Casona céntrica con asombrosa historia

| Conocido desde 1776 por el Apostadero Naval, reunió una Armada de 116 naves con más de 8 mil hombres

EMILIO CAZALA

El próximo 7 y 8 de octubre celebramos el Día del Patrimonio Nacional y este año está dedicado a recordar la prestigiosa figura del Ingeniero Eladio Dieste, que en el puerto construyó el depósito "Julio Herrera y Obes", hoy la empresa logística Depósitos Montevideo.

Pero si vamos a recordar obras edilicias debemos incluir una casona histórica que no podemos ese día dejar de visitar y sabemos que el Profesor Mena Segarra está haciendo esfuerzos para habilitarla esos días. Se ubica en el centro de lo que en 1776 fueron las orillas del Plata, hoy Zabala casi esquina 25 de Agosto. Allí estuvo lo que fue parte del Apostadero Naval de la España Imperial, visitado luego por Artigas y por muchos otros patriotas y extranjeros de la época que detallaremos.

En esta vieja casona de la calle Zabala entre 25 de Agosto y Piedras, que si tuviéramos conciencia marítima reconoceríamos como conectada con un importante hito marítimo de nuestro pasado, sucedieron muchas cosas importantes que los montevideanos desconocen. Desde esta casona, el comando naval de la flota imperial española gobernó los territorios coloniales de su imperio en América del Sur, incluyendo las Malvinas, para lo cual trajo y se estacionó en Montevideo la mayor armada de todos los tiempos. Por decreto imperial Montevideo fue elegida para ser la sede del Apostadero Naval del Río de la Plata, Patagonia y Malvinas de la Armada Española y a tal efecto llegaron a Montevideo nada menos que 116 buques de guerra que obviamente se administraron logísticamente desde esta humilde casona. Es una historia que comenzó en 1776 y terminó en 1814, cuando se fueron los españoles.

Cada vez que pase frente a esa casona, además de lo que fue y de los navales españoles, recuerde que aquí estuvieron luego Artigas, Garibaldi, Don José Bustamante y Guerra y Don Pascual Ruiz Huidobro y hasta el Virrey Sobremonte. Tampoco olvidamos a Don Mateo Magariños y José Batlle Carreo y también Don Juan Pivel Devoto y otros personajes contemporáneos de nuestra patria y también sus enemigos. Por eso es que próximo a cumplirse una nueva festividad relativa al Patrimonio Nacional Histórico nosotros hacemos esta apelación a que los montevideanos se reencuentren con esta casona que fue algo más que el Apostadero Naval de España. Sus paredes han dado testimonio de hechos que enriquecen nuestra historia. Hoy en día sus corredores, pasillos y salones están vacíos pero fueron testigos de innumerables historias que acaso torcieron el destino de nuestra República y puedo imaginar así las voces españolas con su acento y gracejo especial algunas, que nos acunaron, adoptando cada día solemnes y severas decisiones. En todo esto hay que poner la necesaria imaginación de crear un tiempo, una época, cuyas orillas portuarias llegaban hasta la misma esquina de 25 de Agosto y Zabala.

LO PERSONAL. Todas las semanas casi sin excepción, durante casi medio siglo cuando menos, pasamos por su frente, cuya fachada conocemos de memoria como así también gran parte de su historia que hemos oído en la Academia Uruguaya de Historia Marítima y Fluvial y leído en una publicación editada hace muchos años, cuando el Profesor Don Juan Pivel Devoto era titular del Ministerio de Instrucción Pública si mal no recordamos; viene incluso a nuestra memoria un homenaje con la presencia del Ministro Iturria ofrecido en 1996, al cumplirse los 220 años de esta casona.

TUGURIO. Pero vamos al tema de esta vieja construcción de la calle Zabala que hasta no hace muchos años su estado físico e imagen avergonzaban a la Ciudad Vieja.

