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Alimente esa sed

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RODRIGO CABALLERO
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Cuando muchos aseguraban que el romance que venía manteniendo el presidente Lacalle Pou con la población uruguaya estaba llegando a su fin; cuando en el país del carnaval más largo del mundo, suspendido por la Intendencia Municipal de Montevideo, estaba dando comienzo a la campaña a la presidencia más larga del mundo; cuando los casos de contagios, personas internadas y fallecidos por COVID-19 alcanzaban cifras récord; en medio de todo ese ambiente de manija feroz, a las ocho con nueve minutos del 22 de enero, el primer mandatario lanza un tuit en el que anunció que el Gobierno acababa de cerrar un acuerdo con el laboratorio estadounidense Pfizer-BioNTechPfizer y otro con la farmacéutica china Sinovac para el suministro de vacunas a nuestro país. Las dosis, en cantidad suficiente para inmunizar a casi tres millones de personas, comenzarán a llegar a partir de marzo. O antes quizá, aseguró el mandatario.

Tras cartón, el ministro de Salud Pública, Daniel Salinas y su par de Defensa, Javier García, le hicieron saber que a diferencia de todos los rumores que se difundían desde las filas opositoras, sí, atrás de todo esto existe un plan. Que es sólido y que todas las fuerzas del Estado se encuentran alineadas para llevarlo a cabo.

Desde la reposera en la cual este columnista disfrutaba sus vacaciones, la situación fue como volver a ver aquel viejo comercial de una bebida burbujeante sabor limón que decía: “Alimente esa sed, hasta hacerla insoportable”.

La oposición no pudo haberle preparado el terreno al Gobierno de manera más generosa para dar el anuncio que dio y para, al mismo tiempo, granjearse la desconfianza de todos aquellos que intentamos leer la realidad con los lentes de la sensatez. Tanto la cuarentena obligatoria exigida durante todos estos largos meses de pandemia por varios referentes del Frente Amplio, así como la renta básica tan exigida por Daniel Olesker, las restricciones de movilidad y los tuits borrados de Fernández Galeano, las declaraciones del casi olvidado exministro Astori -recomendando que “el gobierno tiene que gastar más y no tiene que asustarse de gastar más”-, todas parecieron ser las galletas bien saladas que alimentaron la sed insoportable que Lacalle vino a saciar con su refrescante anuncio.

En este verano tan diferente a todos los anteriores, el Presidente mostró no solo tener el temple para bajarse unas olas en la tradicional Playa de los Botes, sino más que nada para no ceder ante la presión de esa horda de gritones que buscaban hacerle perder el equilibrio y tirarlo al agua, dejándolo a merced de las espumas. Tampoco cayó en la tentación de tomar una decisión para la tribuna y sacarse momentáneamente el problema de encima. En cambio, optó por el camino más seguro, generalmente también el más largo.

Mientras digito las últimas letras de este texto escucho en Telemundo al embajador de Rusia en Uruguay anunciar que es posible que se sume a la compra de vacunas, una partida de la Sputnik V. Esta noticia no solo va a alegrar a nuestra Natalia Oreiro, que declaró “si hay que darse la vacuna, me doy la rusa, sin dudarlo”, sino que también le da, a aquellos que aseguran #yonomevacuno para “no favorecer a gobiernos imperialistas”, la posibilidad de recibir su merecida inmunización contra el virus que paralizó al mundo y enlenteció el pensamiento de muchos de sus habitantes. Vacunas para todos o para naides.

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