ESTADOS UNIDOS

Trump acepta los desmentidos de Putin

Fiscal especial avanza en indagatoria; pocos resultados en Rusia.

Presidente Donald Trump. Foto: Reuters.
Presidente Donald Trump. Foto: Reuters.

El presidente Donald Trump nunca ha acusado directamente al Kremlin por la injerencia electoral. Caracolea, patea la pelota fuera de la cancha e incluso ha dado por buenos los desmenditos que realiza su par de Rusia, Vladimir Putin.

"Es todo una farsa de los demócratas", ha llegado a decir.

¿Por qué? La respuesta es precisamente lo que persiue el fiscal especial Robert Mueller, que investiga si Rusia y el equipo electoral del republicano se coordinaron para dañar en las elecciones a la candidata presidencial del Partido Demócrata, Hillary Clinton.

En el terreno estadounidense, las investigaciones avanzan a buen ritmo. Mueller ha imputado a cuatro figuras del entorno presidencial, entre ellos un ex Consejero de Seguridad Nacional y se prepara para el gran asalto.

El viernes, Richard Gates, un exasesor del presidente Donald Trump, se declaró culpable de conspiración y de mentir a los investigadores, comprometiéndose a asistir a Mueller en el caso sobre la injerencia rusa en las elecciones presidenciales de Estados Unidos.

Gates, de 45 años, es el tercer exasesor de Trump que acordó cooperar con Mueller.

Este giro aumenta la presión sobre Paul Manafort, el exdirector de campaña de Trump y exsocio de Gates, quien niega negando los cargos que constan en el acta de inculpación contra ambos.

Entre 2006 y 2015, los dos hombres trabajaron como consultores políticos y lobistas al servicio del presidente de Ucrania, Viktor Ianoukovitch, respaldado por Rusia, y de partidos cercanos al dirigente, quien fue derrocado en 2014.

Según la inculpación presentada este viernes por Mueller ante un tribunal de Washington, Manafort pagó secretamente 2,5 millones de dólares a un grupo de importantes políticos europeos para que hicieran lobby en favor de Ianoukovitch "inclusive en Estados Unidos". Ello viola la legislación estadounidense, que exige registrarse a quienes trabajen para un gobierno extranjero.

En el lado ruso, sin mebargo, la investigación va rezagada. Cuenta con informes de los servicios de inteligencia, aunque carece de identidades persoanles. Ahora, con las prubeas recabadas por el FBI y las acusaciones libradas por conspiración y fraude contra 13 ciudadanos rusos, Mueller ha consolidado este frente y, de paso ha desintegrado la versión propalada por Trump, de que la injerencia rusa es un montaje de los demócratas y de las agencias de espionaje. FUENTES: EL PAÍS DE MADRID Y AFP

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