Agustín Iturralde
Agustín Iturralde

Cuba y el debate público

Es más complejo”. Este viejo recurso intenta, a través de alguna verdad (a veces ni siquiera), gambetear el grueso de la realidad para no mirarla a la cara. Claro que es más complejo, todo es más complejo e incluso en una dictadura hay más elementos para analizar.

Pero eso no puede ser una excusa para evitar decir lo obvio.

“Pero de XXX no decís nada”. Este argumento tiene alguna variante más sofisticada como, “no sé por qué hablamos tanto de Cuba habiendo tantos otros problemas en el mundo”. Se trata de un recurso inagotable.

El problema central del argumento es dónde nos deja; si no podemos hablar de una situación gravemente problemática porque hay otras iguales o peores básicamente nada se podría denunciar. Claro que hay mucha hipocresía de unos y otros en los temas que les generan indignación, pero parece un camino muy inconducente cuestionar los motivos del otro y no el fondo de lo que dice.

“No sumamos nada etiquetando”. Me sorprendió lo reiterado de este argumento los últimos días. Según algunos lo de Cuba es preocupante pero deberíamos evitar decir que es una dictadura porque “no aporta nada a la solución”. Quizás quienes se tengan que sentar en la mesa con el régimen que gobierna Cuba deban seguir estas sugerencias, es probable que para ellos sea más provechoso enfocarse en temas concretos. Pero el resto de los mortales ¿por qué no vamos a llamar a una dictadura por su nombre? ¿Para no entorpecer qué? ¿O es para no ofender a alguien?

“Evitemos comprar el relato de ambos bandos”. Por último esto, que como todo lo anterior guarda alguna verdad pero también bastante cobardía. Claro que hay gente tonta y mala en ambos bandos. ¿Alguien cree que en la oposición a la dictadura uruguaya no había gente mala? ¿Y qué? Ser equilibrado en el análisis, o ser centrado, no puede ser estar siempre en el punto medio, eso es pura tibieza.

El equilibrio es buscar matices muchas veces, pero muchas otras es marcar posiciones claras cuando los hechos rompen los ojos de cualquiera que no venga con una mochila previa.

Estos días se habla mucho del consenso. La democracia, tal como la entendemos en Uruguay, es quizás el principal consenso del país. Realmente creo que la mayor parte de nuestro sistema político cree en eso. Pero por algún motivo el tema de Cuba corre del eje y nubla la vista de muchos, y no hablo del Partido Comunista que es evidente que tiene otros valores. Estoy pensando en personas de izquierda que creen y defienden sinceramente la democracia pero con unos problemas insólitos para abordar este tema. El desfile de eufemismos, excusas y verdades pequeñas que vimos estos días fue muy ilustrativo

Cuba fue un faro de esperanza para varias generaciones, una ilusión romántica de que el mundo podía ser distinto. Eso es innegable y no es reprochable. Pero la cachetada es dura, esa ilusión se convirtió en una realidad de pobreza y represión.

El régimen totalitario que gobierna la isla empezó a dar señales de agotamiento casi inéditas. No sé qué pasará, pe-ro los que lo miramos de lejos podríamos intentar soltar las ilusiones fracasadas de generaciones anteriores.

Eso sería un buena forma de hacer lo que escribió un cubano esto días: “apártense a un lado y déjennos hacer nuestra historia”.

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