TALENTOS

Un gerente de Recursos Humanos libre de prejuicios y una reunión que le cambió la vida

Una visita de una persona en situación de calle, llevó a este exgerente de RRHH a emprender en una firma libre de prejuicios.

Jorge Luis Borge
Jorge Luis Borge, creó una empresa libre de prejuicios, su entonces jefe Miguel Ángel López, lo ayudó. Foto: La Nación / GDA

Una tarde, a Jorge Luis Borge le sonó el teléfono de su oficina. Era el empleado de Seguridad. Llamaba para informarle que en el hall de entrada había una persona en situación de calle y que él se disponía a sacarla.

—¿Qué quiere? —preguntó Jorge.
—Pedir trabajo —respondió el empleado.
—Entonces que pase —le indicó en su rol de gerente de Recursos Humanos.
—Pero tiene olor —agregó el empleado.
—No importa, que pase igual —insistió Borge.

El hombre se llamaba Aníbal y estuvieron hablando como una hora y media. Hoy, una década después, Jorge recuerda detalles de aquella charla. “Aníbal había tenido una familia, me contaba cosas de vivir en la calle, de no tener a veces para comer o de tener que ir a paradores. Me decía: ‘yo estoy para hacer otras cosas y no encuentro las oportunidades’. Era muy injusto porque todos necesitamos que nos abrieran una puerta en algún momento”, reflexiona.

Aquel día, Borge terminó de comprobar esa certeza que venía rumiando desde hacía un buen tiempo. Que, en las empresas tradicionales, el término “Recursos Humanos” no hace referencia a todos los seres humanos, porque hay que contar con ciertas credenciales –no al alcance de cualquiera– para ser parte.

Que las cosas fueran de esa manera, le generaba dos conflictos. El primero tenía que ver con que él no estaba de acuerdo. Y ese desacuerdo desencadenaba el segundo conflicto: él era gerente de Recursos Humanos.

Así que, ese día, Jorge empezó a soñar con un emprendimiento muy particular. Una empresa que pusiera foco, justamente, en quienes, a la fuerza, tuvieron que especializarse en gestionar rechazos a la hora de pedir trabajo. Hacerlo requeriría tiempo y energía, así que entendió que debía desvincularse de Next, la empresa en la que trabajaba, aunque no contara con un respaldo económico para comenzar algo desde cero.

“Cuando le fui con la idea a quien era mi jefe, primero pensó que le estaba contando un plan a mediano plazo. Pero le dije que quería empezarlo lo antes posible, así que pensaba renunciar a mi puesto de gerente. El tuvo un acto muy generoso porque me dijo: ‘Bueno, renunciá si querés y yo te contrato por un año y medio como consultor’. Casi como que me inventó un puesto. Eso me permitió solventarme hasta que mi empresa dio sus primeros pasos”, rememora.

Aquel jefe es Miguel Ángel López, el CEO de la empresa en la que Jorge trabajaba. El vínculo laboral entre ambos había arrancado en 2008, cuando Borge ingresó a Qualytel – Next Latinoamérica, una empresa de call centers, como gerente de Capacitación y Desarrollo. Al poco tiempo, la firma se dividió entre los socios –López era uno de ellos– y él continuó en Next, la compañía de este último, orientando sus funciones al área de Recursos Humanos.

Allí donde hubiera alcanzado para estar dentro de la ley con aceptar la renuncia de su gerente, Miguel decidió dar un paso más y facilitarle, en términos económicos, la salida. Ese empujón le dio a Jorge el impulso necesario para iniciar Gestiones Solidarias, una empresa por la que ya han pasado unas mil personas a lo largo de estos diez años. Orientada a la limpieza desde su nacimiento, este año sumó dos unidades de negocio: mantenimiento y agencia de empleo. Su perfil de empleados hace foco, esencialmente, en las poblaciones que cuentan con menores chances de obtener un trabajo en blanco, más que nada, porque sobre ellas pesan ciertos prejuicios.

Pero, en aquel momento, nadie podía predecir el impacto que tendría aquel gesto. Y hoy, por primera vez, Miguel tiene la oportunidad de verlo. Estamos en un galpón ubicado en Tigre. Es jueves por la tarde y, afuera, el frío se hace sentir a pesar del sol brillante y el cielo completamente celeste. Varias decenas de personas vestidas con ropa de trabajo y cascos rojos, guardan alimentos en cajas. Jorge le cuenta a Miguel –ambos con cascos amarillos– que algunos son hipoacúsicos, otros cargan un pasado en la calle y otros, han estado privados de su libertad, pero ya pagaron su deuda. Todos son empleados de su empresa.

Miguel tiene realizado ante sus ojos lo que hasta ese momento solo había conocido a través de las palabras de su exempleado, cuando apenas era un sueño. Ver cuán fructífera fue la ayuda que le brindó hace una década, es algo que parece tomarlo por sorpresa. “Me genera una enorme satisfacción y una gran alegría. Que a la buena gente que tiene ganas de laburar y buenas ideas, le vaya bien, es una satisfacción”, asegura.

Miguel Ángel López y Jorge Luis Borge
Miguel Ángel López y Jorge Luis Borge en la empresa de este último. Foto: La Nación / GDA
CLAVE

El imaginario social y la realidad: oportunidades

“Hay prejuicios que están en el imaginario social que no se condicen con la realidad. ‘Esta gente no quiere trabajar’ o ’Viven de planes’. Ahora mismo hay catorce personas con discapacidad auditiva trabajando, de las cuales once ya tenían su pensión por discapacidad y decidieron renunciar a ella. Cuando escucho a gente que repite prejuicios, yo les pregunto: ¿A cuántas de esas personas les diste oportunidades? ¿Cuánta gente conocés que es realmente lo que dice un audio de Whatsapp que se viraliza? ¿Estuviste con ellos, fuiste tutor de alguien?”, afirma Jorge Borge, desde su base de operaciones en Tigre, en la sede de Cook Master, empresa con la que comparte la filosofía de la inclusión y con la que tiene algún proyecto común.

(En base a La Nación / GDA)

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