Desde Cuba, con ingenio, se conectan por Internet

Sortean los obstáculos y trabajan para Estados Unidos

En la casa estrecha de sus padres, en La Habana, Yondainer Gutiérrez construye aplicaciones y sitios web en una computadora improvisada que funciona con software pirata. No tiene acceso a Internet, por lo que alquila tiempo en la conexión de un amigo para enviar su trabajo a clientes en Francia, Reino Unido, Canadá y el resto de Amércia Latina.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Conexión. La sociedad de Cuba quiere estar integrada en el mundo Foto: Reuters

Esto es outsourcing (subcontratación) al estilo cubano, un pequeño y poco difundido círculo de desarrollistas de software, diseñadores de sitios web, contadores y traductores, quienes -pese al acceso a Internet pobre y caro en la isla- venden sus habilidades a larga distancia.

Desde que en febrero pasado, Estados Unidos autorizó a sus ciudadanos a importar bienes y servicios de emprendedores cubanos por primera vez en medio siglo, ellos también tienen sus ojos fijos en Estados Unidos.

“Esto abre el mundo”, dijo Gutiérrez, de 27 años, al referirse a las nuevas normas, las que significan que un estadounidense puede contratar a cubanos o comprar un número limitado de bienes a ellos, en la medida en que trabajen en el sector privado, y no para el Estado.

Después que el presidente Barack Obama y su par Raúl Castro anunciaron, en diciembre pasado, una nueva era de acercamiento entre Estados Unidos y Cuba, La Habana está invadida de ejecutivos estadounidenses que exploran oportunidades de negocios y esperan vender vuelos comerciales, yogurt, medicamentos y otros porductos. Por supuesto, rige el embargo contra Cuba. El comercio es complicado por el hecho de que los exportadores de Estados Unidos tienen vedado ofrecer crédito a sus clientes cubanos. Deberán levantarse muchas más restricciones antes que los estadounidenses puedan invertir libremente en la isla. Sin embargo, bajo la nueva política de Obama, el mínúsculo sector de outsourcing cubano, ahora se encuentra abierto a hacer negocios con Estados Unidos.

“Esto tiene un impacto inmediato para ayudar a los emprendedores en Cuba”, dijo Tomas Bilbao, director ejecutivo del Grupo de Estudios Cuba, en Washington, al referirse a las nuevas regulaciones.

Sustento.

Por cierto, Cuba no es como la India y es improbable que en algún momento sea rival de los grandes centros de outsourcing. Pero, cada vez más cubanos están comercializando sus servicios online, usando habilidades obtenidas del sistema de educación socialista del país y de lo aprendido durante años de penurias. Sitios web como Freelance.com, Behance, twago.es y Traductores Anónimos, llevan posteos de Cuba a través de una docena de ciudades, de Pinar del Río, en el Oeste, a Santiago de Cuba, en el Este.

No hay cifras oficiales, pero casi una docena de cubanos con posteos en sitios de trabajo online, que fueron contactados por teléfono o correo electrónico, indicaron que este trabajo es su fuente principal de ingresos y que sus pares hacen lo mismo. Algunos indicaron que ya tienen clientes en Estados Unidos que los contrataron a través de intermediarios.

John McIntire, ex banquero de inversiones y presidente la Fundación Cuba Emprende, señaló que el sector de programación de computación tiene el mayor potencial para prosperar bajo las nuevas regulaciones de Estados Unidos. “Hay enorme demanda”, sostuvo McIntire, al hablar en una conferencia, en Washington, auspiciada por la Brookings Institution. “¿Adivinen qué? Los cubanos son de primera clase en ese trabajo”.

Oportunidad.

Muchos de los que trabajan en la Universidad de Ciencias de la Información, en las cercanías de La Habana, o en el Alto Instituto Politécnico José Antonio Echeverría, en Cujae, tienen un segundo empleo como programadores freelance, usando la banda ancha del instituto para transferir archivos grandes, indicaron desarrolladores de software.

Otros compran conexiones en el mercado negro -por unos US$ 200 mensuales- o alquilan tiempo en conexiones inalámbricas en los grandes hoteles. El lobby del Hotel Habana Libre, en La Habana, sirve de oficina a los cubanos que hacen programas de computación, construyen aplicaciones, desbloquean o arreglan teléfonos celulares, o alquilan viviendas. Se congregan todos los días en mullidas sillas y pagan ocho dólares la hora por Wi-Fi.

Darion Medina, de 28 años, programador de computación cubano, que trabajó como freelance varios años antes de mudarse a Ecuador hace cuatro años, contrata a colegas en Cuba para trabajos destinados a clientes en Argentina, Canadá, Alemania y Estados Unidos.

Considera que la cercanía de Cuba al Estrecho de Florida, a unos 150 kilómetros, es un adicional. “Hay afinidad cultural”, dijo a través de Skype. “También está la cuestión de los husos horarios”. Estima que si clientes en Estados Unidos comienzan a contratar a cubanos habitualmente, “puede ser un mercado inmenso para Cuba”.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados
Te recomendamos
Max caracteres: 600 (pendientes: 600)