Anibal Durán
Anibal Durán

Yo firmo...

Vaya que sí. Es sabido que el sector de Jorge Larrañaga, Alianza Nacional, impulsará una serie de reformas que se necesitan para enmendar la Constitución. 

Para que ese procedimiento sea válido se necesita previamente contar con 280.000 firmas… Bueno, harán falta 279.999 porque la mía hay que darla por descontada.

La idea central apunta hacia un solo lado: basta de medias tintas para tratar con los delincuentes. Basta del sonsonete vacuo de que hay que ser pacientes con quienes tuvieron una infancia desgraciada. Dato de la realidad, puede ser, pero en el ínterin nos copan, nos matan, nos hurtan, nos intimidan, nos quitan la libertad. Porque eso es lo que sucede: estamos maniatados, vivimos atemorizados, llevamos a nuestros hijos al lugar de destino cuando antes lo hacían por sus propios medios.

Somos renuentes a dejar nuestro hogar solo; vamos caminando y miramos hacia atrás de soslayo... ¿Estaré forjando el guión de un thriller o estaré diciendo cosas que pasan en la vida cotidiana?

Por Dios. Y andan con pruritos porque se quiere sacar una Guardia Nacional a la calle, para complementar la tarea policial. Y obviamente no quiere decir militarizar a la policía. Sería un trabajo complementario, donde la Guardia Nacional tendría una función disuasiva y obviamente habría mucha más presencia de las fuerzas del orden, patrullando las calles.

El personal castrense seguirá dependiendo del Ministerio de Defensa Nacional. ¿Pero no llamamos a los militares para custodiar las fronteras, incluso en zonas rurales cerca de aquellas o los perímetros de las cárceles o incluso para sacar la basura, como ha sucedido?

Dejémonos de pamplinas y accionemos. Algunos grupos del oficialismo temen por la presencia de los militares, pero bien que abogan por ellos y su actitud totalitaria en otros países, donde la democracia es pura retórica: tal vez Cuba o Venezuela sean un buen ejemplo.

Allanar hogares por la policía previa orden judicial, tal vez ayude al combate al tráfico de drogas. Hoy no es posible ¿No vale la pena el intento ante el objetivo a perseguir? Tal vez se erre el bizcochazo en más de una oportunidad, pero por lo menos sabrán los delincuentes que no están protegidos de un posible allanamiento nocturno y pondrán las barbas en remojo.

Otra disposición tiene que ver con el cumplimiento de la pena, cuando la condena sea por homicidio muy especialmente agravado, rapiña, secuestro, violación, narcotráfico y copamiento. Ni libertad anticipada ni descuentos de pena. Ignoro si los autores de estos delitos se pondrán a pensar en que deberán cumplir toda la pena antes de cometer la fechoría, pero efectuada esta, cero clemencia. Antes de pensar en el malhechor, pensemos en quien fue la víctima que sufrió el secuestro o simplemente, arruinándole la vida, la violaron o lo violaron porque ya ni distinguen.

Finalmente otra medida tiene que ver con la prisión permanente revisable que tengo entendido existe en algunos países. En estos casos quien cometiera determinados delitos graves podrían estar por el resto de su vida en la cárcel y su situación sería analizada a los 30 años de estar en prisión por una junta técnica asesora y por la Suprema Corte de Justicia, a la que le correspondería determinar si la persona puede reinsertarse en la sociedad. Puro sentido común ¿o queremos liberar a alguien, cuando se tiene constancia de que no se ha recuperado y volverá a las andadas?

Lamentablemente en este país, accionamos mucho por acto reflejo y vemos quién toma la iniciativa para proceder o no. El cálculo político nos gana la pulseada y como la ideología nos domina, si quien propone no nos representa, por más que coincidamos en varios aspectos, le damos la espalda a las propuestas.

Todavía falta que las tilden de… derecha. Estamos en un punto sin retorno.

Días atrás el Inspector Layera dijo unas cuan-tas verdades y entre ellas que temía que en el día de mañana los marginales fueran más que las personas honestas. Ignoro a qué se refiere con mar-ginales: el diccionario dice que actúan fuera de las reglas sociales admitidas. Entonces no nos forjemos solo el estereotipo del delincuente que vemos retratado en las cámaras, con casco, jogging y campera deportiva; ese juega, pero también juega el delincuente de cuello blanco, que hace tra-pisondas con otro nivel intelectual, por ser bien gráficos.

Al contrario de otros progenitores que me consta instan a sus hijos a emigrar, yo abogo porque mi descendencia y mis nietos, aquí permanezcan en la medida de que puedan vivir con dignidad. Ni dinero a raudales, ni grandes lujos, ni placeres mundanos infinitos. Dignidad refiere sobre todo a riqueza espiritual, que obviamente debe ir acompañada de necesidades básicas cubiertas.

Y para todo ello, debemos vivir en paz. Por supuesto, empecemos con educación, tan descarrilada y complementemos con seguridad. Sin medias tintas, sin cortapisas, sin claudicaciones.

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