FINANZAS DE BOLSILLO

Dos cálculos simples para poder organizar mejor las finanzas personales

¿Cómo aplicar en forma cotidiana dos cálculos vinculados a ingresos y gastos que seguramente tendrán efectos muy positivos?

Billetera con dinero. Foto: Archivo El País
Billetera con dinero. Foto: Archivo El País

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Combinar las palabras “finanzas” y “cálculo” en un título no es lo más aconsejable: uno corre el riesgo de que muy poca gente se anime a leer la nota. Ocurre que la comodidad a la que estamos habituados genera un obstáculo que la mayoría prefiere no saltar. Pero si una persona piensa que entender de finanzas es complicado, cuando se le habla de calcular, corre espantada a refugiarse en el celular. Siempre es más fácil mirar durante horas publicaciones en las redes que ponerse a pensar.

No obstante, si llegaste hasta acá, eso demuestra que el interés por aprender puede más que la inercia del sistema que lleva a una feliz y despreocupada ignorancia financiera.

Le asignás un valor al conocimiento, especialmente cuando se vincula con el capital y el tiempo.

En este Finanzas de Bolsillo, vamos a explicar de la manera más sencilla posible dos cálculos para organizar las finanzas personales. Lo mejor de todo es que esto se va a poder aplicar apenas finalice la lectura.

Para eso nos vamos a apoyar en los cuatro pilares que componen esta disciplina: Ingreso, Gasto, Ahorro e Inversión. Para eso antes es importante saber distinguir los activos que se aprecian con el tiempo de aquellos que se deprecian. Se trata de la puerta de entrada a los buenos negocios.

Hoy nos concentraremos en las ideas de ingreso y, nuevamente, gasto.

Desmenuzando ingresos.

Es ingreso todo dinero que entra a tus bolsillos con cierta frecuencia, aunque esté poco tiempo en tu órbita porque deba salir de inmediato para pagar bienes, servicios o deudas.

Pero que todo dinero que entra sea ingreso no significa que exista una sola categoría de dinero, sino que lo podemos clasificar en seis categorías distintas.

De hecho, aprender a diferenciar entre las distintas formas de ingreso constituye el primer paso en la búsqueda de la independencia financiera. El ingreso lineal es sin dudas el más popular y, en general, el menos redituable.

Pero para simplificar este asunto, vamos dividir el Ingreso Total (IT) en dos categorías: Ingreso Activo (IA) e Ingreso Pasivo (IP), donde IT = IA + IP (tus ingresos totales son iguales a tus ingresos activos más tus ingresos pasivos).

¿A qué llamamos Ingreso Activo? A todo ingreso que requiera tu presencia en el lugar de trabajo o de manera remota. La regla es simple: si no trabajás, el ingreso no se produce.

El Ingreso Pasivo, por el contrario, se genera luego de una inversión de tiempo o dinero que se realiza por adelantado. Puede tratarse de inversiones financieras, estructuras automatizadas de servicios que se venden por Internet, bienes que se alquilan, etc. Tu presencia en el momento no es necesaria para generar los ingresos.

Hecha esta distinción, un paso importante consiste en conocer la ponderación de cada tipo de ingreso en el Ingreso Total. Para ello debemos dividir IA por IT (la cuenta sería IA/IT) y luego dividir IP/IT. De esta forma, sabremos con exactitud qué porcentaje del IT corresponde a cada ítem.

Calculadora. Foto: Unsplash
Calculadora. Foto: Unsplash

Vamos con un ejemplo:

IT = 95.000 pesos ---- IA = 82.000 pesos ---- IP = 13.000 pesos

82.000 (IA) / 95.000 (IT) = 0,86 y 13.000 (IP) / 95.000 (IA) = 0,14

En este caso, el 86% del ingreso total corresponde a ingresos activos y solo el 14% a ingresos pasivos, lo que significa que la mayoría de los ingresos los generamos si y solo si trabajamos en el momento y no con trabajo pasado que seguimos explotando.

Ante este dato, como meta tangible, mensurable y alcanzable podríamos proponernos para los próximos meses hacer que los IA bajen al 80% y los IP suban al 20% de la ponderación de IT para contar con más tiempo libre, lo que a su vez nos permitirá pensar y diseñar otras formas de generar IP.

Organizar los gastos.

Es gasto todo lo que sale de tus bolsillos para la compra de bienes o servicios que se consumen en el momento o con el tiempo, mientras que es inversión aquel gasto que genera un ahorro presente o futuro.

