Álvaro Ahunchain
Álvaro Ahunchain

No está llegando

Hace unos años, durante uno de los gobiernos de los partidos fundacionales, existió la voluntad de sacar de una de sus frecuentes crisis al Correo Uruguayo (cartas que se perdían o demoraban en llegar) y se puso esa casa en orden.

Recuerdo que, como resultado de tales esfuerzos, se acuñó el eslogan "el Correo está llegando". Me llamaba la atención esa frase, porque no hacía más que describir la misión básica de la institución, como si se tratara de un atributo diferencial.

Pasaron los años y, otra vez, hay problemas.

Se informó que una prolongada huelga de los funcionarios postales ha tenido un par de consecuencias indeseadas: hasta hace unos días, la población de Nueva Helvecia había dejado de recibir cualquier tipo de correspondencia desde principios de diciembre, y esto incluía envíos tan básicos como las facturas de distintos servicios. Ayer se supo que el MGAP canceló el contrato con el Correo, por demoras en la distribución de caravanas para trazabilidad del ganado, algo que perjudica gravemente a los productores.

No voy a hurgar en las razones por las que el sindicato realiza sus medidas de lucha, porque en todo caso es una decisión amparada por ley. Lo que me pregunto es si los funcionarios en conflicto tienen idea de la situación comprometida en la que ponen sus fuentes de trabajo, considerando la realidad económico-financiera de la empresa.

Las autoridades, ¿les habrán mostrado el gráfico que publicó El Observador, que indica una rentabilidad negativa ininterrumpida desde 2009? ¿Los habrán informado del dato que publica la OPP, de que en los últimos nueve años, el Correo perdió más de 200 millones de dólares? ¿Les habrán dicho que el MEF lo asistió en 2017 con 30 millones? ¿Les habrán comentado que el déficit de ese año fue de 34 millones de dólares, con un patrimonio que asciende solo a diez millones?

¿Son conscientes de que los recursos que se arrojan a ese agujero negro se podrían destinar a políticas sociales mucho más necesarias?

Lo único que falta es que lo justifiquen con la vieja retórica pro Pluna. Aquello de que si los uruguayos no teníamos "una aerolínea de bandera" podía caer sobre nosotros la maldición divina. Se remató Pluna, se fundió Alas U, pero a nadie le faltó un vuelo para viajar adonde quisiera. No pasó nada. Aunque en realidad sí, pasó algo: la fiesta la terminamos pagando los contribuyentes.

Uno mira esta realidad y se pregunta qué pasa con las personas que tienen la responsabilidad de administrar las cuentas del país. ¿Cuánto demoraría una empresa privada en dar quiebra, con estos números? ¿Cuál es el costo político de suprimir un servicio deficitario, que se lleva semejantes tajadas del presupuesto nacional? ¿Se está pensando en el mantenimiento de los puestos de trabajo? Entonces sería más lógico que el Estado invirtiera en capacitar a esos trabajadores de manera de que sean útiles y productivos, para sí mismos y para el país, en otros rubros de actividad.

Creo que lo que mueve a estos gestores no es tanto una ilusión socializante, sino lisa y llanamente la aprensión a tomar decisiones drásticas, para no hacer olas. Y lo que precisamos para salir del estancamiento económico y mental es justamente lo contrario: hacerlas y rápido.

Barrer de una vez con las inequidades sistémicas para reconstruir un país de oportunidades para todos.

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