Primero, cayó el Muro de Berlín y luego se forjó la reunificación de Alemania

El triunfo de la libertad

Alemania celebró ayer los 25 años de un acontecimiento que tuvo repercusión mundial: la entrada en vigencia del Tratado de Unificación, que puso fin a más de cuatro décadas de división del país entre el territorio occidental demócratico y el oriental con un régimen comunista.

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El 3 de octubre de 1990, Alemania volvió a unirse; hoy es un país lider en la UE. Foto: AFP

El 3 de octubre de 1990, los alemanes festejaron la reunificación del país como hito de un proceso que había comenzado once meses antes —el 9 de noviembre de 1989— cuando cayó el Muro de Berlín.

Después de la derrota del Tercer Reich en la II Guerra Mundial, las cuatro potencias vencedoras decidieron el reparto del territorio alemán, lo que desembocó en la creación, en 1949, de dos Alemanias: la República Federal de Alemania (RFA), en la zona ocupada por los Ejércitos de Estados Unidos, Francia y Gran Bretaña, y la República Democrática de Alemania (RDA), con un régimen comunista en la órbita de la Unión Soviética.

Cuarenta años después, Alemania vivió una revolución pacífica amparada en la "perestroika" del dirigente soviético Mijail Gorbachov, que desembocó en la caída del muro que dividió a Berlín y en la reunificación de la nación germana.

Un cuarto de siglo después de que se sellase la reunificación, varios de los principales indicadores económicos del este del país siguen alejados de los registros del oeste, a pesar de los avances y progresos realizados en el camino hacia la convergencia.

En 2015, la nación germana enfrenta un enorme desafío con repercusiones sociales, económicas y políticas: el arribo de 800.000 personas que huyen de Siria y otras zonas de conflicto y llegan a la Unión Europea —con preferencia por Alemania— buscando una vida digna, con oportunidades laborales y respeto a los derechos humanos.

En el nuevo aniversario, la Oficina Federal de Estadística presentó el informe que muestra que ambas sociedades han dado pasos de gigante hacia la convergencia, aunque persisten las diferencias.

Las fronteras económicas permanecen con "claras diferencias regionales": la renta per capita de los estados orientales se situaba en 2013 entre los 22.800 euros y los 24.200 euros, mientras en los occidentales se acercaba a los 33.400 euros.

La tasa de desempleo, nunca medida en Alemania Oriental y disparada en ese territorio tras la reunificación hasta superar el 18%, ha bajado hasta el 9,8% en el este, pero sigue lejos del 5,9% que se registra en los estados del oeste. La precariedad laboral sí les ha acercado: tras sellarse la unidad del país, el 76% de los trabajadores del oeste y el 83% de los del este tenían un trabajo estable a jornada completa, porcentajes que han bajado al 67% y al 70,5%, respectivamente. En todo el país han aumentado en los últimos años los denominados "empleos atípicos" a tiempo parcial.

En los que todavía se denominan "nuevos estados federados" —el territorio de la antigua RDA—, se borra también despacio la huella de la profunda crisis en la que se hundió su poco competitiva industria al implantarse la economía de mercado tras la caída del muro. El peso de la industria y la construcción en el Producto Interno Bruto (PIB) del este se sitúa en el 17%, frente al 24% que supone el oeste.

Junto a la rediografía económica, el informe de la Oficina Federal de Estadística muestra los cambios demográficos y sociales experimentados en el último cuarto de siglo y, especialmente, los intensos movimientos migratorios que se registraron en el país después del derrumbe del muro.

En este apartado quien salió claramente perdiendo fue el territorio de la antigua RDA, que entre 1991 y 2013 vio cómo 3,3 millones de ciudadanos se trasladaban a vivir al oeste, mientras que sólo recibía a 2,2 millones desde los estados vecinos.

Los flujos ya se han equilibrado, como también se han estabilizado los nacimientos, que cayeron a más de la mitad.

La principal consecuencia ha sido el envejecimiento en el este; los mayores de 65 años suponen ya 24 % de la población, diez puntos más que antes de la reunificación y cuatro puntos más que la tasa occidental.

Los patrones sociales que separaron al este y al oeste han comenzado a diluirse y en toda Alemania se comprueba la caída del "modelo tradicional de familia" compuesto por una pareja y sus hijos.

Sin embargo, siguen las diferencias y mientras que en el oeste tres cuartas partes de las parejas con hijos están casadas, se queda en el 52 % en el este, donde tradicionalmente el matrimonio siempre tuvo menor peso. En el este sigue siendo además mucho más elevado el porcentaje de parejas de hecho (22 %, frente al 7 % del oeste) y también el de padres que crían sin pareja a sus hijos (26 %, frente al 18 %).

La presencia de la mujer en el mercado de trabajo a tiempo completo, herencia de la RDA, marca también a los estados del este, mientras que en el oeste predominan las familias en las que sólo un miembro de la pareja tiene trabajo remunerado o en las que el salario del varón es el principal ingreso del hogar.

"Pese a todos los éxitos, el proceso de convergencia económica es muy lento desde hace algunos años", indicó Iris Gleicke, la encargada del Gobierno alemán para el proceso de equiparación de las condiciones del vida entre el este y el oeste. La causa fundamental de la ralentización del proceso es la ausencia de grandes empresas y sedes centrales de compañías en el este del país, con sus centros de investigación y de innovación. Eso lleva a que la economía del este presente un nivel bajo de internacionalización y que tenga muchos deberes pendientes en lo relativo a la innovación y el aumento de la competitividad.

Sin embargo, el balance que hizo Gleicke fue optimista de cara al futuro: "Hemos logrado muchísimo en 25 años y el resto también lo vamos a lograr", manifestó.

En las jubilaciones está una de las diferencias que todavía existen en el país. La equiparación de esas prestaciones es uno de los objetivos del Gobierno, para evitar diferencias que amenazan con convertirse en un símbolo de desigualdad. "Tenemos que lograr la equiparación de las jubilaciones para que al fin se consume la unidad social", dijo Gleicke.

En 25 años no ha cesado la discusión respecto de si algunas de las decisiones económicas tomadas hacia la unidad no podrían haber sido diferentes, con la finalidad de paliar los efectos negativos de las transformaciones.

El informe concluye a ese respecto que eso no era viable, debido a la quiebra total de la economía de la exinta RDA.

SABER MÁS

EE.UU. dio su apoyo, pero europeos resistieron.


Helmut Kohl, quien fue canciller de Alemania Occidental en el histórico tiempo de la reunificación, recuerda en el segundo tomo de sus memorias, la hostilidad que encontraron sus planes para que Alemania volviera a ser un solo país, en el ámbito europeo. El presidente de Estados Unidos, George Bush se mostró de acuerdo desde el principio y los socios europeos terminaron cediendo a sus reservas iniciales frente a la concesión de Kohl de acelerar el proceso de unión monetaria, con la que Alemania renunciaba al poder del marco. Quedaba pendiente la Unión Soviética, que se opuso a que la Alemania unida fuera miembro de OTAN. Pero, el 31 de mayo de 1990, Mijail Gorbachov cedió e hizo posible el tratado entre las dos Alemanias y las cuatro potencias aliadas que abrió el camino a la reunificación.

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