LA BITÁCORA

De turbio a muy oscuro

La cuestión argentina-iraní por la masacre en AMIA tuvo tres etapas. En la primera, el entonces presidente Menem, o algunos poderosos funcionarios actuando por propia cuenta, habrían obstruido la investigación judicial para encubrir la presunta participación iraní.

¿La razón? O bien fueron sobornados por Irán o bien fueron presionados por Siria, el aliado de Teherán que había aportado a la campaña electoral de Menem.

La segunda etapa fue la presidencia de Kirchner, que intentó seriamente dilucidar el caso probando la participación de Irán. El impulso de Kirchner a la investigación encuadra con su visible empeño de apoyar todas las iniciativas de Estados Unidos en materia de terrorismo ultra-islamista, para equilibrar sus disensos con Washington en otras áreas.

La tercera etapa es el actual gobierno, con una política enturbiada por un acuerdo con Irán cuya utilidad el kirchnerismo nunca pudo explicar de manera convincente.

Si bien no es descabellado sospechar que el fiscal sea la punta de lanza de una embestida de enemigos del gobierno, tampoco es descabellada su denuncia. Al contrario, le da un sentido al pacto para formar una "comisión de la verdad" sobre el caso AMIA.

El primer problema del gobierno es ese pacto que no llegó a implementarse porque no obtuvo la aprobación del Majlis (parlamento iraní), algo que se explica en las internas del poder marcadas por sórdidas pujas entre ultra-conservadores, moderados y reformistas.

El segundo problema que tiene el kirchnerismo es que, cuando el gobierno negoció ese entendimiento, Argentina sufría una dura crisis energética que la ponía en desesperada necesidad de adquirir petróleo a bajo precio.

El tercer problema es que el representante que tuvo Irán en la región fue Hugo Chávez, quien tenía una inmensa gravitación sobre el gobierno kirchnerista y hacía denodados esfuerzos por abrirle puertas latinoamericanas al régimen de los ayatolas.

Finalmente, el cuarto problema para Cristina parece el más condenatorio: Alberto Fernández asegura que el gobierno de Néstor Kirchner había recibido de Irán una propuesta como la que denuncia el fiscal Nisman, que aquel presidente rechazó.

Fernández era el jefe de Gabinete de Kirchner, por eso resulta creíble su afirmación de que Irán propuso un acuerdo comercial a la Argentina, a cambio de que retire la acusación que generó el asedio de Interpol a los funcionarios iraníes acusados.

Si lo que dice Alberto Fernández es cierto, entonces el turbio y fallido acuerdo Argentina-Irán sería consecuencia de un pacto de impunidad, avalado por la presidenta.

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