EL MUNDO ANTE NUEVO IMPACTO

Trump, Johnson y gobernantes de derecha cambian las relaciones entre países

Varios líderes populistas y nacionalistas cambian el escenario de las relaciones internacionales y ponen en jaque a acuerdos e instituciones.

Donald Trump, presidente de Estados Unidos. Foto: AFP
Donald Trump, presidente de Estados Unidos. Foto: AFP

De Donald Trump a Boris Johnson, el club de dirigentes antisistema con características populistas crece sin parar y trastorna la diplomacia mundial, en detrimento del multilateralismo y la cooperación internacional.

Para muchos observadores, la “ola populista” que arrasó en los países democráticos tuvo su primera victoria rotunda con el Sí al Brexit, en el referéndum británico de junio de 2016, incluso antes de la elección del republicano a la presidencia de Estados Unidos en noviembre del mismo año.

El nombramiento el miércoles último del conservador Johnson como el nuevo primer ministro de Reino Unido, quien impulsó la salidade su país de la Unión Europea (UE), parece ser parte de este movimiento, que entre otras cosas ha visto un aumento de representantes de la extrema derecha en Brasil, con Jair Bolsonaro, o en Italia, con Matteo Salvini.

“Los líderes de casi la mitad de los países del G20”, que reúne a las principales potencias ricas y emergentes, “ahora están generalmente a favor de Trump”, dijo Ian Bremmer, presidente de la firma de expertos Eurasia Group.

Y “muchos de ellos llegaron al poder después de él”, agrega.

Entre ellos, cita a Reino Unido, Brasil, Italia, Australia, pero también a dirigentes que llevan en el poder por más tiempo (el indio Narendra Modi y el turco Recep Tayyip Erdogan, entre otros) y a los de países más autoritarios, como el ruso Vladimir Putin y el príncipe heredero de la corona saudita, Mohamed bin Salmán.

Sin embargo, en lo que respecta a Jonhson, a pesar de sus afinidades con Trump, el novel primer ministro podría sentirse rápidamente “incómodo”, advierte Thomas Wright, del grupo de expertos de Brookings Institution de Washington.

Él es ciertamente “populista y radical en el Brexit, pero no en otros temas”, explica a la AFP.

“Sobre el cambio climático e Irán”, el nuevo jefe del gobierno británico es “más moderado” y puede que pronto esté reñido con el presidente de Estados Unidos, que se supone es su principal aliado.

Pero a pesar de los diferentes contextos y personalidades, los paralelismos son innumerables entre estos dos líderes.

“Tienen en común un estilo populista y son claramente parte de un fenómeno más grande”, dice Luigi Scazzieri, del Centro para la Reforma Europea en Londres. “Los votantes en Estados Unidos, Reino Unido o Italia eligen políticas que se caracterizan por un sentimiento antiinmigratorio, un discurso más o menos explícitamente nacionalista, el rechazo a las élites tradicionales encarnadas por tecnócratas y los expertos”, consideró.

Ascenso

Las raíces están en el aumento de las desigualdades, con un sentimiento de empobrecimiento que va más allá de las clases populares y que llegan a la clases medias.

Combinado con un uso “increíblemente efectivo” de las redes sociales, de las que Bolsonaro, Salvini, Trump y Johnson son asiduos, estos factores explican el ascenso “estructural” del “populismo”, de acuerdo con lo que sostiene Ian Bremmer.

La irrupción de estos nuevos actores inevitablemente tiene “profundas consecuencias en los asuntos del planeta”, ya que “denigran las instituciones internacionales acusadas de socavar los intereses nacionales y la soberanía”, según Scazzieri.

La primera víctima es el multilateralismo y sus logros desde 1945. Desde el acuerdo climático de París hasta el acuerdo nuclear de Irán, de las Naciones Unidas a la UE, las instituciones que gobiernan el orden internacional están bajo ataque constante.

Sin embargo, es difícil hablar de una “coalición” de líderes “nacionalistas”, “populistas” o “antisistema”. Es un grupo aparte, sin duda, pero no homogéneo ni unido.

Como prueba está la imposibilidad de formar un grupo parlamentario común después de las elecciones europeas, porque las cuestiones económicas o las relaciones con Rusia, por ejemplo, dividen a las partes.

“Todos tienen diferentes banderas e intereses nacionales”, señala Ian Bremmer. “Es fácil para ellos oponerse a la globalización, a las estructuras internacionales existentes y al libre comercio, pero no están unidos en torno a algo”.

Extremos.

