Agustín Iturralde
Agustín Iturralde

El drama del empleo

En la campaña de 2019 apareció un outsider que prometía 100.000 nuevos puestos de trabajo. Demagogia al margen, esto revelaba que el empleo había vuelto a ser la preocupación central de las personas, tema semiausente en las elecciones de 2009 y 2014.

En el último quinquenio del FA, el mercado laboral sufrió un franco deterioro, llegando a un 10,4% de desempleo en febrero de este año. A esta base con la que partía el nuevo gobierno se sumó el enorme impacto de la crisis global.

Recuperar buenos niveles de empleo será, entonces, la principal batalla que tendrá este gobierno. Para simplificar, hay tres factores críticos que golpean el mercado laboral: economía estancada, problemas estructurales y el Covid. El estancamiento económico fue el detonante de que se vuelva a hablar de la falta de trabajo en el Uruguay. Los problemas estructurales ya estaban ahí, pero la falta de crecimiento desde 2015 hizo que el tema recobrara fuerza. El desempleo asociado a una fase baja de la economía es lo que se conoce en la literatura como desempleo cíclico.

En este sentido, la agenda del gobierno está encaminada en dos frentes. Por un lado están el apoyo e impulso de medidas y a sectores que ayuden a recuperar la actividad y el empleo en el corto y mediano plazo. La concreción de las obras de UPM, la atracción de inversores y residentes del exterior y la ampliación de la Ley de Vivienda Promovida son ejemplos potencialmente significativos que apuntan a la reactivación económica en los próximos años. Sin embargo, serán las tan mentadas reformas pro crecimiento las que pueden realmente mejorar la competitividad de la economía y hacer sustentable mayores niveles salariales y de empleo.

En segundo lugar, tenemos el desempleo “generado” por el Covid. Este fue el último en llegar pero no por eso se irá rápido. De los cerca de 80.000 puestos de trabajo que destruyó esta pandemia no todos se recuperarán cuando se reactive la economía. Esta crisis está actuando como un acelerador de muchas transformaciones: mayor digitalización, incorporación de tecnologías, ajustes productivos en las empresas que comienzan a trabajar con menos personal y actividades económicas de baja productividad que quedan obsoletas, son algunos de los cambios que vienen avanzando.

Cuando la economía vuelva a crecer, tendremos más claro cuántos puestos de trabajo ya no se recuperarán, pero sin duda serán muchos.

Finalmente, y muy asociado fuertemente a estos empleos que el Covid se llevará, aparecen los problemas estructurales del mercado de trabajo. Los empleos que se crean son sustancialmente distintos de los que desaparecen, en particular en el nivel de calificación requerido. Los empleos que desaparecen son de una calificación sustancialmente menor a los que se crean. En un país donde el 60% de los jóvenes no terminan el liceo, esta constatación se vuelve una durísima realidad. El empleo es el gran integrador social. Nada tiene un impacto tan grande en la vida de las personas como tener un trabajo formal y estable. En los próximos meses veremos como la actividad económica se recompone con mucho mayor vigor que el empleo. Será un tema muy recurrente en los próximos años y se nos va la vida en poder ofrecer a los uruguayos empleos dignos.

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