Andrés Oppenheimer
Andrés Oppenheimer

Traidor de Venezuela

Hay una gran falencia en la posición común del presidente Donald J. Trump, la Unión Europea y los países más grandes de América Latina, de no reconocer los resultados del fraudulento proceso electoral para las elecciones del 20 de mayo en Venezuela: la falta de una denuncia explícita a la candidatura del supuesto líder opositor Henri Falcón.

Falcón, el mayor traidor del momento en Venezuela, podría llegar a darle una cuota de credibilidad a las elecciones presidenciales más tramposas en la historia reciente de Sudamérica. A menos que las democracias occidentales lo denuncien explícitamente como un impostor, un número de venezolanos más grande de lo esperado podría votar por Falcón, e inadvertidamente darle un barniz de seriedad a la farsa electoral que promueve Nicolás Maduro.

Falcón es un exgobernador del estado de Lara que rompió filas con el régimen de Chávez allá por el 2010 y más tarde se convirtió en el jefe de campaña de la coalición opositora Mesa de Unidad Democrática (MUD) en las elecciones de 2013.

Pero recientemente, cambió de bando nuevamente. Justo cuando sus excompañeros de la MUD, la Organización de Estados Americanos, Estados Unidos, México, Brasil, Argentina y prácticamente todos los demás países latinoamericanos decidieron denunciar los comicios del 20 de mayo, Falcón anunció su candidatura presidencial para competir contra el dictador venezolano Nicolás Maduro.

Las elecciones del 20 de mayo, tal como están, son un chiste: Maduro ha prohibido a los líderes de la oposición competir contra él, ha inhabilitado a los principales partidos de oposición del país y se ha negado a permitir el funcionamiento de un tribunal electoral independiente.

Pero en un país que está sufriendo uno de los peores colapsos económicos del mundo en la historia reciente, y donde las encuestas muestran que el 80 por ciento de la población quiere que se vaya Maduro, la desesperación podría llevar a muchos venezolanos a votar por el mal menor.

Todo el mundo sabe que a Falcón no se le permitirá ganar. Incluso Smartmatic, la compañía de máquinas de votación automáticas que supervisó las elecciones venezolanas durante gran parte de la era chavista, se retiró del país el año pasado, diciendo que el gobierno estaba alterando los resultados electorales.

Ahora, todo indica que Maduro inventará un resultado electoral que lo mostrará ganándole a Falcón por un pequeño margen, para que parezca una elección competitiva propia de una democracia. Maduro espera que un resultado apretado le dé al menos a algunos países un pretexto para seguir haciendo negocios con su dictadura.

¿Por qué se postularía Falcón, sabiendo que no lo dejarán ganar?, le pregunté a varios líderes opositores.

Me respondieron que Falcón aprovechó el boicot generalizado de la oposición a los comicios para posicionarse como el líder de la oposición elegido por Maduro. Falcón espera que, a medida que el colapso económico de Venezuela se vuelva insostenible, Maduro eventualmente convocará a un "gobierno de unidad nacional" y lo invitará a ocupar un cargo de importancia.

"Falcón se ha convertido en la oposición oficial", me dijo Julio Borges, líder del partido opositor Primero Justicia. "Lo está haciendo para su propio beneficio personal".

Falcón cuenta con el apoyo de algunos tenedores de bonos de Wall Street, que están ansiosos por tener un amigo en un potencial "gobierno de unidad nacional", que esperan garantice los pagos de la deuda venezolana. El principal asesor económico de Falcón es el economista graduado de Harvard Francisco Rodríguez, de Torino Capital, una firma de inversiones de Nueva York especializada en América Latina.

Los defensores de Falcón dicen que la oposición venezolana no puede cometer el error que cometió en 2005, cuando boicoteó las elecciones legislativas y permitió que Chávez obtuviera el control absoluto del Congreso.

Pero, a diferencia de 2005, el boicot actual de la oposición venezolana es respaldado públicamente por todas las principales democracias del mundo. Es una diferencia clave. Nunca antes Maduro había estado tan aislado y tan presionado para postergar su elección y convocar a una votación libre, justa y creíble.

Para evitar que Falcón le dé cierta legitimidad al fraudulento proceso electoral de Maduro, las democracias occidentales deberían decirle explícitamente a los votantes venezolanos que la candidatura de Falcón es un engaño, y amenazar con imponerle sanciones financieras al candidato a menos que se retire de la contienda. No se debe permitir que Maduro se salga con la suya con esta farsa electoral.

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