Agustín Iturralde
Agustín Iturralde

Economía de dos carriles

¿Somos un país realmente agropecuario? ¿O eso es un mito? Creo que en el debate público falta un poco de claridad sobre de qué vive el Uruguay.

Un artículo de Noah Smith sobre la política económica de Biden explica la apuesta por una economía de dos carriles: uno más pequeño, dinámico y competitivo internacionalmente; y otro más masivo, empleador y enfocado al mercado interno. Creo que esta reflexión es útil para entender el funcionamiento de la economía uruguaya.

Claro que no hay nada tan original en esto. Los estructuralistas hablan hace muchas décadas sobre la dualidad de nuestras economías. Pero esto era presentado como un rasgo de atraso de economías periféricas. En esta oportunidad quiero reivindicar el concepto como algo no necesariamente negativo.

Por un carril circulan las actividades económicas más dinámicas, sectores dedicados a la producción de bienes y servicios transables para los que somos competitivos internacionalmente. Esto son estratégicos para el Uruguay, pero no son cuantitativamente mayoritarios. Por el otro carril marchan las actividades tradicionales enfocadas al mercado interno en las cuáles se generan la gran mayoría de los puestos de trabajo.

El líder del carril dinámico en Uruguay es sin dudas el sector agroexportador. Contrariamente a lo que alguno todavía repite, se trata de un sector con un uso relativamente alto de tecnología e I+D. Aquí contamos a la industria cárnica, al sector maderero forestal y a la agricultura. Menos significativos, pero sin dudas en este carril está la industria del software, la exportación de servicios profesionales o la industria audiovisual. Explotar mucho más el potencial de este carril es en lo que casi todos estamos pensando cuando aspiramos a una economía más desarrollada.

Pero en el otro carril también pasan cosas importantes. La enorme mayoría de los uruguayos no trabajamos en estos sectores dinámicos y competitivos internacionalmente. Son sectores “menos sexis” los que tienen el rol de distribuir la prosperidad que “traen” al país los sectores del carril dinámico. Es en actividades como la construcción, el comercio minorista, la salud, la educación y los cuidados donde la mayoría de los uruguayos encuentran empleo. También está aquí naturalmente el sector público.

El vínculo entre ambos carriles no es inmediato pero sí evidente. Cuando el carril dinámico comenzó a tener problemas de competitividad entre 2015 y 2017 algunos creyeron que eran problemas de una pequeña elite rural. Pero a partir de 2018 el golpe ya afectaba fuertemente al empleo y, en consecuencia, al ingreso de los hogares y a la pobreza.

Entender esta característica de la economía uruguaya es clave. Es entender que no avanzaremos con un sector no transable que traslada costos excesivos (energéticos por ejemplo) al sector externo. Pero también comprender que no podemos esperar que el carril dinámico lidere la recuperación de empleo.

Generar prosperidad implica posibilitar esta convivencia que volvió a entrar en tensión al menos desde 2015. Un carril interno que pague buenos salarios pero con niveles de eficiencia mayores (educativos, servicios públicos, burocracia, etc.) es clave para el despegue del sector dinámico, pero también para la prosperidad de todos.

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