Agustín Iturralde
Agustín Iturralde

Un poco de perspectiva

No por esperado deja de ser muy duro el dato que se conoció el miércoles de tarde. La economía en 2020 se retrajo 5,9%. Más allá de los datos, todos hemos visto como esta realidad se tradujo en cierre de empresas, pérdida de puestos de trabajo y reducción en los ingresos de los hogares.

Ayer también se sumó el dato de aumento de la pobreza al 11,6%.

Pero pongamos un poco más de contexto y perspectiva a lo sucedido. En la región Uruguay fue el tercer país que menos cayó, solo superado por Paraguay (-1,1%) y Brasil (-4,5%) según los datos del Banco Mundial. Luego viene un pelotón con caídas intermedias: Chile (-6,3%), Bolivia (-6,7%) y Colombia (-7,5%).

La peor parte, sin considerar a la siempre fuera de concurso economía venezolana, se la llevan países como México (-9%), Ecuador (-9,5%), Argentina (-9,9%) y Perú (-12,9%).

El distinto grado de destrucción económica se traslada en distintos grados de deterioro social.

Según la línea de pobreza Cepal (menos exigente que la nuestra) la pobreza en Uruguay habría subido de 3% a 5,1% en 2020; mientras que en Argentina el deterioro la hizo escalar de 27% a 37% en el mismo año.

Por otra parte, el desempeño económico de nuestro país viene siendo muy pobre desde hace al menos 5 años. La economía tuvo un crecimiento anual anémico (que incluyo numerosos semestres de caída). El deterioro del mercado laboral desde 2015 y el aumento moderado de la pobreza desde 2017 son la cara social de esos problemas económicos.

Pero no todas son malas noticias. Si todo avanza como esperamos en junio estaremos en una situación sanitaria mucho más holgada. La mortalidad se habrá reducido y los CTI estarán sin presión. Uruguay llegará unos cuantos meses antes que la mayoría de nuestros vecinos a este estadio, lo cuál muy probablemente tendrá un correlato económico.

Algunos colegas han hablado de un eventual auge de consumo cuando esto termine y de la posibilidad de captar personas y empresas hacia nuestro país.

A esto se suma una situación razonablemente favorable en cuanto a precios de exportación para nuestro país. En otras palabras, hay condiciones para tener un muy buen segundo semestre que nos permitirá recuperar una parte de lo mucho perdido en 2020.

Claro que esto no alcanza tampoco. La pandemia solo desnudó y agudizó problemas que el Uruguay ya traía. Volver a crecer de forma sustentable implicará mucho más que avanzar con la vacunación. Se necesitará remover algunos de los obstáculos estructurales como son los graves problemas de competitividad.

Crecer de forma significativa y sustentable no es un capricho de economistas, es la única forma de distender muchas otras discusiones de nuestro país. El crecimiento por ejemplo alivia los problemas fiscales, distributivos y de recursos.

Llegue o no llegue esa eventual coyuntura favorable el deber del país y del gobierno es, con los recursos que sea que se cuente, procesar algunas de las reformas que permitan retomar una sen- da de crecimiento que el Uruguay hace 7 años no habita.

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