Álvaro Ahunchain
Álvaro Ahunchain

Un error garrafal

Estoy entre los que creen que el famoso video de Manini tuvo que ver, y mucho, con la espectacular remontada de Daniel Martínez en el resultado del domingo.

Fue injusto que una campaña tan bien diseñada y ejecutada por el comando de Lacalle, se viera eclipsada por un error de comunicación tan garrafal como el que cometieron los asesores de Cabildo Abierto en las horas previas a la veda.

La comunicación de Martínez venía a puro zigzagueo. Primero apostaron a queridos artistas del medio, para refrescar la imagen de los candidatos. Después sacaron de la bolsa todos los cucos que encontraron: crisis de 2002, neoliberalismo, dictadura. Satanizaron al adversario lo más que pudieron y llegaron al extremo de lanzar promesas a lo Tortorelli. Pero nada movía la aguja.

Tuvo que aparecer un integrante de la coalición opositora al borde de la veda, llamando a un voto corporativo que está reñido con la concepción democrática, para que el FA encontrara al fin un argumento convincente en su apelación al miedo. Y le sacó todo el jugo que pudo, porque con acierto lo vinculó a uno de esos trasnochados panfletos del Centro Militar, creando un cóctel perfecto. Una de las consecuencias lógicas del desgaste que implicó al FA gobernar durante 15 años, fue la pérdida de cohesión ideológica y programática. Hay un FA orgulloso de lo que hicieron con la educación y otro avergonzado. Hay un FA fiel a la economía de mercado y otro que postula la lucha de clases, y tantos ejemplos más. Fue esa incoherencia la que explicó que perdieran 200.000 votos del 2014 hasta este 27 de octubre. Pero si hay un tema con el que el alma frenteamplista vibra en absoluta unanimidad, es el de la rebeldía contra el terrorismo de Estado que padeció el país entre 1973 y 1984. Las persecuciones, las torturas, los crímenes, las desapariciones, las censuras, el exilio, son dolores que unen prácticamente a todos los uruguayos de buena voluntad, y para los frenteamplistas, constituyen un compromiso moral indestructible.

El mensaje de Manini afrentó esos sentimientos y precipitó la reacción de muchos ciudadanos que habían descartado al FA en su cabeza, pero aún lo conservaban en el corazón. El trabajo del comando frenteamplista consistió solamente en amplificarlo, haciéndolo mucho más relevante en la agenda informativa que todas las palabras de concordia que provenían del resto de los dirigentes de la coalición, con Lacalle a la cabeza.

En la magnitud de su error, el desafortunado video permite sacar dos conclusiones que me parecen claves para enfrentar con éxito el gran desafío de gobierno que se avecina.

1°, siendo comprensible que los dirigentes de la coalición hayan debido callar sobre el tema en el transcurso de la veda, en adelante, el presidente electo debe ejercer su legítima autoridad para alinear a este socio, tras un mismo discurso de tolerancia y republicanismo irrestrictos.

2°, las amplias mayorías del país, que incluyen a los partidos fundacionales, los partidos menores y también a los frenteamplistas que rechazan las posturas maniqueas, deberán mantenerse atentas y vigilantes, para impedir que los extremismos de uno y otro signo se apropien de la agenda pública, ya sea apedreando ómnibus de militares, como patoteando y amenazando a través de las redes, en respuesta a esos desmanes. Ya vimos todos esta película. Y ya nadie quiere volver a verla.

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