Agustín Iturralde
Agustín Iturralde

Elecciones de medio mandato

Salvo que algo raro haya sucedido tendremos un referéndum para confirmar o derogar los tan mentados 135 artículos de la Ley de Urgente Consideración. Nada de esto es grave ni desleal.

La ley de urgente consideración y el mecanismo de referéndum son parte de las herramientas de los partidos para representar y promover su agenda política institucionalmente. Específicamente la democracia directa es una excelente válvula para canalizar descontentos. En otros países los descontentos (mayoritarios o minoritarios) solo encuentran en la movilización en la calle o en el intento de tirar al gobierno, caminos para oponerse a su agenda. Acá los descontentos se organizaron y fueron por un canal institucional; a su vez el gobierno tendrá una oportunidad para demostrar que su agenda sigue contando con respaldo popular.

Claro que este referéndum tiene una particularidad en comparación al de ANCAP (2003), el de la ley de empresas públicas (1992) o el de la ley de caducidad (1989). En aquellas oportunidades había un tema nítido en la mesa sobre el que se le pedía a la ciudadanía que diera su opinión. Esto facilitaba los desalineamientos partidarios, en temas específicos es más probable que las personas tengan una opinión distinta a su partido.

Esta vez las características de la propia LUC hacen distinto al referéndum. Son muchas y diversas las normas que están en juego. El factor aglutinador de estas es el ser parte central de la agenda que llevó a la coalición al gobierno, simplificando mucho: endurecimiento de algunas medidas de seguridad, mejoras en la eficiencia económica y cambios educativos. El 99% de los uruguayos no están ni a favor ni en contra de los 135 artículos, pero deberán tomar postura globalmente. La discusión será, nos guste o no, si se revalida el apoyo a la agenda de gobierno de la coalición.

Contrariamente a lo que algunos despistados y deshonestos dicen, la LUC no tuvo una sola sorpresa relevante, fue tan solo la puesta en práctica de una parte muy importante del acuerdo político que llevó a la coalición al poder. Y este referéndum no es nada más que un intento legítimo por frenar eso.

Vamos rumbo a una elección de medio término que evaluará la marcha del gobierno. Si bien este no promovió la instancia tiene una oportunidad política. La coalición se aglutinará en la defensa de la LUC postergando los ruidos internos.

La estructura política, de 17 senadores, 56 diputados, 16 intendentes, y varios líderes distintos y relevantes se encolumnarán detrás de una misma causa y recorrerán el país en su defensa. Nadie en la coalición gana nada de una derrota de la LUC. Por el contrario, el fracaso de la derogación será leído como una nueva victoria del bloque.

Claro que también hay riesgos. El primero y más obvio es perder. La caída de la LUC implicaría un duro golpe a un gobierno. Pero el otro, no despreciable, es el freno de la agenda. Sin caer en los pésimos ejemplos argentinos de populismo económico, parece razonable que se eviten medidas con implicancias impopulares antes del referéndum.

En resumen, todos debemos dramatizar menos sobre las estrategias políticas de los adversarios y vivir esto como lo que es: una muy linda instancia democrática en donde la ciudadanía refrendará, o no, una parte central de la agenda del nuevo gobierno.

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