CRISIS

Sudáfrica: más de 210 muertos por estallidos sociales

El gobierno del presidente Cyril Ramaphosa denuncia un intento de “insurrección popular”; vecinos se armas para evitar los saqueos.

Un hombre calma a una mujer que fue impactada por una bala de goma. Foto: EFE
Un hombre calma a una mujer que fue impactada por una bala de goma. Foto: EFE

En Sudáfrica los estallidos sociales se han cobrado 212 muertes hasta ayer viernes. El presidente Cyril Ramaphosa denunció un fracasado intento de “insurrección popular”.

“Aquellos que están detrás de estos actos buscaron provocar una insurrección popular en el seno de nuestro pueblo”, declaró el mandatario en un discurso a la nación retransmitido por la televisión.

Ramaphosa lo definió como “un ataque deliberado, coordinado y bien planificado” con el objetivo de “paralizar la economía, provocar inestabilidad social y debilitar gravemente” el Estado. “Buscaron manipular a los pobres y las personas vulnerables para sus propios intereses”, añadió.

“Este intento de insurrección ha fracasado en obtener el apoyo popular. Ha fracasado por los esfuerzos de nuestras fuerzas de seguridad y ha fracasado porque los sudafricanos se han levantado para defender nuestra democracia duramente ganada”, manifestó.

Por ahora, anunció la detención de un sospechoso y tener otros once bajo vigilancia de la supuesta conspiración.

En tanto, más de 2.500 personas fueron detenidas durante los disturbios y, según una primera estimación oficial, más de 160 centros comerciales fueron saqueados, además de 11 almacenes, 8 fábricas y 161 tiendas de alcohol.

Los muertos subieron en la última jornada de 117 a 212, 180 de ellos en la provincia de Kwazulu-Natal, epicentro de estos disturbios.

Ramaphosa se desplazó a esa región por primera vez desde el inicio de la violencia, el 9 de julio, y en la ciudad portuaria de Durban aseguró que no permitirán “la anarquía y el caos”.

Además, pidió a los sudafricanos usar mañana domingo, fecha en la que se celebra el Día de Nelson Mandela (por el aniversario del Nobel de la Paz e icono de la lucha contra el régimen racista del “apartheid”), para llevar comida a los necesitados y limpiar las calles, como muchos ya han hecho en las últimas dos jornadas.

Los primeros incidentes estallaron la semana pasada al día siguiente del encarcelamiento del expresidente Jacob Zuma, condenado a 15 meses de prisión por desacato a la justicia y originario de Kwazulu-Natal.

Rápidamente se extendieron al área metropolitana de Johannesburgo, en medio de un desempleo desenfrenado y nuevas restricciones para combatir la pandemia de covid.

Sudáfrica atraviesa una tercera ola terriblemente mortal, alimentada por la contagiosa variante Delta del coronavirus. Es el país africano más afectado por el covid con 2,2 millones de casos y casi 66.000 muertos.

Vecinos en alerta.

Armados de bastones, fusiles y barras de hierro, pobladores han salido en los últimos días a patrullar los alrededores de Johannesburgo y Durban para contener los saqueos.

La policía, con pocos efectivos y habituada a apoyarse en empresas privadas de seguridad, se encontró diezmada.

El caos obligó al gobierno a movilizar el ejército, inicialmente con 5.000 hombres en el terreno, aunque ese número deberá aumentar los próximos días a 25.000, según el Ministerio de Defensa.

Sin confiar en la capacidad de protección de las fuerzas del orden, los sudafricanos han tomado la seguridad en sus manos, en un país donde muchos poseen armas de fuego, dando lugar a todo tipo de excesos.

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