Andrés Ojeda
Andrés Ojeda

¿Rigor o popularidad?

A partir del nuevo Código del Proceso Penal se produjo un cambio radical en la manera en que se imparte justicia en Uruguay.

Se introducen cuestiones como la oralidad, la publicidad, la prisión preventiva como medida de excepción (deja de ser pena anticipada) y ahora son los fiscales quienes investigan y los jueces quienes deciden, entre otros.

Esto, como ha ocurrido en otros países, le dio a los fiscales un nuevo protagonismo, ellos reciben directamente las denuncias y dirigen las investigaciones. Son una parte en el proceso penal en pie de igualdad con la defensa (al menos en la teoría). Si bien son parte en el proceso, están regidos por el principio de objetividad, como lo consagra la ley orgánica de la fiscalía en su artículo 10: “La Fiscalía General de la Nación propenderá a la aplicación justa de la ley y al ejercicio racional y ponderado del poder penal del Estado”. Se reedita en estos tiempos la vieja polémica sobre cuánto pueden los operadores del sistema penal abstraerse de sus propias convicciones, a la hora de analizar un asunto en el que deben intervenir.

Por supuesto que el componente humano enriquece las interpretaciones jurídicas, sobre todo porque los delitos tienen un componente subjetivo que debe interpretarse, la intención, lo que se quiso, que es tan importante como la conducta; lo que se hizo.

Para analizar conductas e intenciones contamos con más de 200 años de desarrollo científico en materia de derecho penal (siempre en constante desarrollo) que nos explica cómo resolver jurídicamente situaciones complejas.

Es por eso que la fortaleza de las decisiones que se toman radica en su anclaje jurídico, en lo técnico, eso se construye con las normas, pero igualmente importantes son los aportes doctrinarios y jurisprudenciales.

La cuestión radica en dónde trazamos los límites, cuánto deben pesar en la decisiones de los operadores de la justicia cuestiones que no son jurídicas y allí podemos trazar un paralelismo con el periodismo. El gran Claudio Romanoff decía sobre los periodistas “Las causas no van con nosotros los periodistas profesionales. El poder no va con nosotros. Lo que sí va, es rigor, equilibrio e independencia”. Nótese que la cita aplica a la perfección para el trabajo de la justicia. No es el lugar para militar una causa, no importa cuan noble pueda ser.

Esta nueva transparencia del proceso penal sumada al apogeo de las redes sociales aumentó enormemente la exposición de los operadores y los hace pasibles de escraches y manifestaciones en las inmediaciones de las oficinas, pero también es cierto que pueden convertirlos en personas muy populares.

La “tribuna” es un factor desequilibrante que se mete en las decisiones de los operadores y eso es muy peligroso, la presunta popularidad que pueda generar una decisión, jamás debería condicionar una decisión jurídica. Si permitimos que se cobre al grito empezamos a perder esa justicia independiente por la que el Uruguay es ejemplo.

El país cuenta con una riqueza enorme en el caudal humano de sus operadores de justicia, es una verdadera isla en la que ni siquiera se ven casos de corrupción, razón por la cual no podemos permitir que algo tan positivo como haber crecido en publicidad y transparencia termine afectando la calidad de las decisiones que se toman.

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