Récord de viajeros británicos pese a violencia y recomendaciones del Gobierno

El turismo extremo en Afganistán

Cada vez más turistas, sobre todo británicos, desafían la suerte sin preocuparse de atentados ni de talibanes, y parten al descubrimiento de Afganistán, uno de los países más conflictivos del mundo.

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Un habitante cruza la calle principal de Nangahar en Afganistán. Foto: Reuters

Poco les importa que el Foreign Office lo haya incluido en la lista negra de naciones donde no conviene poner un pie.

Según el Times de Londres, numerosos viajeros pudientes en busca de emociones fuertes acuden a los operadores turísticos especializados, que en 2014 registraron reservas récord.

Uno de ellos, Wild Frontiers, más que duplicó en el último año el número de grupos dispuestos a visitar Afganistán, Pakistán e incluso el Kurdistán iraquí, pese a la amenaza del grupo terrorista Estado Islámico. También Hinterland Travel está cerrando un 2014 sin precedentes.

"Nuestros clientes quieren ver más allá de los títulos de los diarios y comprender por sí mismos lo que está ocurriendo", dijo Jonny Bealby, fundador de Wild Frontiers.

Según Bealby, no se trata de personas desconsideradas que sólo buscan aventura, sino que se trata de viajeros informados y a menudo críticos hacia los medios que, en su opinión, tienden a exagerar la realidad que se vive en el terreno.

Algunos quisieron partir por ejemplo para ver Afganistán antes de la partida de las tropas de la OTAN.

Dos semanas con el paquete Afghan Explorer, que pasa por Kabul, Herat y los lagos de Band-e-Amir, cuestan casi 5.000 libras (más de 7.000 dólares). Y no se trata de un circuito exento de riesgos.

El operador turístico sigue las recomendaciones del Foreign Office, pero a menudo las considera ambiguas o no correspondientes a la realidad: por lo tanto, prefiere informarse con sus propios contactos en el lugar.

En todo caos, son muy escasas para los turistas las opciones de seguros. Pero las agencias recuerdan que jamás sufrieron ninguna víctima ni herido entre los turistas, sino que devolvieron a todos sus viajeros sanos y salvos a sus casas.

Sin embargo, hay otras metas —como el Kurdistán iraquí— que inducen a la cautela incluso a las agencias más temerarias, porque los acontecimientos son imprevisibles y la situación debe ser constantemente monitoreada.

Campo minado.

El simple hecho de realizar paseos por Afganistán ya representa un grave peligro. El suelo del país alberga minas, municiones y bombas dejadas por 35 años de conflictos, lo que lo convierten en uno de los territorios más peligrosos del mundo.

Según la Convención internacional sobre armas clásicas (CCAC) firmada en 1980, todo beligerante debe ayudar a limpiar los restos explosivos de la guerra antes de su partida. Pero la realidad es totalmente distinta en Afganistán, aún en pleno conflicto armado.

"Cuando hay conflicto, las municiones no utilizadas permanecen en el suelo" explica Sediq Rashid, director del grupo de apoyo a la acción contra las minas en Afganistán (Macca), una agencia vinculada a la ONU encargada de la limpieza de minas en el país.

En total, 16,5 millones de artefactos explosivos han sido destruidos en el país desde 1989, según el Macca, que espera haber destruido todos los restos explosivos en el país antes de 2023.

Pero en un conflicto armado, cerca del 10% de los proyectiles no explotan, y pueden permanecer activos durante años, según los expertos. Tal es el caso en Afganistán, donde centenares de municiones diferentes han sido utilizadas en las últimas décadas de guerras.

La tarea de limpieza de minas sería más fácil, según Rashid, si los diferentes beligerantes, incluidos los soviéticos de 1979-1989 y los occidentales actualmente, hubieran dejado mapas para localizarlas.

Sin embargo, "nadie lo ha hecho", se lamenta. Sin esa información "se perderá tiempo, dinero y habrá víctimas, en especial niños", agrega Rashid.

Poco agraciado.

Por otro lado, el país no parece haber sido agraciado por la naturaleza. En sus 647.947 kilómetros cuadrados de superficie, de los cuales aproximadamente el 75% es montañoso, Afganistán no abunda en bellezas naturales. Tampoco tiene costas oceánicas.

En la región noreste existe una importante actividad sísmica que con frecuencia causa cientos de muertes. El clima no es el mejor: puede catalogarse como continental extremo, con escasas precipitaciones, muy frío en invierno y muy caluroso en verano.

Una buena parte del territorio es desértico o semidesértico, con excepción de algunos valles fértiles, donde se concentra la mayor parte de la población.

Un tesoro artístico que fue dinamitado

Los Budas de Bamiyán eran dos monumentales estatuas de Buda talladas a los lados de un acantilado en el valle de Bamiyán, en Afganistán central, a unos 230 km al noroeste de Kabul. Se trataba de reliquias del período preislámico, con una antigüedad estimada en más de 1.500 años. Pero esta muestra de arte religioso no existe más, pues el talibán las dinamitó en 2001: las estatuas fueron consideradas ídolos y por lo tanto, contrarias al Corán. La decisión de los talibán desató una oleada internacional de condenas y varios países y museos expresaron su interés en adquirir las figuras para salvar el bagaje cultural afgano, pero nada convenció a los talibanes.

De los dos Budas solamente quedaron los enormes nichos cavados en la roca donde se encontraban, de unos 60 metros de altura.

También para temerarios: dar un paseo por Irak


Hinterland Travel, una agencia especializada en destinos exóticos y peligrosos, reinstauró los tours a Irak en 2011. Es otro viajes solo para temerarios.

No sólo por la situación de guerra que vivió hasta hace muy poco, Irak está aún plagada de bombas, actividades terroristas y secuestros (especialmente de extranjeros). El Departamento de Estado de los Estados Unidos mantiene la alerta de viaje, aconsejando acerca del peligro de visitar cualquier punto de Irak.

Una vasta porción del territorio, además, se halla desde el año pasado bajo el control del Estado Islámico, notorio por lo poco hospitalario que es frente a los extranjeros.

Honduras, un paraíso entre las balas


Con 82 asesinatos por cada 100.000 habitantes, en cifras de 2013, Honduras es el país más violento del mundo entre los que no están en guerra. El auge de las pandillas, el narcotráfico y los secuestros extorsivos

sacuden este pequeño país centroamericano. Es una pena, porque Honduras ofrece abundantes y muy variadas bellezas naturales (playas de arena blanca y de arena oscura, arrecifes de coral, abundante flora y fauna), así como bellezas arqueológicas.

Se destaca Copán, con sus impresionantes vestigios de la antigua civilización maya, ubicado a poca distancia de la frontera con Guatemala. En 1980, Copán fue declarado Patrimonio de la Humanidad por Unesco.

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