Casilda Echevarría
Casilda Echevarría

Campañas y realidades

Las opiniones de los medios y de los encuestados, guardando respeto a lo políticamente correcto, confundió a la mayoría de la opinión pública y en particular a los encuestadores. Los triunfos de Macri, del Brexit y de Donald Trump parecen indicar que las propuestas contra lo establecido se votan pero no se reconocen.

Las opiniones de los medios y de los encuestados, guardando respeto a lo políticamente correcto, confundió a la mayoría de la opinión pública y en particular a los encuestadores. Los triunfos de Macri, del Brexit y de Donald Trump parecen indicar que las propuestas contra lo establecido se votan pero no se reconocen.

De todos modos, en el caso de Trump el personaje adoptó una actitud poco simpática, por decir lo menos, pero abría la esperanza del cambio hacia la prosperidad, “es la economía estúpido”, mientras su contrincante representaba la continuidad, una economía enlentecida y el fracaso del combate al terrorismo.

Como si la sensación de continuismo no fuera suficientemente negativa para la campaña de la Sra. Clinton, el énfasis en el desprecio hacia los votantes de Trump, llamándolos Red Necks (cuellos colorados), White Trash (basura blanca) o “Canasta Deplorable”, se daba de frente con la pose inclusiva y “políticamente correcta” de defender los derechos de las “minorías” como la comunidad gay, las mujeres y el derecho al aborto hasta los nueve meses de embarazo, apoyando a la asociación Planned Parenthood (paternidad planificada) que los practicaba a diestra y siniestra personificando al moderno Herodes.

Esa dicotomía del desprecio de unos grupos y el apoyo a los que parecen tener mejor prensa no le funcionó, la inclusión ha de ser universal para ser honesta, de otro modo no es más que la discriminación despectiva hacia uno u otro lado, en cualquier caso deplorable.

La Sra. Clinton dejaba que un terrible resentimiento contra Donald Trump por haber tenido éxito en los negocios a partir de la ayuda de su padre fuera evidente, y en general el éxito económico parecía molestarla, lo que también la mostraba en una situación contradictoria con su propia realidad de sólida posición económica, sin contar con las denuncias por la oscura procedencia y la incorrecta utilización de los fondos de la Fundación Clinton.

El mundo está cambiando y ya los simples clichés como los mencionados, que dieron tanto brillo en el siglo pasado y principios de este, parecen pasados de moda. En definitiva, probablemente han sido más estos los argumentos para no votar a Clinton que aquellos que hacían racional el voto a favor de Trump.

En cuanto a Trump, el futuro es más una hoja en blanco que un rumbo trazado. En primer lugar las propias fuerzas contrapuestas dentro del propio Partido Republicano harán necesaria la búsqueda de acuerdos para poder gobernar. En segundo lugar, la segmentada burocracia de los distintos organismos gubernamentales, por cierto muy poderosos, no harán fácil la aplicación de políticas demasiado atrevidas, y ello se vio reflejado en las palabras inclusivas dichas por el candidato electo, una vez conocido el resultado de la elección.

No precisamos que nadie nos explique que las Campañas y Promesas no siempre se hacen Realidades y en este caso sería lo más deseable. Esperemos que la razón prime y Trump se enfoque en hacer crecer la economía de su país sin perjudicar a otros y que su posición hacia la inmigración se centre en los inmigrantes que cometen delitos y no respecto de aquellos que contribuyen, como cualquier nacional, al desarrollo de América.

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