Agustín Iturralde
Agustín Iturralde

El consenso de la verdad

La salida de la dictadura uruguaya fue compleja y dolorosa. Una salida negociada donde muchas cosas no quedaron claras. Políticos de primera línea que no participaron de las negociaciones, elecciones con proscritos y candidatos presos.

También hubo amnistía y caducidad, caminos polémicos en los que seguimos sin ponernos de acuerdo. Pero hay un tema que teóricamente nos une: la importancia de la verdad.

No sé si había otra salida de la dictadura posible y mejor, lo que si sé es que los arreglos institucionales que nos dimos para volver a la democracia siguen crujiendo. La distancia seguirá agregando perspectiva al tema, pero hay discusiones que seguiremos sin saldar, reproches y cuentas pendientes siguen ahí. ¿Por qué no se juzgó las violaciones de derechos humanos de los militares? ¿No se pudo o no se quiso? ¿El pacto del Club Naval fue el que selló la impunidad o fue la caducidad? ¿Podríamos haber forzado elecciones en 1985 sin proscritos ni presos políticos o era una utopía? ¿Qué responsabilidad cabe a los partidos y a los políticos?

Mucho se escribió y escribirá al respecto por suerte. La realidad es siempre compleja y multicausal, Dios nos libre de verdades únicas.

Pero si hay un tema que se supone no generó diferencias, al menos en lo discursivo nadie se opone: el valor de la verdad, la importancia de conocer y de entender qué pasó. La verdad sana, libera, nos hace humanos y muchas otras cosas ha dicho la filosofía. La verdad ocupa un lugar central en la condición humana, Aristóteles consideraba que quien rechazaba la búsqueda de la verdad se asimilaba a una planta.

Para mí eso es lo más poderoso del 20 de mayo, encontrar un lugar en el que todos debiéramos estar de acuerdo. Conocer qué pasó con esas personas, entender dónde estuvieron y están.

Ninguna razón es válida para oponerse a algo tan simple y profundo.

Uno puede creer que “lo justo” es que no se juzgue un solo crimen de aquella época. No concuerdo pero no hay unanimidades en esto. Pero aun así es difícil entender por qué alguien se opondría a la búsqueda de la verdad. A la necesidad tan humana de saber qué pasó.

La democracia uruguaya tiene una deuda en este tema. Jorge Batlle inició un camino con la Comisión para la Paz con logros muy relevantes, los gobiernos del Frente Amplio avanzaron mucho entrando a predios militares y arrojando luz en algunos temas. Este gobierno viene mostrando una saludable impronta de transparencia. Pero necesitamos más energía y proactividad en la búsqueda de la verdad.

Entonces, si se trata de algo tan simple y básico ¿por qué cuesta tanto transversalizar la causa? Claro que hay gente de todos los partidos que la apoya y marcha, pero lamentablemente esto sigue siendo por demasiados (de uno y otro lado) como algo partidario o al menos “partidizable”.

Ojalá cada año esto pueda ser un poco más de todos. Claro que algunos mezquinos preferirían reservarse para sí el tema, y otros mezquinos, que ven todo en términos tácticos, creen que ceden algo apoyando esta causa aunque reconozcan que la misma es justa. Pero la gente es mejor, las personas son menos retorcidas y prefieren lo verdadero y simple. Ojalá cada año sea más grande el consenso de la verdad.

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