Anibal Durán
Anibal Durán

Acto de contrición

Aunque las denuncias sobre hechos y actos de corrupción suelen hacer hincapié en números y cifras, estos son apenas los síntomas de un fenómeno cuyas raíces resultan mucho más profundas. La corrupción es un fenómeno moral antes que económico.

Aunque las denuncias sobre hechos y actos de corrupción suelen hacer hincapié en números y cifras, estos son apenas los síntomas de un fenómeno cuyas raíces resultan mucho más profundas. La corrupción es un fenómeno moral antes que económico.

El Presidente de un país que no puede explicar cómo su patrimonio creció en forma superlativa durante su mandato, está haciendo algo mucho peor que obtener beneficios de su cargo. Lo mismo ocurre con funcionarios de menor rango que se quedan con parte de los fondos destinados a determinadas obras o servicios públicos o jueces que manipulan leyes a favor de delincuentes. Esa corrupción de mandatarios y funcionarios es siempre criminal. Toda esa masa monetaria que no está en donde naturalmente debería estar y se encuentra en cuentas y bolsillos indebidos, toda esa transgresión impune de leyes y deberes es más que una travesura, es más que la viveza de un delincuente. Son muertes. Muertes en hospitales que no reciben los medios económicos necesarios para el equipamiento que les permita cumplir su función. Muertes en carreteras obsoletas y perimidas, verdaderas rutas asesinas, que no reciben ni mantenimiento ni mejoramiento ni extensión. Son muertes porque asesinos y ladrones anestesian con dinero a policías y jueces que dejan a las víctimas (ciudadanos de a pie) librados a su suerte en medio de un vendaval de violencia e inseguridad.
Con todo este despilfarro de la bendita ANCAP…¿cuántas escuelas se hubieran levantado o cuántos hospitales se hubieran remodelado o cuántas ambulancias para el interior se hubieran comprado ?

Este tipo de situaciones (Pluna, Ancap) afectan a la vida del conjunto, hacen que todos vivamos avergonzadamente, el descrédito levanta vuelo, la confianza queda erosionada y la frase que trepida cotidianamente, “los políticos son todos iguales”, vuelve a ser moneda corriente.

El asunto sobre ANCAP parece que derivará en la justicia; pero supongamos que no hay mala fe de nadie sino negligencia en la gestión. Porque por lo menos eso hay: no se gestionó debidamente ANCAP sino no pasaría lo que pasó. Entonces nuevamente nos encontramos con designaciones en los entes de gente que no está capacitada para dirigir y se le premia con un cargo donde la diligencia para ejercerlo no se pudo constatar.

Por eso ante estas situaciones debemos rebelarnos y lejos de cruzarnos de brazos, se debe inquirir.

Hay que persistir en una conducta moral. Debe ser un faro esperanzador a pesar de todos los nubarrones éticos que la circundan. Las actitudes contestatarias ante hechos por lo pronto, irregulares, son protagonizadas por héroes morales que ante preguntas de la vida, optan. Vivir con valores no es una experiencia inalcanzable

¿La corrupción de un país es achacable solo a las conductas y a la palpable inmoralidad de sus dirigentes, desde el Presidente para abajo ? Pensarlo así luce ingenuo, simplificador o irresponsable. No se llega a grados de corrupción nada más que por la acción de unos pocos canallas. Así como una metástasis compromete al final a la totalidad del organismo en el que se manifiesta, es la sociedad en su conjunto la que crea y mantiene las condiciones para que el fenómeno de corrupción, exista.

La moral no es una abstracción celestial, no está confinada a ser etérea materia prima de sermones religiosos, no es cuestión de unos pocos ni, mucho menos, es una cuestión prescindible. Es un hilo que teje nuestras acciones y que nos liga al mundo y a la sociedad en la que vivimos. Cuando el hilo se corta, la vida colectiva se torna una guerra cotidiana, los campos de cooperación y encuentro se transforman en espacios de confrontación y egoísmo y la vida de todos se hace difícil, hay que invertir tiempo y energías para intentar restaurar las cosas.

Ya conocemos que Ancap se capitalizará y que no rodarán cabezas. Cuesta entender…; pero no podemos dejar estas situaciones libradas a fuegos de artificio. El primer interesado en que se dilucide la verdad debería ser el Presidente Vázquez, porque es vital depurar, ya sea por gestiones negligentes ya sea por actitudes deshonestas. Parecería que está primando el afecto partidario y el amparo al “ compañero progresista”. Nuestro subdesarrollado está precintado, lamentablemente; dar un buen ejemplo en estos casos, contribuiría a flexibilizarlo…

Finalmente, sería buena cosa que imbuido del espíritu navideño, alguien hiciera un acto de contrición y dijera…”fui yo…”.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados