Andrés Oppenheimer
Andrés Oppenheimer

El conflicto de intereres de Trump

De todas las razones para preocuparse sobre la política exterior de un gobierno de Donald Trump, aparte de su personalidad errática e impulsiva, una de las más inquietantes sería la del conflicto de intereses que tendría el candidato republicano por sus inversiones en muchos países y sus deudas con bancos extranjeros.

De todas las razones para preocuparse sobre la política exterior de un gobierno de Donald Trump, aparte de su personalidad errática e impulsiva, una de las más inquietantes sería la del conflicto de intereses que tendría el candidato republicano por sus inversiones en muchos países y sus deudas con bancos extranjeros.

Es cierto que hay muchos otros motivos de preocupación, como el hecho de que Trump sería un presidente ideal para los terroristas de Estado Islámico, ya que uniría a todo el mundo musulmán en contra de Estados Unidos. Pero el problema más inmediato sería que Trump podría ser objeto de más presiones y chantajes externos que ningún otro presidente en la historia reciente de Estados Unidos. Esto se debe a que, a diferencia de sus antecesores en las últimas cinco décadas, Trump dice que de ser elegido no creará un fideicomiso ciego para administrar su fortuna. Dice que si es elegido entregaría el manejo de su imperio empresarial a sus hijos, como si eso impidiera que los 22 países en los que tiene hoteles, campos de golf y otras inversiones pudieran influir en la Casa Blanca o usar sus vínculos comerciales para pedir favores especiales.

“Voy a poner a mis hijos y a mis ejecutivos a administrar la empresa, y no voy a hablar (de negocios) con ellos”, dijo Trump a Fox News el 15 de septiembre. ¿En serio? ¿Se supone que debemos creerle que durante los cuatro años de su presidencia no hablaría de negocios con sus hijos, que están entre sus más cercanos asesores políticos?

Lo que es peor, Trump es el primer candidato presidencial en muchas décadas que se niega a mostrar sus declaraciones de impuestos, alegando la falsa excusa de que está siendo auditado, lo que nos deja a oscuras sobre el monto de su fortuna y sobre los países y gobiernos extranjeros con los que Trump está haciendo negocios.

¿Podría ser que Trump hubiera dicho recientemente que él no tiene “más que elogios” para el presidente (autoritario) de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, porque la organización Trump construyó en ese país hace cuatro años el Trump Towers Istanbul, un complejo de edificios de 400 millones de dólares?

¿Podría ser que Trump alabara constantemente al autócrata ruso Vladimir Putin porque oligarcas rusos cercanos a su gobierno podrían estar entre sus mejores clientes de bienes raíces? (Donald Trump Jr., el hijo de Trump, dijo en 2008 que “los rusos forman una sección bastante desproporcionada de muchos de nuestros activos”, y que ven “un montón de dinero que viene de Rusia”, según reportó The Washington Post).

¿Podría ser que Trump tuviera un rencor personal contra México y que proponga erigir un muro en la frontera porque su proyecto de tres torres de lujo Trump Ocean Resort Baja México fue un fracaso monumental? (El proyecto se detuvo en 2009, dos años después de comenzar, y dejó una larga estela de demandas judiciales).

Mi opinión: es cierto que estas son tan solo preguntas, pero si Trump quiere que dejemos de hablar de este problema -en lugar de insultar nuestra inteligencia diciendo que si es elegido presidente dejará la administración de su imperio de negocios en manos de sus hijos para no tener él ninguna influencia-, debe dar a conocer cuanto antes sus declaraciones de impuestos. Basta de excusas.

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