Incluso en años pasados llegamos a percibir en tiempos de abandono y tugurio, insoportables olores saliendo de esa construcción, de la que se nos dijo que cuando comenzaron las obras de recuperación se retiraron de allí 35 camiones cargados de basura. Ese edificio ahora ha sido hermosamente recuperado e ingeniosamente decorado y su interior luce pulcro y atractivo, con alegorías históricas, figuras de los reyes católicos en tamaño natural con sus vestimentas y la incorporación de material histórico muy bien logrado. El reciclado ha dejado hábilmente expuestos los auténticos ladrillos de las paredes levantadas por 1700.

Días pasados, el Capitán Silbermann, vicepresidente de la ANP, en una exposición sobre los 90 años del Centro de Navegación rozó un tema que nos pareció importante y es la necesidad de desarrollar "una conciencia nacional marítima" que lamentablemente no la tenemos y olímpicamente despreciamos los más de 1.000 kilómetros de costa de agua que bordea el Uruguay y hasta los testimonios de nuestro pasado. Un aporte positivo entonces es el Día del Patrimonio Nacional.

RECUERDOS. En la esquina de Piedras y Zabala estaba la Caja de Jubilaciones y Pensiones, luego por esa acera hacia el norte venía un edificio de dos pisos con escritorios de rematadores y corredores de bolsa, le seguiría una casa de inquilinato, a continuación el Apostadero Naval, su fachada modificada con tres entradas entonces era en realidad un conventillo, y por último un edificio que se ve en parte hacia 25 de Agosto y a donde íbamos todas las semanas. Era un edificio donde estaban las agencias marítimas A. Gordon Firing, Carlos R. Bianchi, Chadwick Weir y si mal no recordamos la agencia marítima Mann George Depots. En la acera de enfrente el despachante de Aduana Alberto Bergamino y al lado Leindekar y Longobardo, y un poco más abajo el estudio del abogado Aparicio Méndez, que muchos años más tarde sería Presidente de la República. Todo eso fue demolido. En cuanto a la antigua casona, más conocida por el "Barracón de la Marina", fue la sede física del Apostadero Naval de la Armada Española en Montevideo y más tarde fue Aduana y muchas cosas más; la calle se llamaba entonces San Francisco.

De modo que, estimado lector, cada vez que pase por su puerta recuerde que allí estuvieron Artigas, Garibaldi, Don José Bustamante y Guerra y Don Pascual Ruiz Huidobro y hasta el Virrey Sobremonte, Don Mateo Magariños y José Batlle Carreo y otros personajes de nuestra patria y también sus enemigos. Cuando la ciudad cayó en manos de los ingleses el 3 de febrero de 1807 aquí se instalaron los capitanes, oficiales y marinos ingleses que desde este edificio dirigieron su flota durante el tiempo de la ocupación. En una de sus habitaciones, seguramente en su primer piso, Don Andrés Oyarbide realizó las Cartas Marinas del Río de la Plata y es a quien deberíamos recordar mejor.

LA FOTO. Posteriormente el Estado, apremiado por estrecheces económicas loteó la manzana y la familia Figari compró ese y otros solares adyacentes, pero el 9 de noviembre de 1966 el Poder Ejecutivo decidió adquirir el edificio. La foto que publicamos pertenece al Archivo Caruso de El País y debe tener unos 70 años, y difiere de la publicada en aquel libro en cuanto al enfoque de la toma. Por supuesto no es la fachada que conocemos hoy y que no sabemos cuál de las dos es la construcción original. Nuestra foto muestra al frente un cartel donde se lee "se alquilan piezas", se ve también una puerta chica al costado de la principal donde parece instalado un kiosco de venta de cigarrillos, pero un memorioso que nació en el barrio y hoy tiene 88 años dice que en ese edificio hubo hasta un taller de vulcanización de neumáticos para los entonces camiones con ruedas macizas que iban al puerto con sus cargas.

Recientes publicaciones hablan de que allí estaban instalados los tradicionales toneleros y otro memorioso de la actividad portuaria recuerda que la firma Debitonto tuvo allí oficinas y taller, empresa que nosotros conocimos sobre 25 de Agosto. La actual fachada del edificio difiere bastante de la que conocemos como auténtica, pero es posible que la verdadera conformación del frente del Apostadero Español sea el actual y así se ha reconstruido.

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