Ana Ribeiro
Ana Ribeiro

Violencia infinita

Oriana Fallaci entrevistaba con rabia, con tono acusador. En 1979, accedió a ponerse el chador para entrevistar al Ayatollah Khomeini, pero en medio de la entrevista lo trató de tirano y le dijo: "me voy a sacar de encima este estúpido trapo medieval ahora mismo". Con el mismo gesto cubrió la guerra de Vietnam, describiéndola desde el frente de combate, los hospitales de campaña y los pueblos arrasados. En sus crónicas todos fueron mitad humanos, mitad animales salvajes, sin importar el lado del cual pelearan. El general Nguyen Ngoc Loan, jefe de policía de Saigón, el hombre más cruel de Vietnam, lloró ante ella como un niño, aferrado a una imagen de Cristo. Aunque no lo parecía, era el mismo hombre que inmortalizara el fotógrafo Eddie Adams, en el momento en que ejecutó a sangre fría a un soldado del Vietcong. El hombre, con un short muy corto y una camisa a cuadros, entrecierra los ojos en el momento en que Loan gatilla y le dispara a la sien. La foto le valió a Adams el premio

Oriana Fallaci entrevistaba con rabia, con tono acusador. En 1979, accedió a ponerse el chador para entrevistar al Ayatollah Khomeini, pero en medio de la entrevista lo trató de tirano y le dijo: "me voy a sacar de encima este estúpido trapo medieval ahora mismo". Con el mismo gesto cubrió la guerra de Vietnam, describiéndola desde el frente de combate, los hospitales de campaña y los pueblos arrasados. En sus crónicas todos fueron mitad humanos, mitad animales salvajes, sin importar el lado del cual pelearan. El general Nguyen Ngoc Loan, jefe de policía de Saigón, el hombre más cruel de Vietnam, lloró ante ella como un niño, aferrado a una imagen de Cristo. Aunque no lo parecía, era el mismo hombre que inmortalizara el fotógrafo Eddie Adams, en el momento en que ejecutó a sangre fría a un soldado del Vietcong. El hombre, con un short muy corto y una camisa a cuadros, entrecierra los ojos en el momento en que Loan gatilla y le dispara a la sien. La foto le valió a Adams el premio Pulitzer.

La fotografía de guerra, que empezó con Roger Fenton en Crimea, en 1855, nació con limitaciones. Fenton no podía fotografiar muertos, para no desmoralizar al país y a las familias de las víctimas, por lo cual optó por no mostrar la guerra sino sus efectos, convirtiendo un suelo árido y cubierto de bombas en una impactante alegoría llamada "El valle de la Sombra de la Muerte".

Limitaciones que desaparecieron en la guerra civil española, cuando los fotógrafos ya trabajaban sin trípode, haciendo 36 fotografías sin cambiar de carrete, tecnología que le permitió a Roberto Capa registrar el momento en que el cuerpo de un miliciano sale disparado hacia atrás, con los brazos abiertos y la muerte asegurada. En la Segunda Guerra Mundial los horrores del genocidio quedaron sintetizados en "El último judío de Vinnitsa", foto que captó la imagen de un hombre sentado al borde de la fosa en la que caería segundos después, para apilarse sobre decenas de cadáveres. En 1979, en Irán, Jahangir Razmi fotografió la ejecución de 11 partidarios del Sha, por parte de un escuadrón de la revolución del Ayatollah Khomeini (el mismo al que Oriana Fallaci le tiró el velo en la cara): van cayendo, mientras el último, aún erguido, con los ojos vendados, espera el disparo fatal. El fotógrafo Razmi también ganó el Pulitzer.

Cuando la Fallaci le preguntó al general Loan porqué había matado con tanta crueldad a aquel hombre de camisa a cuadros, este respondió "me enfurecí y me cegó la rabia"; ahora que la rabia se convirtió en tristeza -le confesó- se que "en la guerra incluso el hombre más tímido, más bondadoso, se vuelve malo"; ahora, continuó, quisiera pedir "lleguemos a un acuerdo, por caridad, evitemos ya que corra más sangre".
Hoy, las fotografías de las guerras (en Gaza, Siria, Irak) inundan todas las carátulas de la prensa del mundo. Sin embargo, quizás por la propia saturación que producen, las imágenes no lograron opacar a las palabras. Por el contrario, fue precisamente la ausencia de fotografías lo que ofició de caja de resonancia para el anuncio hecho en estos días, a sola y viva voz: "hay un parque en Mosul donde el Estado Islámico decapita de manera sistemática a los niños y clava sus cabezas en estacas".

Que falta hace que los generales de todos los bandos lloren como lo hizo Loan ante la Fallaci. De vergüenza, de tristeza. Y que esa foto se gane el Pulitzer.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados
Te recomendamos
Max caracteres: 600 (pendientes: 600)