POLÍTICA MONETARIA

El Banco Central anunció suba de tasas: ¿cómo impacta en el dólar y la inflación?

El Comité de Política Monetaria subió la tasa de interés de referencia de 8,5% a 9,25%; economistas analizan sus efectos

Copom. Foto: bcu.gub.uy
Copom. Foto: bcu.gub.uy

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"No parece haber otra receta seria con la cual apuntar” a reducir las expectativas de inflación de los analistas económicos, más que subir la tasa de interés de la política monetaria, había dicho en entrevista con El País el presidente del Banco Central (BCU), Diego Labat el pasado 2 de mayo.

Eso, sumado al contexto internacional de inflación al alza y a un nivel de actividad económica a nivel local que según Labat “no condiciona la política monetaria” uruguaya, fue lo que llevó a que el Comité de Política de Monetaria (Copom) del BCU decidiera ayer incrementar la tasa de interés de referencia (el “precio del dinero”, es decir lo que pagan los bancos por obtener liquidez a un día de plazo) en 75 puntos básicos al pasar de 8,5% a 9,25%.

En línea con lo anunciado en las dos reuniones anteriores, el Copom señaló en un comunicado que dicho aumento “permite ingresar en la fase contractiva de la política monetaria”.

¿Qué quiere decir esto? El sesgo contractivo plantea la reducción de la cantidad de dinero con el objetivo de contener la inflación. Es decir, se aumenta la tasa de interés para que los bancos atenúen el nivel de créditos. Hasta el anuncio de ayer, la tasa de interés estaba en 8,5%, levemente expansiva, es decir que todavía apuntalaba a la actividad.

La decisión se da en un contexto en el cual tanto la inflación observada como la esperada están por fuera del objetivo del BCU (de entre el 3% y el 7% y de entre 3% y 6% a partir de septiembre de este año). De acuerdo con Labat, “el principal objetivo” que busca el BCU con la suba de la tasa es “reafirmar el compromiso” del gobierno de reducir la inflación y lograr que el indicador se ubique dentro del rango meta. Asimismo, se busca anclar las expectativas de los analistas económicos en el en el mediano y largo plazo, a las expectativas del Central.

El comunicado del Copom señaló además que en las próximas reuniones “se prevén al menos dos aumentos adicionales de 50 puntos básicos”, hasta poder “llevar la tasa de interés a niveles consistentes con la convergencia de las proyecciones del BCU a su objetivo de inflación”.

Entre los factores que llevaron al Copom a tomar la decisión, el comunicado destacó la recuperación de la actividad económica “a niveles por encima de la pre pandemia”, (el sesgo restrictivo de la política monetaria tiene aparejado el riesgo de ralentizar la economía), así como también “la reacción cada vez más contractiva de los principales bancos centrales, en particular la Reserva Federal (Fed) de Estados Unidos” debido a que la inflación en el mundo “continúa sufriendo presiones al alza”.

La economista y socia de Exante, Tamara Schandy dijo a El País que la suba de tasas del BCU “está alineado” con lo que había anticipado el regulador y señaló que si bien “los impactos en la dinámica de precios no son inmediatos”, de todas formas “tiene sentido que se siga avanzando en el proceso de suba de tasas”.

Entre los posibles riesgos de esta decisión, Schandy dijo que “puede haber un costo de actividad”, principalmente porque una suba de tasas impacta en el tipo de cambio, pero señaló que “es un riesgo que el BCU está dispuesto a tomar dada la coyuntura inflacionaria y el desanclaje de expectativas” actual.

En términos de consumo privado, desde PwC, el economista Ramón Pampín señaló que no visualizan que exista “un sobrecalentamiento como para enfriar una dinámica de crecimiento del gasto”. Empero, indicó que la suba de tasas “sí influye” a nivel cambiario. En ese sentido, dijo que si la tasa de interés sube hasta 10,5% (considerando los anuncios de futuras subas), esto “implica una presión a la baja sobre el tipo de cambio, en un contexto en el que la Fed no está siendo tan agresiva”.

Las expectativas de los analistas se mantuvieron estables en mayo

Más que la inflación de corto plazo, la cual está “exacerbada”, según el presidente del BCU, la “principal preocupación” para el jerarca son las expectativas de los analistas y empresarios.

En este sentido, ayer el regulador publicó los resultados de la Encuesta de Expectativas Económicas y de Inflación —correspondientes al mes de mayo—, las que reflejaron una estabilidad en comparación con lo estimado en abril.

Los economistas, consultoras, bancos y AFAP previeron en mediana —se ordenan las respuestas de menor a mayor y se toma la del centro— que la inflación en 2022 será de 8,54%, igual que en la encuesta anterior. Las respuestas variaron entre un mínimo de 8% y un máximo de 9,15%.