La idea en este punto es que puedas dividir Gastos Totales (GT) en Gastos Fijos (GF) y Gastos Variables (GV) para saber con exactitud en qué se te va el dinero todos los meses y puedas ajustar las tuercas para reducir los GT, de modo de generar excedentes (ahorros) que faciliten la inversión.

Básicamente, GF son todos los gastos mensuales que inevitablemente debés afrontar. Hablamos de la comida, los gastos en vivienda, el celular, el transporte, etc.

Por otro lado, GV son los gastos mensuales optativos, como esparcimiento, ropa, los denominados gastos hormiga, etc.

Vamos con otro ejemplo:

GT = 69.000 pesos ---- GF = 39.000 pesos ---- GV = 30.000 pesos

39.000 (GF) / 69.000 (GT) = 0,56 y 30.000 (GV) / 69.000 (GT) = 0,46.

El resultado nos indica que los GF representan el 56% de los GT, mientras que los GV tienen un 46% de ponderación en los GT. El objetivo entonces pasaría por bajar 10% los GV y 5% los GF (cuya reducción, por lo general, suele resultar más difícil) para alcanzar o mejorar la meta de ahorro.

Conclusión.

Los cálculos que proponemos en este Finanzas de Bolsillo son realmente muy sencillos y su aplicación cotidiana tendrá seguramente efectos muy positivos en tus finanzas personales.

Lo más probable sea que ignorarlos implique abrazar la anarquía financiera, donde manda la intuición y te vestís de bombero de tus propias finanzas: vivís apagando incendios.

Con temas unas veces más complejos y otras mucho más sencillos, seguiremos proponiendo desde este espacio conceptos, ideas y estrategias para que construyas una economía doméstica cada vez más eficaz, al servicio de tu bienestar y también de tu tiempo.

Ahora a pensar: ¿qué resultados arrojan tus cálculos financieros? ¿Solo IA? ¿Algo de IP? ¿Y por el lado de los gastos? 

Foto: Pixabay
Ahorro. Foto: Pixabay

Ahorrar para lograr seguridad económica

Si queremos velar por nuestra salud financiera, lo primero que debemos hacer es generar un ahorro de emergencia equivalente a seis meses de nuestros ingresos.

Luego debemos aprender a discernir entre los otros tres objetivos de ahorro existentes, de manera tal de poder redefinir nuestras metas.

Uno es el ahorro para seguridad: el monto a conservar equivale a más de un año y medio de ingresos.

Lego está el ahorro para consumo: el objetivo puede consistir en mejorar nuestra calidad de vida comprando ropa, tecnología, viajes, etc.

Y, por último, el ahorro para inversión o emprendimiento: nos permite generar ingresos pasivos. Son, esencialmente, liberadores de tiempo, puesto que nos habilitan a trabajar bastante menos.

El ahorro es un tema de hábitos y, como todo nuevo hábito, puede resultar un poco más trabajoso al principio, pero luego nuestra mente se acostumbra y lo practicamos sin siquiera pensarlo.

Cuidar nuestro capital y acumular deudas son caminos diametralmente opuestos. Endeudarse y terminar pagando intereses usureros implica descuidar lo que tenemos. Si vemos a alguien que derrocha, quizás busque aparentar felicidad mientras oculta problemas financieros presentes o futuros.

¿Cuántas horas por día trabaja alguien que gana mucho dinero? ¿Qué relación mantiene esa persona con sus ingresos, en términos de ahorro y disfrute del dinero obtenido?

En finanzas personales, cuando hablamos de “ganar” nos referimos a los ingresos. Esos ingresos pueden ser generados de tres maneras distintas.

La primera manera es con el cuerpo: se gana dinero de esta forma cuando se generan ingresos de manera activa, debiendo pasar X cantidad de horas por día en la oficina o en home office conectados a la computadora y el celular.

Segunda opción: con ideas. Se pueden generar ingresos de manera pasiva o semipasiva a través de ideas monetizables y aprovechando las ventajas de Internet.

Tercera opción: los ingresos pueden ser generados con inversiones. Es la generación de dinero con dinero que ya se poseía. Es una fuente de ingresos pasivos que puede conseguirse capacitándose y aprendiendo sobre el tema, apelando especialmente a colocaciones de largo plazo.

Esta distinción nos permite comprender que no basta saber cuánto gana alguien para conocer su relación con los ingresos, sino que debemos saber cómo genera esos ingresos.

Entonces, más allá del monto que nos fijemos como objetivo, es recomendable apuntar en el largo plazo a la fórmula del 20/20/60.

¿De qué se trata? Un 20% de los ingresos son generados con el cuerpo, otro 20% con ideas y el 60% restante (la parte principal) con inversiones del capital que ya poseemos y seguimos incrementando.

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