ECONOMÍA DEL CONOCIMIENTO

La “tiranía de corto plazo” que complica a Uruguay y cómo puede zafar de ella

El país debe “mirar a largo plazo” si quiere llegar a ser una economía del conocimiento para alcanzar el desarrollo, según el análisis de expertos.

Científica trabajando en un laboratorio en Uruguay. Foto: Archivo El País
Científica trabajando en un laboratorio en Uruguay. Foto: Archivo El País

Uruguay se enfrenta a “dos grandes caminos” cuya elección será clave para determinar el desarrollo futuro del país, según Ricardo Pascale, reconocido experto en finanzas, doctor en Sociedad de la información y economía del conocimiento y expresidente del Banco Central.

Uno de ellos implica que el país siga por la senda actual, preocupado por cuidar los equilibrios macroeconómicos, con una mirada de corto plazo y el foco puesto en la coyuntura. El otro camino sería salir “con coraje de esta economía gris”, lograr consensos sociales y políticos para poder ingresar en una economía del conocimiento que se enfoque en la innovación, investigación y ciencia para alcanzar el desarrollo.

Por economía del conocimiento se hace referencia a la economía que usa al conocimiento como un elemento fundamental para la generación de valor. La literatura económica ha demostrado que el nivel de innovación y el conocimiento de los países están profundamente ligados al nivel de crecimiento de las economías en el largo plazo.

En este sentido, según afirmó Pascale -en el marco de un evento virtual organizado por la Academia Nacional de Economía-, en los últimos 70 años Uruguay “se ha ido alejando cada vez más” de los países que antes tenía de referentes como Francia, España, Italia. “Hoy la distancia con ellos es muy grande pero lo que más preocupa es que la distancia es cada vez más grande también con países que hasta hace no tanto tiempo eran muy pobres”, como Finlandia, Nueva Zelanda o Singapur, señaló.

El deterioro de Uruguay -según Pascale- se debe a que el país vive “en una tiranía de corto plazo” que le quita todo el tiempo y no permite que las autoridades y la sociedad piensen en el mediano y largo plazo.

“Uruguay no tiene una buena relación con los legados del pasado, ni con los desafíos del presente y el futuro. En el debate (de la sociedad actual) no está presente el futuro, siempre son cosas de la coyuntura”, afirmó. “Si suben los precios (de las materias primas a nivel internacional) nos va a ir mejor y sino peor y esa va a ser la historia del país siempre. Y lo que ocurre mientras tanto es que cada vez más personas se fueron de Uruguay, estamos perdiendo talentos”, añadió.

Para poder crecer y alcanzar el desarrollo es clave tener un nivel de innovación alto, pero para lograrlo “es necesario” generar consensos a nivel social y político y determinar “un rumbo claro” para que Uruguay logre ingresar en una economía del conocimiento, según explicó Pascale. El país “está en óptimas condiciones para hacerlo y ya estamos muy bien diagnosticados” respecto a los desafíos que hay que enfrentar, pero ahora “tenemos que decidir los uruguayos para donde queremos ir”, afirmó el especialista.

Por su parte, el consultor internacional y exdirector para América Latina y el Caribe de la Organización Mundial para la Propiedad Intelectual, Carlos Mazal, reflexionó que la pandemia del COVID-19 tendría que “servir como incentivo” para que Uruguay tome la decisión de apostar por transformarse en una economía del conocimiento. “Lo malo y lo bueno de ser un país chico es que no tenemos muchas opciones y por eso la decisión se tendría que facilitar. Sabemos que tenemos una opción y es abrirnos hacia el mundo y competir. ¿Cómo? Con la economía del conocimiento y con la capacidad que tenemos de alimentar a 30 millones de personas. Ese es nuestro futuro”, indicó Mazal.

En línea con Pascale, el consultor internacional enfatizó en que se deben generar espacios para lograr los consensos necesarios. “Estamos viviendo un momento difícil y se nos está acabando el tiempo. Es el país lo que está en juego, no es cuestión de politizar ni es momento de egoísmos”, sentenció Mazal.

El sentido de urgencia fue compartido también por Carlos Batthyany, director ejecutivo del Instituto Pasteur de Montevideo. “No tenemos más tiempo para perder en Uruguay porque cada vez estamos más separados del mundo real”, afirmó. De acuerdo con Batthyány, Uruguay “debe entender” que los países del futuro son aquellos que logren “transformar el conocimiento que surge de la ciencia, en productos tangibles que puedan solucionar los problemas reales de la sociedad con un gran valor agregado”. En relación a la migración de talento, el director del Instituto Pasteur afirmó que “exportar seres humanos con conocimiento es lo peor que puede hacer un país”.

Para revertir en parte esa situación, Batthyány explicó la iniciativa impulsada por el Pasteur, Lab+ Venture Builder, un emprendimiento que “busca ser un espacio para generar oportunidades” donde se puedan crear y desarrollar empresas de base científico tecnológicas, con foco desde el día cero en el mercado global. El objetivo es transformar en empresas a proyectos de investigación de alto potencial. “Uruguay pudo entrar a competir en las tecnologías de la información, comunicación y software, lamentablemente en las ciencias de la vida no lo hemos sabido hacer y creo que tenemos una gran oportunidad”, indicó Batthyány pero afirmó que “la ocasión hay que buscarla y no esperarla”.

“Recordar quiénes somos los uruguayos”
Pablo da Silveira, ministro de Educación, en entrevista con El País. Foto: Francisco Flores

El ministro de Educación y Cultura, Pablo Da Silveira afirmó que el país aprendió a hacerse la pregunta correcta acerca de cómo las sociedades generan la riqueza que necesitan para asegurar el bienestar de sus miembros. “Nos estamos haciendo la pregunta correcta. Lo que hay que explicar es eso y no el opuesto que es la pobreza. Hay mil maneras en las que las sociedades terminan siendo pobres y de hecho, alcanza con no hacer nada (...) Lo trivial es la pobreza, lo difícil de alcanzar es la abundancia necesaria”, indicó.

En este sentido, dijo que la pregunta “no tiene respuestas fáciles” pero afirmó que “como nunca antes” la innovación y el conocimiento son “factores esenciales” para explicar la producción de la riqueza. Según el jerarca, los procesos de generación del conocimiento se sostienen sobre la base de un trípode cuyas patas son: educación, investigación e innovación y la capacidad de que los uruguayos se vean a sí mismos como agentes de transformación.

“A veces los uruguayos somos injustos con nosotros mismos”, indicó Da Silveira y explicó que ver a Uruguay como “un paisito” es un impedimento para recordar y comprender los logros que ha tenido la sociedad a lo largo de la historia. “Hemos demostrado que somos capaces de innovar en serio, de abrir campos enteros de trabajo y desarrollo del conocimiento y de tener un impacto relevante más allá de fronteras. Tenemos que recordar quiénes somos los uruguayos. Un país que hace eso no es un paisito, es un país”, afirmó.

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