La estabilidad también se reflejó en las estimaciones de inflación para los próximos dos años. En concreto, para 2023 los analistas proyectan en mediana que la suba de precios será del 7% (al igual que el mes anterior) y para 2024 prevén que el indicador se ubique en 6,54% (en abril la proyección fue de 6,60%).
Por otra parte, en lo que refiere a la Encuesta de Expectativas Económicas, los resultados reflejaron que los analistas y empresarios prevén en mediana que el Producto Interno Bruto (PIB)_será de 4,23% este año, al igual que lo proyectado en la encuesta anterior.

Asimismo, se mantuvieron sin cambios las expectativas económicas de cara a 2023, año en el que analistas y empresarios prevén que el PIB se expanda 3%.

La proyección del PIB para el año 2024 es que la economía tenga un crecimiento de 2,73%, casi idéntico al 2,70% estimado en la encuesta de abril.

En relación al tipo de cambio, los analistas y economistas consultados por el BCU creen que el dólar se ubicará en $ 42,45 en los próximos seis meses y creen que cerrará el año en $ 43,21. Para abril de 2023 esperan que la divisa sea $ 44,02 y para fines del próximo año prevén que se ubique en $ 45,20.

Por su parte, el economista del Centro de Estudios para el Desarrollo (CED), Ignacio Umpiérrez manifestó a El País que el cambio “hacia una instancia definitivamente contractiva de la política monetaria es consistente con el actual dinamismo de la actividad y el empleo y sus respectivos cierres de brecha de capacidad”.

En relación al impacto de esta decisión en el tipo de cambio, Umpiérrez señaló que la suba de tasas “podría inducir cambios de portafolio (en las inversiones) y debilitar el tipo de cambio”. No obstante, precisó que “no se observan fenómenos de carry trade” (esto es un aprovechamiento por parte de inversores de las diferencias en la tasas de interés de una moneda y otra) y dijo que los datos de tenencia de Letras de Regulación Monetaria (LRM) de (inversores) no residentes “son contundentes al respecto”. Asimismo, señaló que hasta el momento “los cambios de portafolio de dólares a pesos de las Afaps han sido marginales en el primer cuatrimestre” y que en términos generales, el tipo de cambio en Uruguay “se ha movido en base a fundamentos (mayores precios internacionales) y la flotación ha sido sin intervenciones del BCU”.

Sobre el objetivo del regulador de anclar las expectativas de inflación, el economista del CED dijo que “se busca que los agentes (económicos) internalicen la instancia de la política monetaria” y por ende anclen sus expectativas al rango deseado por el gobierno. En este sentido, dijo que esto “no es un capricho de la autoridad monetaria, sino que lo que se busca es lograr minimizar los costos reales de la suba de tasa”. Es que cuanto más desancladas estén esas expectativas “mayor deberá ser la suba de tasa” de interés, fenómeno que “obviamente tiene costos en términos de actividad” económica, dijo Umpiérrez.

En tanto, desde CPA Ferrere, el economista Giuliano Cantisani señaló que el “principal riesgo” a partir de esta suba de tasas de interés es la “descoordinación de las políticas macroeconómicas, en tanto la política monetaria tiende a ser más contractiva mientras que se suman presiones para que la política fiscal y la salarial se vuelvan expansivas”. Según Cantisani, “esto obligará a la política monetaria a hacer un mayor esfuerzo para conseguir anclar las expectativas dentro de los objetivos fijados” por el BCU.

A diferencia de lo que afirmó el Copom, para CPA Ferrere “dadas las actuales expectativas de inflación a 24 meses” (horizonte de política monetaria), las cuales se encuentran en torno al 8%, la tasa de interés de referencia actual “aún no sería contractiva, aunque se acerca a su nivel neutral”. En este sentido, Cantisani dijo que la política monetaria se volvería contractiva cuando el Copom anuncie las dos subas adicionales de 50 puntos básicos y si no hay “cambios drásticos en las expectativas” de los agentes económicos. Mientras tanto, la suba anunciada ayer “marca una continuidad del camino hacia una política más contractiva que había emprendido el BCU desde agosto del año pasado”, indicó el economista de CPA Ferrere.

En relación a los efectos más inmediatos de la decisión del Copom, Cantisani dijo que estos se verán en el tipo de cambio a partir de un fortalecimiento de la tendencia de apreciación del peso uruguayo, fenómeno que se observa desde inicios de este año. “A nivel agregado, por el momento esto no representa una amenaza, dados los altos precios de exportación y la evolución similar observada en otras monedas emergentes”, indicó el economista de CPA Ferrere. No obstante, advirtió que “algunos sectores exportadores de servicios o de inserción regional sí se ven amenazados por la inflación en dólares”. Sobre este punto, dijo que es “particularmente relevante” para el sector turístico así como también para el comercio de frontera, aunque no se ven “mayores consecuencias” sobre la actividad.

Por último, Cantisani evaluó que la caída del dólar “ha ayudado a amortiguar presiones” sobre los precios de los bienes transables, es decir, aquellos que se comercializan a nivel internacional. “En particular, los electrodomésticos y los vehículos han reducido su precio en las últimas mediciones del Índice de Precios del Consumo, mientras que ha mitigado el traspaso de los precios internacionales al mercado local”, concluyó.

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