Laureano Büttenbender
La caída en el precio de los granos arrastró a la baja a los arrendamientos rurales, mientras se aguarda que se despejen las principales incertidumbres del mercado para medir el impacto real de la crisis global sobre el precio de la tierra.
La mayoría de los operadores en el rubro inmobiliario rural coincide en que el precio de los arrendamientos de campos con destino a producción ya sintió el efecto de la crisis global.
Más allá de la caída del precio por hectárea, uno de los cambios fundamentales es que se dejó de pagar con dinero y los negocios se hacen sobre una canasta de productos.
Para Luis Bruno, de la firma Bruno, Arrosa y Cía., la venta de campos ingresó a mediados de este año en una meseta en la que se alcanzó un techo en los precios para campos agrícola ganaderos en las zonas con mayor potencial de desarrollo, como pueden ser el norte de Paysandú o el noreste de Cerro Largo. Por otra parte, algunos precios que se pedían por ciertos campos, en algunos casos hasta US$ 8.000 la hectárea, la demanda nunca los avaló, aseguró Bruno.
En cuanto a los arrendamientos agrícola ganaderos, al igual que los forestales, siempre hubo buena demanda, aseguró el operador. "Estamos notando que, si bien por los campos agrícolas había una presión compradora pagando hasta US$ 450 la hectárea, se sabía que estaba comprando espacio pero no un negocio", aseguró Bruno. La tendencia está orientada a hacer los arrendamientos sobre kilos de producto, pagándose en las mejores zonas agrícolas hasta 1.200 kilos de soja, por ejemplo.
Con esta realidad, los arrendamientos agrícolas no se ajustarán por los precios, sino por el producto, o por una canasta de productos, estimó.
A su juicio, debe haber un sinceramiento de los negocios ya que se estaba en una burbuja de precios. Una vez estabilizadas estas variables, la demanda por campos, con el debido ajuste, debería continuar, sin tanta especulación y teniendo como fundamento la rentabilidad. Según la visión de Bruno, "el campo dejará de ser un refugio financiero para ser un espacio comercial".
Todo por grano. Por su parte, Eduardo Caldeyro, de la firma Caldeyro Stajano Negocios Inmobiliarios Rurales, dijo que el valor de los nuevos arrendamientos cayó en forma "automática" acompañando a los granos.
El otro gran cambio, a juicio de Caldeyro, es que "no hay ningún arrendamiento que se haga con plata, todo se paga con grano adecuándose a lo que produce la tierra".
Con este mecanismo, los parámetros que se manejan son de entre 300 y 400 kilos de soja por hectárea en zonas marginales, entre 500 y 600 kilos en zonas medias, como Florida, Flores o Durazno, y 700 a 800 kilos en zonas cercanas al litoral. El operador precisó que siempre hay campos excepcionales en los que se llega a los 900 kilos por hectárea.
Por su parte, Juan José Rodríguez, del escritorio Romualdo Rodríguez, dijo que en materia de venta de campos desde hace 4 o 5 meses los negocios están trancados.
Los arrendamientos están más "difíciles" y ya no se concretan negocios por los valores que se estaban pagando, aseguró el operador a El País.
Baja de 30% en la Argentina
Tras seis años de al-zas, los valores de alquiler de las tierras rurales de Argentina cayeron hasta 30% en lo que va del año, según un informe publicado por el diario El Cronista. La baja en los precios internacionales de los granos, sumada al aumento en los costos de producción, hicieron que el mercado ajustara la variable tierra a la baja.
Las mermas en los precios, hasta ahora, fueron en las áreas con menores rendimientos.