Álvaro Ahunchain
Álvaro Ahunchain

La mala gente

Hoy es un día oscuro, triste. Una trabajadora de mi barrio fue asesinada en una rapiña. Confieso que me cuesta ser del todo racional en estos casos. La rabia y la impotencia me dominan. Algo tengo claro: acá sí son ellos contra nosotros. La mala gente existe".

Este tuit publicado por el intendente de Canelones, Yamandú Orsi, fue una de las declaraciones políticas más sorprendentes de la semana. Porque del mismo modo que no se esperaba que el Jefe de Policía Mario Layera desmintiera al ministro Bonomi, llenando de nubarrones el paisaje optimista que este había pintado, tampoco era de prever que uno de los referentes principales del mujiquismo, y posible precandidato del MPP, asumiera sin cortapisas el desmadre de la seguridad pública.

Su reflexión tuvo una inmediata respuesta del artista visual Juan Ángel Urruzola, uno de los habituales defensores de la ideología que nos gobierna: "El concepto ellos contra nosotros es entrar en la lógica (si tuviera lógica ese discurso) del discurso clasista y de guerra de la derecha. Creo que es un error en boca de un referente del FA".

Entre ambas citas se encuentra el meollo del problema, ya no de la coalición gobernante, sino del país todo. Porque más allá de quienes desconfían de la sinceridad de Orsi y atribuyen sus dichos a la cercanía de la campaña electoral, lo cierto es que en su mismo tuit pone de manifiesto no una certidumbre, sino una lucha interior. Confiesa que le cuesta ser racional, que está dominado por la rabia. Con esa justificación previa, parece asumir que dirá algo irracional y, sin embargo, lo que expresa es lo más razonable del mundo: que la mala gente existe.

¿Es poco meditado creer que la sociedad uruguaya se debate hoy entre un "ellos contra nosotros", cuando comerciantes y trabajadores honestos mueren todos los días a manos de personas quemadas por la pasta base y la marginación cultural, la carne de cañón del narcotráfico? ¿Es que acaso esos asesinos están "a favor" de nosotros? ¿O será que algunas cabezas siguen funcionando con el prejuicio sesentista de los luchadores sociales, de la acción delictiva como una consecuencia natural y esperable de la injusticia del sistema?

La modesta señora que cargaba combustible en mi auto todos los fines de semana en la estación Ancap de Pinamar, ¿era acaso una representante del sistema? ¿Por qué siguen atados a este prejuicio penoso, que pretendiendo ser tolerante, retroalimenta la injusticia y la violencia?

Al igual que el querido actor y comunicador Petru Valensky, que prácticamente debió pedir perdón a la intelligentzia oficialista por el pecado de pensar distinto, el intendente de Canelones parece atenuar la convicción de sus dichos, justificándolos como producto de la indignación.

Es el viejo automatismo culposo de quienes se definen de izquierda y repiten la receta de victimizar a los asesinos. Al excusarlos por un supuesto origen de pobreza, olvidan que la amplísima mayoría de personas vulneradas social y económicamente optan por el trabajo honesto. Y paradójicamente, son esas mismas personas quienes terminan convirtiéndose en las principales víctimas de los antisociales.

Al menos es bueno que ahora, cuarenta años después de la canonización pagana del Chueco Maciel, descubran que la mala gente existe, y que es responsabilidad del Estado combatirla, aislarla y rehabilitarla, en lugar de ensalzarla como heroica en mentirosos cantitos de comité.

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