CRISIS

Torturas y humillaciones en las cárceles de Ortega en Nicaragua

“Asistir a una marcha no nos hace delincuentes”, dice opositora liberada.

Manifestaciones contra Ortega en Nicaragua. Foto: Reuters.
Manifestaciones contra Ortega en Nicaragua. Foto: Reuters.

Carlos, Yolanda y Patricia pasaron varios meses presos en Nicaragua por protestar contra el régimen de Daniel Ortega. Los maltrataron, humillaron y amenazaron con tomar represalias contra sus familias.

La madrugada del pasado miércoles, horas antes de que el gobierno y la oposición reanudaran las negociaciones para superar la grave crisis que vive el país, las autoridades liberaron a un centenar de opositores, de más de 700 detenidos por las protestas.

“¡Alístense que van libres!”, les ordenaron los carceleros. Los subieron a un bus y los llevaron a sus casas, donde les informaron que quedaban bajo arresto domiciliario, sin derecho a salir, trabajar, recibir visitas en algunos casos, en estricta vigilancia y reportes periódicos.

“Nos dijeron que íbamos a ser supervisadas, filmadas, grabadas por medio de teléfonos o vecinos”, cuenta a AFP la estudiante Yolanda Sánchez, en su humilde vivienda del barrio San José Oriental de la capital Managua.
Yolanda, menuda y de 30 años, no se atreve siquiera a salir a la puerta de su casa. “No me siento libre para nada, estamos con más miedo”, dice.

Fue apresada con violencia hace siete meses junto con su hermana Patricia después de asistir a una protesta. Un juez la sentenció a seis años de prisión por portar armas de manera ilegal y fabricar bombas caseras para los manifestantes, cargos que ella rechaza.

Con lágrimas en los ojos cuenta que durante los interrogatorios, oficiales mujeres amenazaron con cortarle las manos, quitarle a su hija y que la violarían. “Para mí fue lo más horrible que he pasado”, relata.

“Asistir a una marcha cívicamente no nos hace delincuentes”, reclama su hermana Patricia, de 33 años, quien tampoco se siente segura en casa.
Un oficial las visitó para advertirles que tienen prohibido recibir visitas.

Patricia, una mujer blanca y seria, recuerda con tristeza a sus compañeras de celda que permanecen encerradas y enfermas por las precarias condiciones de reclusión. Una de ellas padece problemas renales, otra hipotiroidismo, alergias o asma.

Ella compartió celda con la líder estudiantil belga-nicaragüense Amaya Coppens, una estudiante de medicina de 24 años acusada por las autoridades de terrorismo por apoyar las protestas. La joven lucha para no derrumbarse dentro de las sofocantes paredes del penal de mujeres La Esperanza. Amaya “tiene hipertensión, insomnio y dolores de cabeza por el calor, la tensión. Dice que ya no aguanta”, confesó Patricia.

Lejos de su celda, supo que mantenían aislada a la periodista nicaragüense-costarricense Lucía Pineda, directora de prensa del clausurado canal 100% Noticias, de quien escucharon decir en los pasillos que sufre de migrañas.

Para Carlos Silva, basquetbolista de 43 años del barrio San Judas de Managua, el regreso a casa tampoco ha sido fácil. “Todavía no me considero libre, siento como que ahora me van a vigilar más (..) me siento asustado”, declara en su sencilla casa, que construyó trabajando como administrador de empresas para vivir con sus dos hijas y su madre.

A Carlos lo detuvieron en agosto cuando regresaba de jugar básquet. En la temida cárcel preventiva El Chipote lo obligaron a correr desnudo frente a agentes armados. “Creí que me iban a disparar”, relata. Lo condenaron a dos años por los delitos de exposición de personas al peligro y obstrucción de vía, pero afirma que su único pecado fue participar “en casi todas las protestas”.

En el penal La Modelo, al este de la capital, pasó seis meses preso en una celda con otros 130 manifestantes, quienes, afirma, son regularmente desnudados, requisados, insultados y golpeados cuando cantan el himno nacional, símbolo de protesta de la oposición.

Carlos dice que no cree en la voluntad de diálogo de Ortega, un exguerrillero de 73 años que gobierna desde el 2007. La represión a las protestas del año pasado dejaron 325 muertos y miles de exiliados en países vecinos. “Es un dictador, está ganando tiempo”, opina Carlos.

rEUTERS

Demandan liberación de los presos políticos

A pesar de que la justicia de Nicaragua excarceló esta semana a 100 presos políticos, defensores de derechos humanos exigieron al presidente Daniel Ortega que libere al resto para restablecer la confianza. “Esperamos que todos los presos detenidos ilegalmente sean liberados. El respeto de los derechos fundamentales, especialmente la libertad de expresión y reunión, es esencial para restablecer la confianza”, dijo ayer viernes la portavoz de la Unión Europea, Maja Kocijancic. Aún permanecen tras las rejas 566 personas consideradas presos políticos, según organizaciones de derechos humanos.

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