BRASIL

Violencia en Brasil: "Somos cordiales, somos salvajes"

Está entre los diez países considerados más peligrosos.

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Cárceles: desde hace semana, es el centro de la guerra narco. Foto: Reuters

Los brasileños discuten cómo frenar la aterradora ola de violencia que azota al país, dentro y fuera de las cárceles, con propuestas que van de despenalizar el uso de drogas a reforzar el arsenal represivo.

No pasa día sin que la capacidad de espanto se vea desbordada.

Ajustes de cuentas con decapitaciones, asesinatos de agentes y represalias masivas compiten en los titulares con los avatares del escándalo de sobornos en Petrobras.

La guerra entre facciones de narcotraficantes en las cárceles dejó desde inicios de año cerca de 140 muertos, con grandes masacres en los Estados de Amazonas, Roraima y Río Grande do Norte.

Con una tasa de 21,2 asesinatos con arma de fuego cada 100.000 habitantes, Brasil se halla entre los diez primeros países donde es más peligroso vivir, según el "Mapa de la Violencia 2016", publicado por la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso).

Ese promedio, que era de 20,7 en 2012, superaba al de México, de 13,6; en Estados Unidos era de 3,6 y en ningún país de la Unión Europea se situaba por encima de 0,5.

Casi un millón de personas (967.851) fueron asesinadas en Brasil entre 1980 y 2014.

Datos que llaman la atención en un país "sin conflictos fronterizos o de religión y sin guerra civil", apuntó el autor del Mapa de la Violencia, Julio Jacobo Waiselfisz..

"Somos cordiales, somos salvajes", tituló este lunes una columna del diario O Estado de São Paulo firmada por el exdirector de política económica del Banco Central, Luis Eduardo Assis.

Assis evoca el clásico "Raíces de Brasil", en el cual el historiador Sérgio Buarque de Holanda definía en los años 30 al brasileño como el hombre "cordial". Pero esa "cordialidad", lejos de ser un valor, "representa (...) nuestra incapacidad de forjar reglas e instituciones, nuestra reluctancia a separar el interés público de los intereses privados", afirma el editorialista.

"Hay en América Latina en general (...) una cultura de la violencia" que alcanza "un nivel epidémico" en Brasil, sostiene Waiselfisz. "Y como en cualquier epidemia, no tiene causas evidentes: donde existe una brecha, se introduce", agrega, al descartar que la crisis económica o las drogas sean los factores determinantes de la sangría.

El desempleo "incentiva los crímenes contra la propiedad" pero tiene que pasar bastan- te tiempo para provocar un aumento de crímenes contra la vida, explica. En cuanto a las drogas, "hay intereses de ciertos sectores" en identificarlo como el problema esencial, porque mientras prevalezca la estrategia represiva "se movilizan recursos para el sistema de seguridad".

"No niego que las drogas sean gran parte del problema, pero ¿por qué un país con menos (porcentaje de) consumidores que Estados Unidos, Noruega o Suecia tiene esa tasa de asesinatos?", se pregunta.

Waiselfisz ve en cambio una posible correlación entre nivel educativo y criminalidad. "Por cada muchacho de 17 a 19 años con estudios secundarios completos que muere asesinado, hay 66 (asesinados de esa edad) con menos de tres años de estudio", expone. "La pregunta que debemos hacernos es si hacen falta más cárceles o más escuelas", afirma.

Las masacres en las cárceles volvieron a dar fuerza a las propuestas de despenalizar la marihuana u otros narcóticos, dado que en las hacinadas prisiones brasileñas conviven meros infractores a las leyes de consumo con asesinos consumados. "Son una universidad del crimen", define el analista.

El ministro de Justicia, Alexandre de Moraes, admitió que más de la mitad de los reclusos nunca cometió crímenes graves. "En Brasil, históricamente, se encarcela mucho y se encarcela mal", declaró.

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