LA MUERTE DE UN SOÑADOR

Stephen Hawking: 1942-2018

Acercó la ciencia al público, hizo el libro científico más vendido de la historia y desafió el pronóstico médico.

Stephen Hawking. Foto: AFP
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Stephen Hawking, el científico británico que explicó el universo desde una silla de ruedas y acercó las estrellas a millones de personas alrededor del mundo, falleció en la madrugada de ayer miércoles en su casa de Cambridge, a los 76 años.

Hawking pasará a la historia por su trabajo sobre los agujeros negros y por intentar unificar las dos grandes teorías de la física del siglo XX, la de la relatividad y la de la mecánica cuántica. También por los populares títulos divulgativos de los que fue autor, entre ellos Breve historia del tiempo, del Big Bang a los agujeros negros, publicado en 1988 y convertido en el libro de ciencia más vendido de la historia.

A los 22 años le fue diagnosticada una esclerosis lateral amiotrófica, ELA, y los médicos le dieron solo dos años de vida. Pero vivió 54 años más. La enfermedad le dejó en una silla de ruedas e incapaz de hablar sin la ayuda de un sintetizador de voz. Redujo el control de su cuerpo a la flexión de un dedo y el movimiento de los ojos. Su apabullante intelecto, su intuición, su fuerza y su sentido del humor, combinados con una destructiva enfermedad, convirtieron a Hawking en símbolo de las infinitas posibilidades de la mente humana, y de su insaciable curiosidad.

"Aunque había una nube sobre mi futuro, encontré, para mi sorpresa, que disfrutaba más de la vida en el presente de lo que la había disfrutado nunca", dijo en una ocasión. "Mi objetivo es simple. Es un completo conocimiento del universo, por qué es como es y por qué existe".

Stephen William Hawking nació en Oxford el 8 de enero de 1942, el mayor de los cuatro hijos del prestigioso biólogo Frank Hawking y de Isobel Walker, que había llegado a la ciudad universitaria huyendo de los bombardeos alemanes sobre Londres. Su infancia estaría marcada por la vida bohemia de una familia cuyo coche familiar era un clásico taxi negro londinense.

Interrogante.

Stephen fue un estudiante mediocre en St Albans, Londres, pero su brillantez fue reconocida por sus compañeros que lo apodaron "Einstein" por su facilidad para comprender la ciencia. Se matriculó en matemáticas y física en Oxford en 1959, estudios que encontró tan fáciles que, según él mismo calculó, sacó adelante con solo mil horas de estudio: una al día.

Solo la cosmología capturó de verdad su interés, pues lidiaba con la gran pregunta del origen del universo. A ella dedicó sus estudios de posgrado en la universidad de Cambridge. Allí empezaron a agudizarse los síntomas que ya había detectado en Oxford —dificultad al hablar y al atarse los cordones de los zapatos— y en 1963, un año después de licenciarse, se le diagnosticó la enfermedad.

Pasó los siguientes dos años más dedicado a escuchar a Wagner, leer ciencia ficción y beber, que a investigar. Cuando la enfermedad pareció estabilizarse regresó con entusiasmo a la investigación.

En 1965 se casó con Jane Wilde, estudiante de filología. Su matrimonio, del que nacieron sus tres hijos y que Hawking definió como un punto de inflexión en su vida, se rompió en 1990. Hawking se volvió a casar en 1995 con Elaine Mason, una de sus enfermeras, cuyo anterior esposo había creado su sintetizador de voz. En 2006 se divorciaron.

Hawking saltó a la fama junto a su colega Roger Penrose a finales de la década de 1960, con su teoría de la singularidad del espacio tiempo. Los dos físicos aplicaron la lógica de los agujeros negros al universo entero. Su más famoso hallazgo científico fue el del fenómeno que se conocería como la radiación Hawking, por la que los agujeros negros desprenden energía hasta desaparecer.

