Álvaro Ahunchain
Álvaro Ahunchain

Argentina como espejo prospectivo

El país que supo parir a Borges, Cortázar y Piazzolla, da para todo.

Ahora se está viralizando un video doméstico en que la clientela de una pizzería grita, cual barrabrava sedienta de sangre, "andate Macri, la puta que te parió" y, para que quede más claro, otro cántico con el mismo piropo, dirigido a la gobernadora María Eugenia Vidal. Es interesante mirarlo, porque constituye un ejemplo perfecto de cómo se instala el fascismo en la sociedad: a través de la vidriera se puede ver a transeúntes regocijados, grabando la escena con sus celulares, y el autor de las imágenes se solaza en escrachar a cuatro señoras de edad avanzada en torno a una mesa, que son las únicas que no se suman a la histeria colectiva y comen con apuro y vergüenza, intimidadas. La voz del que filma remarca que ellas son "las únicas macristas" del local, y la verdad es que no pude evitar recordar la pieza "Rinocerontes" de Eugene Ionesco, que refiere justamente a eso: al hostigamiento que se practica contra quienes se resisten a afiliarse al fanatismo bestial de la mayoría.

La supuesta espontaneidad de la protesta queda en duda cuando vemos que quien la publicó fue nada menos que Aníbal Fernández, un jefe de gabinete kirchnerista de triste memoria.

Viendo ese testimonio, uno se pregunta muchas cosas.

La primera de todas: por qué el presidente Macri se resistió a exponer en toda su gravedad la crisis económica en que esa asociación para delinquir dejó a Argentina, y por qué no fue, apenas asumió, más radical en las medidas de ajuste imprescindibles para que su sombra no se extendiera hasta hoy.

Es una película que ya vimos en oportunidad del malogrado gobierno de la Alianza, que lideraba el presidente De la Rúa. Cuando a él se le vino abajo la economía, después de un gobierno populista de signo opuesto, convocó como ministro a Ricardo López Murphy, quien diseñó una política de ajuste que no fue del agrado del presidente. El experto no tuvo otra opción que renunciar y De la Rúa designó para sacar las castañas del fuego nada menos que a Domingo Cavallo, con la consecuencia catastrófica que todos recordamos y que hasta se llevó la estabilidad de nuestro país en su violenta correntada.

Ahora, los kirchneristas aprovechan cínicamente la crisis creada por ellos mismos para generar estos pequeños mitines fascistas, a la vieja usanza de los que usaron Hitler y Mussolini, con el fin de imponer su poder en una Europa igualmente violenta y empobrecida. Y es posible que tengan éxito y que, en unos meses más, consigan engañar a la mayoría ciudadana y reinstalar su opobriosa máquina de corrupción.

Los uruguayos deberíamos mirarnos en este espejo prospectivo.

No voy a agraviar al Frente Amplio comparándolo con sus coyunturales aliados argentinos: felizmente los uruguayos aún nos diferenciamos de ellos en conservar un ADN republicano, bien diferente al suyo peronista. Lo que sí me preocupa es percibir algunas señales comunes, que en Uruguay son levemente preocupantes y en Argentina, tan trágicas como farsescas.

En el FA hay sectores que gritan y otros que balbucean (casi como en la pizzería del video), y entre los primeros, hay mucha tolerancia a los actos de corrupción, el nepotismo, la genuflexión al genocida venezolano, el uso discrecional de los recursos del Estado y el acoso al que piensa distinto.

Ninguna de estas operaciones es novedosa: la historia del siglo XX está llena de ellas. Alcanza con leer los once principios de la propaganda formulados por Josef Goebbels para que las similitudes salten a la vista: simplificación y enemigo único (la derecha, la oligarquía, las multinacionales), trasposición (la culpa la tiene la crisis del 2002), exageración y desfiguración (hacer pasar el apoyo de una iglesia evangélica a una candidata como un peligro para la democracia), silenciación (impedir ciertas comisiones investigadoras para que no se comprueben ni divulguen eventuales delitos) y unanimidad (execrar a quien pone en duda la verdad oficial), entre otras.

Una de las claves de la salud democrática del Uruguay que se avecina está en que el FA actualmente balbuceante, el que permanece apegado al republicanismo de Zelmar Michelini, Alba Roballo, Líber Seregni, Juan Pablo Terra y Guillermo Chifflet, entre tantos otros, recupere protagonismo en una inevitable discusión interna. Que dejen de cuidarse las espaldas entre ellos con intención de supremacía electoral y empiecen a marcar sus diferencias de forma y contenido.

Otra igualmente importante es que los partidos de la oposición asuman que, si ganan la elección de este año, deberán gobernar a la altura de tan alta responsabilidad, escuchando a los técnicos, aplicando correctivos sin medir pueriles costos políticos y haciendo de la ética, la austeridad y la transparencia, principios rectores de todo su accionar.

Solo así los mitines de pizzería y los linchamientos en las redes sociales perderán capacidad de influencia. Y solo así nuestros hijos crecerán en un país otra vez poseedor de la cultura cívica que nos legaron nuestros abuelos.

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