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"El terremoto destruye nuestro pasado y nos quita el futuro"

Vidas segadas y poblados borrados del mapa que no serían reconstruidos.

Casi hay silencio y el único sonido es el de un río que fluye pacíficamente hacia la parte baja de la montaña que en las primeras horas del miércoles pasado cuando se produjo el terremoto, se tragó este pequeño poblado. Al día siguiente, algunas de las casi 130 personas que vivían aquí retornaron, acompañados por bomberos, para intentar retirar algunas pertenencias y recuerdos de una vida que fue destruida por completo en unos breves y violentos segundos de estremecimiento.

"¿Dónde estaba el dormitorio?", preguntó un joven bombero a un matrimonio.

"Estaba aquí, donde ahora usted ve ese ropero", respondió la mujer. Una de las paredes laterales de su casa de dos plantas colapsó y cayó por la ladera de la montaña, dejando al descubierto gran parte de la vivienda y de lo que fue la intimidad de sus vidas.

Las autoridades italianas indican que 290 personas murieron en las ciudades situadas en las montalas a lo largo de la falla que entró en movimiento. Sin embargo, para los lugares más pequeños como Pescara del Tronto, el daño no solo será evaluado en términos de las vidas perdidas de familiares, amigos y vecinos, sino posiblemente también por la eliminación de los propios poblados.

Pescara del Tronto desapareció. Quizás quedan en pie cinco casas. Queda como un interrogante abierto si el lugar alguna vez podrá ser restablecido en el mapa. El poblado es, desde el punto de vista administrativo, parte de la localidad apenas más grande de Arquata del Tronto, donde hasta ahora se han contado 46 muertos. Para estos poblados, en gran medida aislados al tope de las montañas en una región rural donde la economía ya estaba en declinación y la mayoría de los residentes permanentes envejecían, el terremoto pudo ser el golpe de gracia.

Derrumbe.

"Será difícil que la gente pueda retornar a vivir a Pescara del Tronto", dijo el vice alcalde de Arquata del Tronto, Michele Franchi, al hablar en un campamento cerca del poblado. "Tenemos que preguntarnos si es apropiado reconstruir aquí, considerando que casi todo se derrumbó".

"Pero, tenemos que sacar a la gente de las carpas con rapidez", agregó. "Necesitan tener una oportunidad para recomenzar sus vidas, donde sea posible".

De los 300 habitantes en el poblado cuando golpeó el terremoto, muchos se toman un respiro de Roma —situada a 152 kilómetros— y tienen casas aquí para disfrutar del fin de semana. "Pasé mi vida aquí", dijo Enza, de 52 años, una empleada oriunda de Roma cuya familia tiene una casa aquí desde hace décadas. "Tuvimos suerte porque nuestra casa no colapsó. Mi mamá, mi papá y mi hermano salieron ilesos. Pero, la totalidad de nuestras vidas desapareció, tantos amigos y vecinos que ya no están. ¿Cómo podemos retornar?"

Enza no tuvo ánimo para dar su nombre completo. Los residentes de Pescara del Tronto no tienen muchas ganas de hablar. La Policía y las autoridades encargadas del rescate escoltaron a los pocos residentes que tuvieron el coraje de volver al día siguiente de la tragedia, en silencio.

Enza volvió para recoger algunos elementos médicos y ropa de sus padres, para que no sintieran que hubo una pérdida total, comentó. Ella estuvo en Pescara del Tronto el fin de semana anterior y el lunes volvió a su trabajo en Roma. Su hermano llevó a salvo a sus padres hasta la calle el miércoles de mañana, tras el terremoto.

Pérdida.

Los poblados golpeados por el terremoto en la región de Marche están a lo largo del antiguo camino romano, la Via Salaria, que conduce de Roma al Mar Adriático. En esta parte del camino, rodeado de bosques y rocas altas, ahora solo hay grúas, carpas, vehículos de los bomberos y camiones. Funcionarios policiales asignados a diferentes tramos del camino desalentaron a los viajeros para que no siguieran.

