Agustín Iturralde
Agustín Iturralde

La gente es mejor

Más de 1.000 jóvenes se inscribieron para estar a la orden de lo que las autoridades indiquen en medio de esta crisis social y sanitaria.

Trabajadores de la construcción decidieron continuar las reformas del CTI del Pereira Rossell a pesar de que su sector entraba en licencia acordada entre las gremiales y el gobierno. “Techo” pone en marcha una campaña para brindar un kit sanitario con los elementos básicos para protegerse del Covid a 580 familias con las que trabajan. Un grupo de empresas junta fondos para comprar respiradores y equipamiento médico y ya reunieron más de 2 millones de dólares.

Presos de la ciudad de Salto confeccionan tapabocas con el apoyo del Sindicato Único de la Aguja. Supermercados otorgan envíos gratis para las personas mayores de 65 años reduciendo el riesgo al que se exponen. La Facultad de Ciencias y el Instituto Pasteur trabajan a destajo para ampliar la capacidad de testeo al Covid. Más de 150 personas trabajaron 24 horas al día para desarrollar una aplicación que permita un mejor abordaje de la epidemia. Clubes deportivos ponen sus instalaciones a disposición del Mides y del Sinae.

En los barrios surgen respuestas espontáneas que buscan dar una mano a los trabajadores informales que más rápidamente ven afectados sus ingresos. Diversas religiones se unen para dar un mensaje potente de apoyo a las recomendaciones sanitarias y de esperanza. Medios de prensa, que están en medio de su propia crisis económica, abren y dejan gratuitas las noticias sobre el Covid. La facultad de Ingeniería moviliza a su comunidad para fabricar respiradores que puedan ser apoyo al sistema sanitario. Médicos también trabajan para recolectar motores de viejos equipos para automatizar respiradores que apoyen en la emergencia. La UTEC trabaja contra reloj para fabricar insumos médicos que ayuden al combate de la epidemia. Comedores, iglesias, clubes y colegios juntan alimentos no perecederos para dar una mano a las familias más afectadas.

La división a la que intentó jugar una parte menor de la sociedad uruguaya el miércoles de noche no solo es mezquina, sino que no es real.

Unos pocos con algo de influencia en algunos más muy politizados inventaron que el problema era de bandos. Generaron un caceroleo a un gobierno que llevaba 24 días y enfrenta una crisis sanitaria y económica inédita. Otros decidieron responder con el himno nacional y muchos barrios se transformaron en una triste disputa por el espacio público. Todo esto empañando el reconocimiento que miles le hacen a través de aplausos a esa misma hora a los trabajadores de la salud y otros servicios básicos.

A algunos les debe haber causado gracia y a otros pena, pero apuesto que son muy pocos los que creen que es el momento de afianzar bandos. Es de sentido común la necesidad de bajar las armas y poner todos el hombro para que esto acabe de la mejor forma y lo antes posible. Podríamos estar toda la mañana nombrando ejemplos de personas que están ofreciendo su oficio, su empresa, su club o sus manos.

Debemos emprender lo que se viene como una gran empresa nacional. Parece que el promedio de las personas lo entienden mucho más rápido que algunos dirigentes políticos y sindicales.

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