Álvaro Ahunchain
Álvaro Ahunchain

Maldita policía

Tuvo una vasta repercusión el episodio del sábado en Rocha, en que tres policías fueron atacados a golpes por cuatro hombres a quienes habían pedido documentos, y donde una mujer uniformada recibió una cobarde paliza.

El video compartido en redes sociales generó reacciones que, bien miradas, evidencian el relativismo moral que mueve a algunos uruguayos.

El periodista Gabriel Romano se quejó de que "hay quienes reclaman a los movimientos feministas que se expidan sobre un episodio de violencia, que si bien es extraordinario, nada tiene que ver con la violencia de género. ¡Falta lectura!". Es un buen ejemplo del laberinto comunicacional en el que se embarcan los polemistas de las redes sociales: la apreciación de la gravedad del delito (4 tipos pegándole a una mujer) pasa a segundo plano cuando se trata de defender a un colectivo emplazado a pronunciarse sobre ello.

Quienes sí se pronunciaron fueron el alcalde de La Paloma, Alcides Perdomo (FA) y el presidente del Pit-Cnt, Fernando Pereira. El primero reconoció a Telemundo "lo injusto de la situación", por haberse agredido a una mujer, pero luego relativizó el delito diciendo que "es un tema de ida y vuelta. Así como suceden estas cosas, ha sucedido que la policía muchas veces ha cometido excesos también. Es un problema de la sociedad que hay que resolverlo no dándole más poder a una de las partes, sino equilibrando un poco".

Reconozco que acá me per-dí del todo: una autoridad política opina que no hay que dar a la policía más poder que el que se otorga a quienes respon- den a un pedido de documentos con una golpiza; ¿de verdad se deben equilibrar ambos roles?

La posición del presidente del Pit-Cnt no fue tan cuestionable, porque en su posteo en redes sociales hizo hincapié en que el video viral le "conmovió hondamente" y explicitó con justeza que "toda violencia ejercida contra una mujer debe ser condenada sin dudarlo".

Lo que me resulta curioso es que haya titulado su decla-ración "no hay que deshuma-nizar a la policía" y que se sintiera en la obligación de precisar que "cuando una perso- na está uniformada, existe una tendencia a no verlos como padres, hijos, hermanos, personas que sienten alegrías y triste- zas, momentos de soledad y de miedo, como cada uno de nosotros en algún momento de su vida".

¿Existe esa tendencia? ¿Por parte de quiénes? Tal vez de- bió aclarar que lo cree así un puñado de antisociales, pero que la inmensa mayoría de los uruguayos respeta y apoya a estos funcionarios, como traba-jadores que arriesgan su vida en defensa de la seguridad pública. ¿Es necesario advertir que son personas como nosotros? ¿Eso no estaría más que claro?

Con distintos niveles de explicitud, los tres testimonios revelan los prejuicios ideológicos de muchos compatriotas, que nublan su análisis.

Es increíble que 36 años después de la caída de la dictadura, algunos connotados representantes de agrupacio- nes políticas y sindicales si- gan viendo a los policías como enemigos y represores de la libertad, o se sientan en la insólita obligación de aclarar que no lo son.

Paradójicamente, todos recurrimos a esos supuestos "enemigos" de inmediato para que nos protejan.

Penosas y arcaicas orejeras ideológicas que ya no deberían condicionar el juicio de quienes ejercen influencia política, sindical o intelectual.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados