Antonio Mercader
Antonio Mercader

¡Viva la mediocridad!

En nombre de la igualdad, AEBU, el sindicato bancario, convenció al directorio del Banco República de descartar los méritos académicos de los aspirantes a 130 cargos vacantes. La exigencia original del banco era que los candidatos debían tener los seis años de Secundaria completos advirtiendo que el currículo liceal -o sea las notas obtenidas en cada curso- serían tomadas en cuenta en “el primer filtro” del llamado.

En nombre de la igualdad, AEBU, el sindicato bancario, convenció al directorio del Banco República de descartar los méritos académicos de los aspirantes a 130 cargos vacantes. La exigencia original del banco era que los candidatos debían tener los seis años de Secundaria completos advirtiendo que el currículo liceal -o sea las notas obtenidas en cada curso- serían tomadas en cuenta en “el primer filtro” del llamado.

Este último requisito puso a AEBU en pie de guerra. Según el sindicato considerar los méritos académicos de los aspirantes es “elitista” y contrario al principio de igualdad. El ejemplo que ponen es el una madre adolescente que a duras penas pudo completar el liceo y que perdería ante candidatos con mejor escolaridad. Eso debe evitarse, alegan, por lo que de entrada solo debe exigirse liceo completo sin reparar en las notas. Así se lo dijeron al directorio del BROU que, increíblemente, aceptó la objeción.

Así, el “banco país” da la pésima señal de igualar para abajo en nombre de una mal interpretada idea socialista que se trata de imponer desde que la izquierda llegó al poder. No importa que entre los aspirantes a bancarios haya alumnos con más cualidades para ejercer la profesión. El mayor dominio de ciertas asignaturas o la capacidad de esfuerzo reflejada en sus calificaciones no interesan. Secundaria completa y todos parejos.

Para cualquier empresa eso sería un error. Para el mayor banco, que en su publicidad -más que en su gestión real- se jacta de su eficiencia y modernidad, ese llamado a aspirantes desinteresado de los méritos y aptitudes de sus futuros empleados es inaceptable. Podrá decirse que el concurso posterior ejercerá de filtro, pero no basta. Tamaño error solo se explica por el temor reverencial a tener líos con el gremio y así la objeción de AEBU pesa más que la sensatez.

El caso del BROU refleja el descaecimiento de ciertos valores en nuestro país. Los valores del trabajo y del estudio, del premio al esfuerzo y de la competencia sana, se van reemplazando por esa tendencia turbia y mediocre a desconocer la excelencia individual y los méritos personales. Parecería que hay que hacer tabla rasa y no distinguir a nadie porque de hacerlo convertiríamos al Uruguay en una meritocracia, ese sistema que la izquierda asocia al capitalismo salvaje.

No importa que nuestra Constitución diga que se puede distinguir a los ciudadanos por sus talentos y sus virtudes. Tampoco importa que los mejores centros docentes del mundo privilegien los méritos personales y que también lo hagan las empresas más eficientes. Aquí estamos tan en contra de eso que hace poco un maestro y diputado frentista propuso cambiar el régimen de abanderados que rige en las escuelas porque “el problema es que ser abanderado se convierte en una etiqueta que se asocia al éxito”. Y lo peor es que jerarcas de la educación concordaron con él.

Lo más llamativo es que en este mismo país en donde se niegan a distinguir los méritos individuales el vicepresidente de la República, de ideas socialistas, falsamente pregonó durante años no solo que tenía título de licenciado sino que lo había obtenido con medalla de oro. ¿Por qué sería?

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