Álvaro Ahunchain
Álvaro Ahunchain

Mirando jugar al tenis

Un gobierno honrado, un país de primera”. Con este excelente eslogan, la fórmula Mujica-Astori ganó las elecciones de 2009. La idea provino de un experto comunicador político, Francisco Vernazza.

Un gobierno honrado, un país de primera”. Con este excelente eslogan, la fórmula Mujica-Astori ganó las elecciones de 2009. La idea provino de un experto comunicador político, Francisco Vernazza.

Por lo que ha trascendido desde entonces, la estrategia de comunicación pasaba por presentar al electorado una combinación perfecta entre la imagen de honestidad de Mujica (gobierno honrado) y la capacidad técnica de Astori (país de primera). Incluso algunos exégetas llegaron a apreciar que en una toma del comercial central de la campaña, Astori aparecía observando cuidadosamente algo que Mujica estaba firmando, como un símbolo de que el vicepresidente tendría un rol activo en el control de la administración. La metáfora no podía ser más pertinente: el liderazgo de Mujica se asentaba en la simpatía de los sectores populares pero generaba inquietud en los decisores económicos. Mostrando ese equilibrio, quedaron todos contentos.

Con el diario del lunes, la claridad conceptual de aquella promesa se ha estrellado contra la realidad. Las idas y vueltas sobre el Antel Arena e incluso la valoración negativa que hoy realiza el astorismo de las finanzas de las empresas públicas, dan cuenta de que la supervisión no fue tal. En esa costumbre típicamente uruguaya de deslindar responsabilidades, nos han aclarado que las inversiones de los entes son supervisadas exclusivamente por la OPP, asumiendo ahora lo que hasta hace pocos meses negaban: la existencia de aquel debatido equipo económico paralelo, que solía ser apenas una exageración de la prensa opositora.

El mismo Esteban Valenti, que hasta hace menos de tres meses acusaba a Edgardo Novick de mentiroso por sus denuncias sobre el déficit de Ancap, ahora reconoce que tanto esta empresa como Antel fueron inconvenientemente gestionadas. Y responde a las críticas desde sus propias tiendas con el mismo argumento que usaba Novick: lean los balances, está todo ahí.

Cuando el desafío era volver a ganar las elecciones, el astorismo se encolumnaba con el MPP para impedir las comisiones investigadores, minimizaba la importancia del déficit fiscal y menospreciaba el despilfarro de los entes. Apenas finalizado el ciclo electoral, apareció de golpe la lucidez, la racionalidad, la administración de primera que nos habían prometido antes.

Los uruguayos tendremos que acostumbrarnos a un nuevo esquema político, de dos ejes frenteamplistas que se disputan el poder y hacen campaña permanente, fustigándose entre sí. Hoy la revista Caras y Caretas califica en tapa a Astori como “el satánico doctor no” pero mañana, cuando haya que acumular votos, lo destacará de nuevo como el ministro de las certezas.

El FA ya parece haberse quedado con la pelota y los dos arcos. La oposición recibe este conflicto interno del oficialismo con satisfacción, sin darse cuenta que agranda el mercado potencial del Frente, al permitirle ofrecer candidatos y programas para todos los gustos. Si la política uruguaya de los próximos años se va a resolver en una interna entre el pragmatismo astorista y el voluntarismo mujiquista, los demás partidos mirarán la historia girando la cabeza para un lado y para otro, como quien mira jugar al tenis. Por el bien de todos, urge la formulación de una verdadera estrategia opositora, en lo político y comunicacional, que ponga en evidencia el riesgo que suponen estas incoherencias y formule una alternativa sólida, integradora y contundente.

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