POR LA CORNISA

Temer cada vez más débil e implicado en la corrupción

Expresidente de Odebrecht confirmó pago de US$ 3 millones en 2014.

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Más de un centenar de personas fueron detenidas la noche del martes en Brasil. Foto: AFP

Entre escándalos de corrupción, gases lacrimógenos en las calles de las principales ciudades, y disturbios en el Congreso, las cosas pintan feas para el presidente brasileño Michel Temer.

Su gobierno aplaudió el martes que el Senado aprobara el congelamiento del gasto público durante 20 años, una medida sin precedentes y la primera de su paquete de austeridad. "Esta fue una medida histórica", dijo el ministro de Finanzas, Henrique Meirelles.

Pero el mandatario, que tomó el poder este agosto después de la destitución de Dilma Rousseff, tiene pocos motivos para celebrar. La segunda parte de su paquete de austeridad, que prevé aumentar la edad mínima de jubilación, enfrenta una acogida bastante más hostil en el Congreso, mientras las protestas callejeras se vuelven cada vez más acaloradas.

Además, sobre el gobierno entero de Temer, incluyendo el mismo presidente, pesa el espectro de una corrupción en constante expansión centrada en la petrolera Petrobras, que provoca el pánico de la élite brasileña. "Cuando asumió como presidente interino, Michel Temer anunció un gobierno de salvación nacional", escribió este miércoles el columnista del diario Folha, Bernardo Mello Franco. "Siete meses más tarde, su administración parece reducida a sálvate a ti mismo si puedes".

Para complicarle más las cosas a Temer, el expresidente de la constructora Odebrecht, Marcelo Odebrecht, confirmó las acusaciones de otro ejecutiva de su empresa de que el mandatario recibió a cambio de favores 3 millones de dólares para la campaña electoral.

Marcelo Odebrecht, condenado a 19 años de prisión por su implicación en el caso de corrupción de Petrobras, declaró durante tres horas en el marco de un acuerdo de delación premiada firmado con la Justicia a cambio de una reducción de su pena. De acuerdo con el diario Folha, el expresidente de la compañía confirmó la versión del exejecutivo Claudio Mello Filho, según la cual Temer recibió 3 millones de dólares para la campaña electoral de 2014, en la que fue compañero de fórmula de Rousseff.

La confesión la semana pasada de Mello Filho ha salpicado a algunos de los hombres fuertes de Temer, como el ministro de la Presidencia, Eliseu Padilha, y el secretario a cargo del plan de privatizaciones, Wellington Moreira Franco.

Mercelo Odebrecht y Mello Filho son dos de los 77 exejecutivos de Odebrecht que llegaron a un acuerdo de "delación premiada" con la Justicia a cambio de una reducción de las penas que les corresponderían.

También alcanza al senador Romero Jucá, jefe del oficialismo en la Cámara Alta e importante negociador parlamentario que ya, a mediados de este año, se vio obligado a renunciar al Ministerio de Planificación tras haber sido acusado de maniobrar para ponerle freno a las investigaciones en Petrobras.

Un primer efecto de la declaración de estos ejecutivos de Odebrecht se dio ayer mismo con la renuncia del asesor especial de Temer, Jose Yunes, mencionado en el cobro de los 3 millones de dólares. El pago se habría concretado en el estudio de abogado de Yunes en la ciudad de San Pablo.

Entre tanto, el secretario de privatizaciones del gobierno federal, Moreira Franco, afirmó que no renunciará al cargo, pese a que su nombre también fue citado en el cobro de dinero ilegal aportado por Odebrecht.

Cuando Rousseff fue destituida en agosto, gran parte del país respiró en señal de alivio. Elegida para un segundo mandato en 2014, su impopularidad creció como la espuma al tiempo que el declive y la corrupción parecían no tener final.

Temer, su vicepresidente, automáticamente tomó las riendas para completar el mandato hasta 2018. Pero, lejos de seguir la estela, Temer instaló un nuevo gobierno y se embarcó en un cambio radical girando la página a más de una década de políticas de izquierda.

Su posición fue en sintonía con las demandas de los inversores y de los grupos económicos que apoyaron la destitución de Rousseff.

Pero a Temer le falta la legitimidad política que da ganar elecciones y rápidamente se volvió casi tan impopular como Rousseff, con solo un 10% de aprobación popular.

Foto: AFP
Foto: AFP

"Está en marcha un proceso para un golpe".

El senador Jader Barbalho, aliado del presidente Michel Temer, afirmó que se trama un "golpe" montado a partir de las denuncias de corrupción.

"Está en marcha un proceso para derribar al presidente Michel Temer, hay quienes no quieren esperar el voto popular" en los comicios de diciembre de 2018, afirmó Jader Barbalho, del Partido Movimiento Democrático Brasileño (PMDB).

El legislador sostuvo que esa supuesta conjura apunta a "debilitar al gobierno de tal manera que el presidente finalmente renuncie".

"Ellos (grupos anti Temer) ya tienen un candidato que es Fernando Henrique Cardoso", agregó. El expresidente Cardoso, es el líder histórico del Partido de la Socialdemocracia Brasileña (PSDB), fuerza política que es aliada del actual gobierno. Bargalho sospecha que aquellos que quieren la caída de Temer prefieren que Cardoso asuma tras la convocatoria a un Colegio Electoral.

Esta semana el propio Fernando Henrique Cardoso negó categóricamente aspirar a ser electo en un eventual colegio electoral constituido en caso de que Temer renuncie.

El historiador Marco Antonio Villa, consultor del presidente Michel Temer, afirmó que la crisis política "se agravó", ante el rechazo de la población a las reformas económicas y las denuncias de corrupción. "Las personas necesitan ser mejor informadas sobre la reforma previsional, hay enojo (...) esto puede incendiarse", observó Villa que integra un grupo informal de asesores de Temer.

El martes Temer logró una victoria en el Congreso, donde se aprobó el congelamiento del gasto público por 20 años, una norma que tiene el 60% de rechazo de la opinión pública.

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