En Italia, se da el caso de un gobierno formado por dos fuerzas que están en los extremos. Desde el 1° de junio de 2018, gobierna una coalición formada por dos fuerzas antagónicas: los populistas del Movimiento Cinco Estrellas (M5S) y la ultraderechista Liga.

Para garantizar el equilibrio de fuerzas, en las negociaciones fue elegido primer ministro de “consenso” el abogado Giuseppe Conte, acompañado por dos vicepresidentes: por un lado el líder del M5S, Luigi Di Maio, y por otro, el jefe de la Liga, Matteo Salvini.

El M5S, ganador de las elecciones generales del 4 de marzo de aquel año con el 32% de los votos, controla un total de ocho ministerios, entre ellos Justicia, Defensa y Cultura, mientras que Di Maio ejerce de ministro de Desarrollo Económico, Empleo y Políticas Sociales.

Por su parte el líder de la Liga (17%), Salvini, es ministro del Interior, una de sus principales exigencias por su afán de controlar la inmigración irregular, y su partido controla otras carteras como la de Agricultura o Asuntos Europeos.

El ministro de Interior italiano, Matteo Salvini,
El ministro de Interior italiano, Matteo Salvini. Foto: Archivo

Dos de los ministerios más importantes fueron asignados a figuras independientes con perfil técnico: Exteriores para Enzo Moavero Milanesi y Economía para Giovanni Tria. Los dos partidos, conscientes de sus diferentes posiciones en varias cuestiones, firmaron un programa de objetivos comunes para empezar a gobernar conjuntamente,bautizado como “El contrato para el gobierno del cambio”.

En Hungría gobierna con mayoría absoluta desde 2010 el primer ministro conservador ultranacionalista Viktor Orbán, desde el año pasado incluso con mayoría de dos tercios en el Parlamento. Aplica medidas sobre la inmigración que suscitan polémica en la UE.

La Comisión Europea decidió el jueves llevar a Hungría ante el Tribunal de Justicia de la UE (TJUE) por la ley que castiga incluso con penas de cárcel a quienes ayuden a inmigrantes en situación irregular, entre los que se incluyen refugiados y solicitantes de asilo.

Johnson se va con o sin un acuerdo
Boris Johnson, primer ministro británico. Foto: Reuters

El ascenso de Boris Johnson a primer ministro ha suscitado temores y esperanzas (dependiendo del diferente público) de que el Reino Unido pueda dejar la Unión Europea (UE) de manera repentina sin un acuerdo comercial implementado ni un pacto político.

En tres ocasiones este año, el Parlamento rechazó de manera contundente el acuerdo para la salida que Theresa May negoció con Bruselas, lo cual, en última instancia, la obligó a dejar su cargo.

Su sucesor Johnson, insiste en que, si bien intenta conseguir un mejor acuerdo, el Reino Unido dejará la UE en la fecha límite del 31 de octubre, incluso si eso significa salir sin un acuerdo.

Pertenecer a la Unión Europea simplifica radicalmente eso: no hay barreras comerciales ni migratorias entre los miembros, no hay diferencias en las normas de los productos y hay pactos comerciales unificados con el resto del mundo.

A falta de ese sistema, May y el bloque negociaron un acuerdo de retirada de casi 600 páginas, solo para sortear los dos próximos años, en lo que se puede llegar a acuerdos más permanentes.

Salirse de manera abrupta sin un acuerdo significaría nuevas barreras aduaneras y arancelarias, y sometería al Reino Unido a las normas comerciales de la Organización Mundial del Comercio.

El Parlamento británico se opone a una salida sin acuerdo. De hecho, esa quizá sea la única declaración clara sobre el Brexit que este Parlamento ha podido hacer.

¿Qué puede hacer Johnson? El primer ministro quiere llegar a un acuerdo de su propia creación con Bruselas, -uno sin las controvertidas disposiciones sobre la frontera irlandesa incluidas en el acuerdo de May-, pero puede que eso no sea posible.

Los líderes de la UE han dicho en repetidas ocasiones que no reabrirán las negociaciones y que el acuerdo al que llegaron con May es el único que considerarán.

Pero si Johnson habla en serio en cuanto al Brexit sin un acuerdo, basta con que no haga nada. Como están las cosas, el país saldrá de la UE el 31 de octubre con acuerdo o sin acuerdo, según la ley británica actual.

El Parlamento posiblemente pueda evitarlo, cambiando la ley y con un planteo a Johnson que busque otra extensión. Hay un debate sobre qué tan vinculante sería esa orden para el primer ministro, pero no comprometería a la UE a una extensión. Los 28 jefes de Estado tendrían que aceptar retrasar la fecha límite, y algunos ya se mostraron renuentes la última vez. (The New York Times)

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