Anibal Durán
Anibal Durán

Hombre en apuros

Todo debería tender a un equilibrio y no excedernos cuando viene una corriente donde pareciera que mirar a una dama bonita es damnificar su honor.

Viene a cuento por una nota de Joaquín Pérez Azaustre, escritor español, refiriéndose sobre el particular y que me permito parafrasear en algún aspecto e incluir puntualizaciones novedosas.

Denigrar la moral de un hombre es muy sencillo: no será necesario episodios de sangre, ni agresiones físicas de por medio. Tampoco hará falta una denuncia. Bastará verter sobre su imagen la sospecha de maltratador, acosador o violador.

Cualquiera de estas conductas son harto condenables. Difícilmente un hombre medianamente ético pueda soportar la imagen que le devuelve el espejo, si cometió alguna tropelía de las nombradas.

En su intimidad, su conciencia deberá pasarle factura permanente. “La conciencia es el verdugo de los hombres de bien” dijo alguien.

Precisamente como estos hechos son funestos, bastará vincularlos con un rostro, con una persona para lapidarla y para que la sociedad lo declare un paria sin remedio. Será indiferente si no hay pruebas o si nadie presenta una denuncia, ya está declarado culpable sin alternativa.

Y si luego se descubre que fue montada una farsa, que se creó una suerte de parodia en torno al caso, se cayó en suposiciones que no se confirmaron, ya será tarde, quedará grabado a fuego el nombre de dicha persona con el mote de “culpable”, impregnado en un rostro que tendrá una identidad demolida.

Ha tomado noticia por estas horas que fue denunciado el tenor Plácido Domingo. Solo una dama aporta su nombre, la cantante mezzosoprano Patricia Wulf. Nueve mujeres anónimas, sin rostro, dan testimonio de la insistencia del cantante en seducirlas o buscar sexo con ellas.

Claro está y nos ilustra Pérez Azaustre, el comunicado de Domingo es confuso, porque da margen para la duda. Asegura que siempre creyó que sus relaciones eran consensuadas y considera inexactas las acusaciones contra él. Plácido Domingo tiene derecho a la presunción de inocencia aunque su comunicado no sea muy feliz, pero donde rechaza los hechos que se le imputan. Tampoco aquí hay pruebas pero ya tiene a la “hinchada” en contra.

Ya se sabe que le han cancelado conciertos en Filadelfia, entre otras desventuras. Han argumentado que se necesita un entorno solidario, seguro y respetuoso apropiado para la orquesta y el personal, para el público y la comunidad. ¿Se dan cuenta la gravedad de la situación? Ya han declarado culpable a Plácido Domingo y la convivencia con él se torna peligrosa. Una carrera de casi cincuenta años se marchita por suposiciones, por querer enlodar la imagen de una persona en forma gratuita.

El actor Morgan Freeman también fue acusado de acoso sexual. Tampoco aparecieron pruebas, pero la arremetida del #MeToo podía con todo y por ejemplo la tarjeta VISA canceló su contrato de publicidad con el actor como consecuencia de las acusaciones. Luego se descubrió que todo había sido un montaje de una periodista de CNN, creando falsas evidencias para acusar a Freeman. A sus 80 años, el actor quedó moralmente abatido, salpicado de tanto escarnio y falsedad en su derredor, pese a que se probó su inocencia. Pero siempre queda en el colectivo imaginario un atisbo de duda. Y dicha situación se paga con la condena social, con el dedo índice acusador siempre presto a endilgar responsabilidades, sin conocer algún acto de contrición.

Viniendo a nuestro país, le tocó el turno a El Gucci, cantante notorio cuya situación fue ta-pa de diarios durante días. Escenario también na-da transparente, con la diferencia que el pasado año se le empezó a denostar por las redes, por estos temas de acoso y fue el propio artista que fue a la Justicia (era la víctima en definitiva) quien no solamente le dio la razón sino que además hubo retractación de la joven que lo acusaba.

Pero quedó la imagen incrustada en la conciencia ciudadana y Fabiana Goyeneche y el intendente Di Candia, hicieron caudal de ello. Y ante la propuesta que una lista del Frente Amplio le hiciera para que adhiriera y a la que El Gucci se avenía, todo se derrumbó cual castillo de naipes, que incluso determinó la mediación del candidato Daniel Martínez sugiriendo también que el artista se bajara. Primero lo avaló y ante la insistencia de opiniones en contra, le bajó el pulgar. Se puso en el tapete nuevamente un tema que ya estaba laudado, investigado y cerrado.

El cerno de la cosa es no aceptar la condena previa del hombre por su género. Es una suerte de linchamiento desembozado en que se prejuzga con total liviandad y se traslada a un derrotero de frustración y condena moral, cuando muchas veces las pruebas no aparecen y las suposiciones, que son solo eso, cobran relevancia, en forma injusta y lapidaria.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados
Max caracteres: 600 (pendientes: 600)