Premio Pulitzer por el caso del film Spotlight

Walter Robinson: “La libertad de expresión está bajo ataque”

Cree que Trump ha sido el “santo patrón” para el periodismo de EE.UU.. Pero teme que haya legitimado a dictadores y autócratas, a la vez que alerta por el futuro de la democracia sin un periodismo potente.

Foto: Gentileza Walter Robinson
Foto: Gentileza Walter Robinson

Hay pocos indiscutibles en el periodismo hoy. Uno de ellos es Walter Robinson. El público internacional lo conoció luego de que la película que narró su investigación en torno a los abusos de sacerdotes católicos en Boston, ganó el Oscar. El filme se llamaba “Spotlight”, el nombre de la unidad investigativa que comandó por años en el Boston Globe, y su cara a partir de allí se confundió para siempre con la de Michael Keaton. Pero Robinson es mucho más que Spotlight. Hoy, vuelca su experiencia enseñando periodismo en la Universidad de Arizona State. En clases donde su vozarrón y personalidad provocadora son una característica tan particular, como la inagotable cantera de historias, que suelen implicar al quien es quien de la política americana de las últimas décadas. Su visión sobre el periodismo de hoy, es tan desafiante como imprescindible.

-¿Cuáles son los principales dilemas éticos que enfrenta el periodismo hoy en día?

-En momentos en que los recursos para el periodismo de calidad se achican, se vuelve más difícil interpelar y someter a contralor a los que están en el poder, que es el principal rol del periodismo. Ese tipo de trabajo requiere tiempo y es caro. Y a medida que los editores deben trabajar con presupuestos más y más acotados, tienden a derivar hacia historias más livianas y menos rigurosas, pero que atraigan atención de manera más rápida. Es la droga del periodismo del siglo XXI. Nuestra principal obligación es ser los ojos y oídos del público, y proveer de información veraz sin la cual la democracia no puede sobrevivir. También es nuestra responsabilidad informar las noticias de manera justa y honesta. El rol de los periodistas es caminar el camino del medio de la calle, y disparar a las ventanas de ambos lados de la misma.

-Hay quienes sostienen que Trump ha sido a la vez una bendición y una pesadilla para el periodismo. ¿Cual cree que va a ser el legado de la era Trump?

-En cierto sentido, Trump ha sido el santo patrón de la Primera Enmienda (la disposición constitucional de EE.UU. que consagra la libertad de expresión). Su desprecio por los procesos democráticos y la prensa libre han despertado al perro guardián que parecía dormido. Ahora todos ladran. Pero su ataque irresponsable a la prensa, calificándola como “enemiga del pueblo” ha minado la confianza pública en los medios, y ha empoderado a dictadores, autócratas y ultranacionalistas alrededor del planeta, que se han sentido legitimados para amenazar e intimidar a la prensa, imponiendo límites a lo que se puede publicar, y en ciertos países poniendo en la cárcel o hasta matando periodistas.

Ícono del periodismo de investigación

Walter Robinson fue soldado en Vietnam, cubrió la Casa Blanca en las presidencias de Reagan y Bush padre, la Guerra del Golfo, y destapó una de las mayores historias de arte robado durante la Segunda Guerra Mundial. Lideró durante años la temida unidad de investigación del Boston Globe, con la que ganó un Pulitzer por el caso que destapó los escándalos sexuales de curas católicos. Hoy es profesor y editor honorífico del Globe

-El periodismo parece estar en medio de un fuego cruzado hoy, pero en tiempos de “fake news” y postverdad, su trabajo parece más necesario que nunca. ¿Es el periodismo de hoy lo suficientemente bueno como para enfrentar estos desafíos con éxito?

-En algunos lugares, como Washington, existe una prensa robusta y una dedicación a las historias de fondo que ha expuesto numerosos desvíos del gobierno. Pero en la mayoría de los Estados Unidos, las organizaciones periodísticas tienen cada vez menos recursos para informar sobre los hechos verdaderos. La falta de información confiable es la mayor amenaza que enfrenta hoy la sociedad moderna para continuar con un sistema democrático viable.

-¿Cómo es que políticos y empresarios pueden salirse con la suya mintiendo de manera tan notoria hoy en día, a la vez que el público parece tan hipercrítico de los medios de comunicación?

-Ocurre que demasiadas veces, la gente es ignorante sobre lo que hace su propio gobierno, y a medida que Estados Unidos se ha vuelto más polarizado, cada vez son más proclives a creer lo que quieren escuchar, sin importar si es verdad o mentira. Los políticos que simplemente no pueden decir la verdad, como Trump, son respaldados por sus seguidores más fanáticos. Pero una creciente mayoría de la población desaprueba al presidente y las cosas que dice.

-¿Cómo debería reaccionar un periodista ante las críticas que vienen de las redes sociales acerca de su trabajo? ¿Debería tomarlas en serio o ignorarlas?

-El periodista debería enfocarse en destapar los hechos e informar sobre la verdad, sin importar las reacciones en las redes sociales. A la vez, las organizaciones periodísticas deben defender vigorosamente los hechos que reportan sus periodistas, para que las narrativas falsas no puedan prosperar.

- Trump suele acusar a los medios de hacerlo quedar mal. ¿Es posible que hoy en día un medio de prensa pueda pintar una realidad tan alejada de la verdad?

-Sí, es posible mostrar una imagen que distorsione la realidad. Y, lamentablemente, sucede de vez en cuando. Pero la verdad suele ser más extraña que la ficción. La mayor parte de las noticias sobre Trump son verdad. Incluso las que él tacha de “fake news”. No es que los medios de prensa hagan quedar mal a Trump. Son los hechos reales los que lo hacen quedar mal.

-¿Pareciera haber una nueva sensibilidad en las sociedad occidentales, el lenguaje, que es la herramienta de trabajo del periodista, se ha convertido en un campo de batalla. ¿Ha cambiado tanto la sensibilidad social? ¿O se trata de un activismo político que a través de las redes sociales busca imponer formas de autocensura a los periodistas?

-Lamentablemente en Estados Unidos estamos viendo que la libertad de expresión muchas veces está siendo atacada, incluso en los campus universitarios, donde la búsqueda de la verdad debería habilitar el más amplio intercambio de ideas, incluso de ideas que son impopulares. Al mismo tiempo, hay gente que usa las redes sociales para acallar las voces distintas a las suyas. En cierto modo la gente se ha retirado a sus rincones donde solo intercambia con gente que comparte sus misma ideas, y temen pagar un precio demasiado caro por entablar un debate razonable en el centro ideológico, el cual se ha vuelto un lugar bastante solitario.

-Usted es una figura referencial en el periodismo de investigación. ¿Es este tipo de periodismo todavía una buena inversión para las empresas de medios?

-Por supuesto. El público dispuesto a leer artículos en profundidad de investigación ha venido disminuyendo desde hace ya un tiempo. Pero un porcentaje importante de la población sigue buscando ese tipo de periodismo. Y cuando las organizaciones de medios preguntan a sus audiencias qué es lo que más valoran, la respuesta es siempre el periodismo de investigación. Esto se ha potenciado aún más desde que Trump llegó a la presidencia.

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