Anibal Durán
Anibal Durán

Credibilidad en harapos

A mí me parece y no busco generalizar, que parte del espectro político vive en su chacra, cobran su emolumento, hablan muy bien para los noticieros y prensa escrita y no tengo claro cuánto les importa la suerte de sus compatriotas

A veces la banalidad del diálogo es tan supina, que uno queda rumiando y masticando bronca porque diera la impresión que no conocen la realidad. Por supuesto que todos pregonan que visitan hasta los lugares más recónditos de la República, pero lo cierto es que en términos generales la gente no vive con dignidad, o por el hacinamiento de la vivienda, o por las carencias en infraestructura, o por la magra potencialidad del empleo, o por la pésima educación que nos rige desde hace lustros. Y para no abundar en la seguridad, donde la permanencia de Bonomi solo se explica por un capricho perverso del gobierno, con la particularidad que ha erosionado la calidad de vida de toda la población (aquí no hay clase social que se haya salvado del delito).

Esto lo escribo, sin perjuicio de que lo vengo pensando, cuando concurrí días atrás a un asentamiento en Carrasco Norte y allí los vecinos me decían que la suerte de ellos está librada a la mano de Dios y que a los políticos nada les importa.

Claro, uno nota el contraste: el político debería estar en su metier para intentar que la gente viva mejor y con mayor dignidad. Ese debería ser el norte diario, la causa de sus desvelos y su forma de encarar las cosas. El que busca medrar con la política debe ser radiado hasta por sus propios compañeros. Aquel que falta, aquel que hace trapisondas, aquel que miente a sabiendas, aquel que actúa con mala fe…, ese sujeto erosiona la confianza del sistema y complica al resto.

Pero sucede lo contrario: la anécdota sobre Envidrio es patética, corrupta, lastimosa, engañosa y de una hipocresía sin límites. Y además, José Mujica en vez de condenar con drasticidad el hecho, se dedicó a justificarlo porque allí estaba y está comprometido su correligionario Placeres. Esas actitudes son las que causan hastío y a mí me da la impresión que la gente ya no las tolera más. Los Bolsonaro no son producto de la casualidad; son producto de la izquierda corrupta y carente de autocrítica en Brasil y de la inseguridad rampante que dramatizó la calidad de vida de la gente y el PT barriendo por debajo de la alfombra, desconoció la realidad.

Excepto los dogmáticos, esos que votan a su partido sin excusas de ningún tipo, creo que se acrecienta el número de votantes que necesitan un plus, que no pasa por hablar bonito y por hacer promesas que son música para los oídos. Y ese plus se llama confianza, se llama credibilidad, se llama basta de encubrimientos entre compañeros, basta de frenar comisiones investigadoras. No me extraña la posición oficialista porque cubren a todos sus camaradas, buscando cobijar con un manto de honestidad, actitudes que no se sostienen más. Eso es tomarle el pelo a la gente y a sus votantes. Pero en la votación por la regasificadora, hubo tres legisladores no oficialistas que no entraron a sala, no permitiendo el pase del tema a la justicia. Total desprecio por su función.

Para completar este magro panorama, el Latinobarómetro manifestó que en nuestro país cada vez hay más gente que descree de la democracia (cruje el alma de solo leerlo), y que además la cantidad de uruguayos que piensa en emigrar es mayor que en 2002.

Un informe realizado por la Consultora Equipos manifiesta que un 29% de los uruguayos está dispuesto a emigrar. Son jóvenes de buen nivel educativo, algunos profesionales, agarran sus petates y sacan pasaje de ida, obviamente al mundo desarrollado.

¿Ante esta realidad, qué se hace? ¿Ante cientos de miles de personas que ganan un salario que ronda los 20.000 pesos, hay algún atisbo de reacción? Se acrecentó el número de gente que vive en asentamientos, donde en su mayoría son retoños, pese a la bonanza de más de una década. Ni hablemos de la deserción estudiantil, donde los ñeri ya tienen su propio idioma que cuesta descifrar. La situación carcelaria es oprobiosa y de allí nadie sale reeducado; prueba de ello es que más del 60% una vez que salen, reinciden.

¿Se entiende mi inquietud? ¿Los políticos intentan que la gente viva mejor, por lo menos, con acciones cotidianas que les permitan un mínimo decoro?

Y como colofón, la ominosa contracumbre en Buenos Aires, carente de autocrítica, donde la corrupción por un lado y la desastrosa gestión por otro, son protagonistas de la telenovela y los exgobernantes rasgándose las vestiduras, contra el capitalismo. Qué tupé…

En 11 países latinoamericanos hay gobernantes o presos o sospechosos de corrupción. Aquí renunció el vicepresidente. Sin perjuicio de la atrofia moral, se burlan de la gente.

Decía el periodista Traverso al final del noticiero: “así está el mundo, amigos”. Agrega el columnista Durán: “pobre mundo”.

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