Andrés Oppenheimer
Andrés Oppenheimer

La era del desencanto

La semana pasada, escuché una frase que me dejó pensando: “América Latina ha sido el continente de la esperanza, y el continente de la frustración”. La frase, dicha por el expresidente chileno Sebastián Piñera, no podía ser más oportuna en momentos en que gran parte de la región enfrenta una tormenta económica y una nueva era de desencanto.

La semana pasada, escuché una frase que me dejó pensando: “América Latina ha sido el continente de la esperanza, y el continente de la frustración”. La frase, dicha por el expresidente chileno Sebastián Piñera, no podía ser más oportuna en momentos en que gran parte de la región enfrenta una tormenta económica y una nueva era de desencanto.

Los países sudamericanos, que disfrutaron de una fiesta en los últimos años gracias a los altos precios mundiales de las exportaciones de materias primas, se encuentran de repente afectados por la desaceleración de China, la caída de los precios de las materias primas, una huida de los inversionistas y un dólar fuerte que hace que sus importaciones de productos manufacturados del primer mundo sean más caras.

Para complicar aún más las cosas, Brasil, el motor económico de muchos de sus países vecinos, sufre una de sus peores crisis económicas y políticas de su historia reciente, en medio de una serie de escándalos de corrupción gubernamental.

Por primera vez en los últimos 25 años, con la sola excepción del 2009, el crecimiento económico de América Latina en su conjunto podría ser negativo este año.

¡Qué diferencia con los titulares sobre la región que veíamos hasta hace poco! Tan recientemente como a finales de 2009, la revista The Economist llevaba un artículo de portada bajo el titular Brasil despega. Tan solo en 2012 The Economist proclamó, en otro artículo de portada, “El ascenso de México”.

Argentina crecerá un anémico 0.7% este año. Y en Venezuela, el presidente Maduro logró convertir uno de los países petroleros más ricos del mundo en el peor desastre económico de América Latina, con un crecimiento negativo del 7% y una tasa de inflación de casi un 200%, la más alta del mundo.

No es sorprendente que la popularidad de varios presidentes de la región se haya desmoronado. La aprobación de Rousseff en Brasil ha caído al 8%, mientras que la del presidente peruano Ollanta Humala cayó al 17%, la chilena Michelle Bachelet al 23% y la del colombiano Juan Manuel Santos al 28%.

Alejandro Werner, director para América Latina del FMI, me dijo que la nueva era del crecimiento lento en América Latina “va a durar varios años. No hay nada en la región que nos diga hoy que en siete años, digamos, América Latina va a crecer a tasas anuales del 4%”.

Mi opinión: La nueva era del desencanto -en muchos casos agravada por demagogos populistas en Venezuela, Argentina y otros países que han despilfarrado la bonanza de sus países- debería convertirse en una oportunidad para la región de reducir su dependencia de China, diversificar sus mercados y productos de exportación, mejorar la calidad de su educación, innovación e infraestructura, solidificar su Estado de derecho, y decir “nunca más” a sus errores recientes.

“Nunca más” postergar su inversión en educación e infraestructura. Y “nunca más” creer en líderes carismáticos que ahuyentan inversiones, se apoderan de las instituciones democráticas y buscan pelearse con todo el mundo para justificar su acaparamiento de poderes.

La región ya ha visto varias de estas eras de falsas esperanzas, que siempre han terminado mal. Es hora de romper el ciclo.

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