"Este lugar era nuestro hogar para mí y muchas personas", dijo Enza y comenzó a llorar. "No es solo un lugar físico porque nos conocíamos todos, por lo que todos perdimos a muchos miembros de nuestra familia extendida".

Enza señaló que más allá del dolor por los amigos y conocidos que se perdieron, la peor parte es la nostalgia por un lugar que también puede haber muerto junto con muchos de sus residentes. "Había un escalón de piedra en el siempre nos sentábamos", dijo al señalar un lugar que ahora está bajo vigas colapsadas y escombros. "Nuestros recuerdos fueron borrados por completo".

"Lo peor es que este terremoto no solo nos quitó el futuro, sino también se llevó nuestro pasado", reflexionó.

Italia sufre jornadas de dolor y conmoción.

En una jornada de luto nacional, Italia dio el último adiós a 35 de los 290 víctimas del sismo del miércoles que dejó a todo un país sumado en el dolor y la conmoción.

A las solemnes exequias llevadas a cabo en la Catedral de Ascoli Piceno (Las Marcas) participaron el presidente de la República, Sergio Mattarella, y el premier, Matteo Renzi.

"Yo los ayudaré", afirmó Renzi, acongojado y acompañado por su mujer, Agnese, aún más emocionada que él. "No podemos decidir todo desde Roma, digan ustedes qué es lo que debemos hacer. Y deben ser ustedes quienes nos indiquen también si quieren quedarse en sus territorios", comentó Renzi.

Sergio, familiar de una víctima, pidió al jefe del gobierno considerar al tema de la reconstrucción "como algo personal, no político".

Mattarella abrazó e intentó confortar a cada uno de los familiares, muchos de los cuales repetían "haber perdido todo" en ese primer temblor del miércoles, y en parte en las sucesivas réplicas, que golpearon a Amatrice, Aquara del Tronto y tantos otros pueblos de la zona de los Apeninos en la bellísima Italia central.

LA TRAGEDIA DE AMATRICE.

Extenuante labor para rescatar.

A medida que familiares de los desaparecidos y fallecidos llegaron entre sollozos a la morgue improvisada en Amatrice, los rescatistas cubiertos de polvo continuaron su labor, en extenuantes turnos, con la esperanza de poder encontrar más sobrevivientes entre los restos de las casas. Las excavadoras recogieron y cargaron los escombros en camiones para despejar las calles de la que fue una apacible ciudad en la montaña. Alessandro Davit, un voluntario que llegó por helicóptero como parte de un equipo de búsqueda y rescate de Naciones Unidas, encontró 16 cuerpos. "No es un consuelo, pero al menos se pueden entregar los cuerpos a los familiares", dijo.

El presidente de la región de Lazio, Nicola Zingaretti indicó que "en esta etapa, es importante que continuemos removiendo los escombros y también ofrezcamos asistencia a la población, entregando camas y alimentos, para que sepan que no están solos. Ante la tragedia, la solidaridad total".

En Amatrice no hay certeza del número de desaparecidos, aunque sí de muertos, que asciende a 221. A la zona llegan turistas y trabajadores zafrales, en su mayoría de Rumania, que arriban durante los meses del verano en los que hay más actividad.

En Saletta, otra ciudad dañada por el terremoto, Adriana Ciocchetti —una constructora de casas— llegó desde Pagliano como voluntaria de la Cruz Roja italiana. "En casos como este, uno simplemente va", dijo. "Estaba mirando una casa derrumbada y comenté que esperaba que nadie viviera allí. Una mujer se dio vuelta y me dijo que allí vivían su hija y sus nietos".

La Cruz Roja italiana fue una de las primeras organizaciones en arribar a Amatrice. Desplegó 400 trabajadores y voluntarios, organizó los servicios médicos, cocinas de emergencia, baños y carpas. "La gente tiene que superar el primer momento", dijo el administrador de la organización, Ignazio Schintu. "Los otros temblores que se produjeron no facilitaron la situación".

Frente a la morgue improvisada, numerosos residentes esperaban información sobre los fallecidos.

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