro, se encontraron los Presidentes de Rampla y Cerro en un evento de una radio de la zona y ambos posaron juntos. Pero no solamente eso, que debería ser normal, sino que el Presidente de Rampla sostuvo en sus manos la camiseta de Cerro y la novel Presidente de Cerro (primera dama en ser electa Presidente de una institución), tomó en sus manos la camiseta de Rampla. Enorme señal para la sociedad y para dicho barrio, lleno de contrastes, donde predomina la gente honesta y trabajadora, que convive con delincuentes que hacen del delito su razón de vida (con la droga jugando su papel).

Decía que la anécdota me comprendía en las generales de la ley: soy socio de Rampla desde mi nacimiento y además el Presidente, es mi hijo.

Se toma como verdad incontrastable, que la esperanza es esencial para la vida. ¿Cómo sería la vida si no tuviéramos esperanza, creer que las cosas solo pueden empeorar, esperar el fracaso, anticipar la derrota ? No lo podemos concebir.

Claro, si uno escucha a la Ministro Cosse diciendo que ni Cuba ni Venezuela son dictaduras (precandidata del FA) y al diputado oficialista Groba, pretendiendo que el Estado dirija los destinos de todo (instalaría una dictadura…), la esperanza se marchita y se nos estruja el alma.

Guardo la esperanza de que tengamos paz, como sociedad. La paz es la condición necesaria para la educación y las artes y la formación de relaciones humanas. La paz le brinda a la sociedad un tiempo para reflexionar, que es cuando la mayoría de las cosas buenas tienen su comienzo. Abogar por la misma es un imperativo moral impostergable.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados
Te recomendamos
Max caracteres: 600 (pendientes: 600)