La enfermedad catapultó a Hawking a la categoría de figura de culto para el gran público. Contribuyó también a su enorme popularidad su idea de que la ciencia descubriría algún día "la teoría del todo", que exploraría en su libro Breve historia del tiempo.

Desde los 21 años, la enfermedad condicionó la vida de Hawking. La ELA destruyó poco a poco su cuerpo, su capacidad motora, sus músculos. Primero le postró en una silla de ruedas y luego le quitó la capacidad de hablar. Además de por su brillantez y sus cualidades divulgativas, Hawking se convirtió en una estrella mundial por la obstinación con que se agarró al mundo. En 1985, una neumonía empeoró su salud, obligándole a respirar por un tubo. Nunca más pudo usar su voz. Logró comunicarse gracias a un artefacto electrónico, un sintetizador de voz, que le permitió burlar el silencio. La voz robótica de Stephen Hawking se convirtió en parte de su leyenda.

Como Colón.

En enero de 2014 presentó un polémico artículo defendiendo que no existían los agujeros negros. Al menos que no existían de acuerdo a cómo se habían entendido hasta entonces. Un agujero negro es un lugar de gran densidad y energía. La teoría decía que a partir de un punto, la energía —la luz— no podría escapar a su gravedad. Hawking argumentó en cambio que sí podría, que no existía un horizonte de sucesos, esto es, un punto de no retorno, sino un horizonte aparente. Así, el agujero negro contendría la energía durante un tiempo antes de dejarla escapar.

En una entrevista concedida a El País en 2015, el físico se refirió a la vida extraterrestre, una de sus últimas obsesiones. "Si los extraterrestres nos visitaran, el resultado se parecería mucho a lo ocurrido cuando Colón desembarcó en América: a los nativos americanos no les fue bien. Estos extraterrestres avanzados podrían convertirse en nómadas, e intentar conquistar y colonizar todos los planetas a los que pudiesen llegar. Para mi cerebro matemático, de números puros, pensar en vida extraterrestre es algo del todo racional. El verdadero desafío es descubrir cómo podrían ser esos extraterrestres".

Su vida, en lo profesional y en lo personal, fue un desafío a los límites. Hawking viajó por todos los continentes, incluida la Antártida. Ganó premios, entre ellos el Fronteras del Conocimiento de la Fundación BBVA en 2016, aunque el Nobel se le escapó. Se casó dos veces, fue padre de tres hijos.

Se convirtió en una suerte de icono de la cultura popular, como demuestra la cantidad de estrellas del cine y de la música que han expresado sus condolencias por la muerte del respetado científico.

La humanidad solo se salvaría con la exploración del espacio

Para celebrar su 60 cumpleaños, Stephen Hawking eligió subir a un globo aerostático.

En abril de 2007, pocos meses después de su cumpleaños 65, participó de un vuelo de gravedad cero a bordo de un Boeing 727 especialmente equipado.

Al preguntarle por qué corría esos riesgos, Hawking explicó: "Quiero demostrar que la gente no debe estar limitada por discapacidades físicas, siempre que su espíritu no esté discapacitado". En una entrevista con el diario británico The Guardian, en 2011, sostuvo que "el cerebro es una computadora que dejará de funcionar cuando fallan sus componentes".

Su vida, en lo profesional y personal fue un desafío a los límites, al mostrar un espíritu vital indeclinable y viajar por todos los continentes, incluida la Antártida. Ganó premios, entre ellos el Fronteras del Conocimiento de la Fundación BBVA en 2016, aunque el Nobel se le escapó.

Fue un firme promotor de la exploración espacial por considerar que era esencial para que los humanos pudieran sobrevivir. "La vida en la Tierra está ante el creciente riesgo de resultar eliminada por un desastre, como puede ser una guerra nuclear global, un virus generado por ingeniería genérica y otros peligros sobre los que todavía no hemos pensado", advirtió en una conferencia que hizo en Hong Kong, en 2007. FUENTES: THE NEW YORK TIMES Y EL PAÍS DE MADRID

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