Álvaro Ahunchain
Álvaro Ahunchain

Ingmar Bergman Intendente

Hay una magistral secuencia de la película Escenas de la vida conyugal de Ingmar Bergman, que me viene a la mente al ver las discusiones de la coalición multicolor en torno a las candidaturas departamentales.

La pareja protagonista recibe en su casa a un matrimonio amigo. A lo largo de la cena y en un entorno cordial y amistoso, la invitada empieza a deslizar sutiles ironías contra su marido. Las primeras reacciones de los anfitriones son de hilaridad y comentarios jocosos. Pero a medida que el vino va haciendo efecto, las “bromas” van cambiando de color y transformándose en burlas primero e insultos después. El marido en cuestión reacciona y ataca a su vez a su cónyuge, ante la mirada atónita de los dueños de casa, que no saben qué hacer para sobrellevar esa penosa situación.

Y la circunstancia es perfectamente reconocible para todos quienes hemos participado de este tipo de reuniones sociales. Siempre aparecen esos vínculos tóxicos que disfrutan de ventilar sus conflictos ante terceros, en una especie de regusto morboso, que amplifica los problemas íntimos de manera impúdica.

Con la discusión de las candidaturas departamentales por parte de los partidos de la coalición, está pasando exactamente lo mismo. La pareja de anfitriones, que en este caso sería la ciudadanía, estamos siendo testigos involuntarios -y algo avergonzados- de la incontinencia oral de algunos dirigentes que, en lugar de limitarse a debatir entre cuatro paredes con sus socios, para llegar a posiciones consensuadas, se apuran a anunciar a la prensa sus proyectos sectoriales, generando carambolas en las que pierden todos.

No debió anunciarse la precandidatura de Gerardo Sotelo hasta que se hubiera acordado definitivamente entre los socios. No debió Cabildo Abierto lanzar públicamente la de Guido Manini Ríos, en rechazo a la anterior. No debió hacer lo mismo el Partido Colorado con Ernesto Talvi. Y menos aún, que apareciera de improviso un dirigente de Cabildo sacando de la galera el nombre de Edgardo Novick. El amateurismo comunicacional evidenciado por la coalición en este tema, tiene varias consecuencias y son todas desafortunadas.

Por un lado amortiguó el impacto en la agenda informativa de los devaneos del Frente Amplio, con su crisis del Partido Socialista al borde de la fractura expuesta y la pulseada de los comunistas y las bases para bloquear a Daniel Martínez. El infantil escandalete de la coalición les vino como anillo al dedo para distraer la atención ciudadana.

Pero lo más importante: la incapacidad de presentarse con una decisión unánime, transmite a la opinión pública una imagen de incertidumbre sobre la eficiencia futura del gobierno electo.

Quien esto escribe no tiene ninguna duda de que la coalición llegó para quedarse y que la coherencia gubernativa no se pondrá en riesgo, porque los dirigentes de los cinco partidos son plenamente conscientes de todo lo que está en juego. Pero hay un capítulo que no deberían saltearse de esta novela, que es el de la comunicación.

Es paradójico que la estrategia en tal sentido de Lacalle Pou haya sido brillante y sin fisuras -lo que explica en buena parte su éxito electoral- pero que ahora algunos socios se larguen por lista propia a marcar perfilismos, menoscabando aquella fuerza que transmitían las cinco firmas juntas, al pie del documento Compromiso por el País.

A esta altura, resulta evidente que la misma prolijidad y detallismo de la maquinaria de comunicación de la fórmula electa, debería aplicarse a una coordinación entre los partidos que la apoyan. Esto es especialmente grave en lo que tiene que ver con la operativa de Cabildo Abierto, la que, a contrapelo de su indudable rédito electoral en octubre, viene manifestando desde noviembre desaciertos e improvisaciones notorias. Primero con un video viral a tres días del balotaje en el que se convocaba a un voto corporativo militar, error garrafal que volcó a Martínez a muchos votantes de centro que habían preferido en octubre a Talvi y Lacalle. Después con una patética declaración de un diputado electo sobre el aborto. Ahora con el lanzamiento de una candidatura departamental que pretende captar votos de una ciudadanía que desde hace 30 años vota mayoritariamente por la centroizquierda, poniendo sobre la mesa a quien más alejado está de ese posicionamiento, dentro del espectro opositor. Y en los últimos días, con la furibunda campaña que los cabildantes de a pie han sembrado en las redes sociales contra Talvi y Mieres.

Todo mal. Y todo cuando el gobierno electo no se ha instalado y no ha demostrado aún de lo que es capaz, para reconstruir un país republicano de los escombros dejados por el populismo.

Uno ve estas disonancias y tiene la esperanza de que solo sean dolores de parto. Desearía compararlas con el ruido caótico que, antes del concierto, producen los músicos cuando afinan simultáneamente sus instrumentos.

Ojalá el 1° de marzo empiece a sonar Mozart con la orquesta completa y bien afinada. Hay que trabajar para eso.

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